El Barça se sube a la Liga de rebote

El Barça se sube a la Liga de rebote

De rebote, pues no están las cosas para florituras ni para fútbol champán, el Barcelona está de pleno en la pelea por la Liga (líder provisional a la espera de lo que haga el Madrid en Villarreal), impulsado por su triunfo en el Calderón cuando no hizo nada del otro jueves para merecerlo. Ganó porque el Atlético no supo hacerlo y porque tiene a Messi, que ni siquiera necesita una actuación célebre para ser el futbolista más determinante del planeta. Sobre la bocina, marcó un gol feo, pero que vale un tesoro y camufla las infinitas carencias de su equipo, abrazado más que nunca al resultadismo y con el argentino festejando como antes. Cuesta pensar en una remontada europea ante el PSG, pero ahí que está la Liga, más viva de lo que se podía imaginar hace un par de semanas y más viendo el proceder del aspirante. Tres puntos y a seguir, que esto es muy largo.

El Calderón, que vive en una permanente despedida que desvirtúa el adiós definitivo de semejante escenario, regaló el último capítulo de este clásico del fútbol español, por norma garantía de goles y espectáculo y que tuvo poco de ambas cosas. El Atlético fue más en el primer tiempo, al Barça le bastó con aguantar como si fuera un equipo pequeño de excursión a un campo de los serios y la grada del Manzanares se empapó de la frialdad inicial, con los muchachos del Frente en huelga porque no quieren que se juegue ahí la final de Copa del Rey y que el último partido no lo protagonice su Atlético.

Reivindicaciones al margen, lo que se vio en el primer acto resume a la perfección lo que es este Barcelona, al que le queda poquísima fantasía y que negocia como puede esta temporada desagradable, evidente la depresión que arrastra desde hace unas semanas. La primera media hora no fue tan vergonzosa como la de París, pero no es exagerado decir que el equipo se acercó a esa versión tan vulgar y desesperante, dolorosa porque no hace tanto ese grupo bordaba el fútbol. Irreconocible desde el dibujo (defensa de tres con Piqué, Umtiti y Mathieu, que pasaba a ser una línea de cuatro con el refuerzo de Sergi Roberto cuando tocaba replegarse), al Barça no le sirvió de nada poblar el centro del campo y estuvo a merced de lo que quiso el Atlético, activo y alegre después de los rigurosos diez minutos de flirteo.

El partido estuvo, seguramente, en un pasaje de zozobra azulgrana que no supo aprovechar el Atlético, al que se le presentó una oportunidad magnífica para hacer sangre de un enemigo moribundo. Hubo un par de «uyyys» de los largos con manos a la cabeza, peligros de verdad con un remate a bocajarro de Godín en un saque de esquina, un tiro de Griezmann que bloqueó Umtiti cuando iba directo a puerta y otro lanzamiento desde la frontal del mismo delantero francés que sirvió para comprobar que Ter Stegen también tiene buenas manos. Tan horrible fue ese trance del Barcelona que lo único que podía celebrar era la falta de puntería del Atlético después del empacho de goles que se había dado en las dos citas anteriores (Gijón y Leverkusen).

Incómodo en el áspero y seco césped del Manzanares, al Barça no le funcionó ese 3-4-3 que planteó Luis Enrique, quien directamente ha prescindido del papel de los centrocampistas y deja que sean los centrales los que muevan la pelota. Tiene, sin embargo, lo mejor que le puede pasar a un entrenador, pues es prácticamente imposible no triunfar con alguien como Leo Messi, el único al que le dio por agitar el árbol para desvelar a sus compañeros. Primero exigió a Oblak (el esloveno vuelve a ser el titular) en una jugada que terminó con gol anulado de Luis Suárez por falta al portero y luego lanzó una falta a la escuadra que desbarató el guardameta con su acrobático vuelo, celebrando la afición colchonera que la cueva ya está protegida con todas las garantías del mundo.

Se le hizo larga la sobremesa al Atlético, algo asfixiado en la reanudación y perdiendo el protagonismo que recuperó el Barça. Luis Suárez desperdició una oportunidad que ni pintada nada más retomar la pelea y Griezmann tampoco acertó en su asedio a Ter Stegen, fino con una parada de balonmano. Estaba la pelea para pocas alegrías, pero se intuía un latido más de vida en el Barça, oxigenado con posesiones largas sin demasiada verticalidad. Y en la jugada menos reconocible del Barça, aunque eso ya parece que no importe a casi nadie, llegó el tanto de Rafinha después de un par de rebotes que le dejaron en franca posición de disparo ante un mal colocado Oblak. Solo con ver el festejo de los azulgrana se entienden muchas cosas.

Ya en movimiento los banquillos, duró poco la euforia catalana. Para entonces, Mateu Lahoz ya había decidido que quería un poco del pastel y puso de los nervios a todos, especialmente al Barcelona ya que reclamó con insistencia una falta de Godín a Busquets en el gol del uruguayo con la cabeza. Quedaba todo para un desenlace imprevisible, siendo el empate seguramente lo más justo visto lo visto. Como siempre, se hizo lo que quiso Messi, decisivo cuando se acercaba el 90, el más listo al recoger una pelota muerta después de otros tropecientos rebotes en el área del Atlético, que defendió mal ya que esa acción obligaba a un pelotazo o a un despeje más contundente para esquivar el peligro de esa falta frontal. Sin saber ni cómo, el Barça está en condiciones de asegurar que pelea por la Liga. Las formas ya son otra cosa.

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