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Caballo por Miguel A. Jaimes N.

Caballo por Miguel A. Jaimes N.

(Más para Lucía Gabriela)

 

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El caballo azul del que les hablo habita por todos los predios de La Mucuy. Es prudente, gigante pero puedes treparlo, se le ve solo pero puede convertirse en tu compañero. Evaristo lo conoce tan bien que anda buscando la forma de presentárnoslo. No escucha música pero sabe cantar. Tampoco cocina pero siempre ofrece algo de comer. Es como aquellos seres humildes que andan por los caminos compartiendo su pobreza.

Este rocín muestra sus lúcidos dientes y sin hacer ruido todos sabrán que se está riendo. Trota por las mañanas y camina por las tardes. Escucha todo y guarda un silencio magistral; parece que ha asistido a escuchar las clases de plastilina de un niño creador el cual habita detrás de la única escuela.

Se comunica por telegramas y carga a una novia de traje azul sobre su lomo. Habita en su cuartel y un burro destinado a seguir a su primer dueño se le aparece y lo visita más seguido que de vez en cuando.

Es un alazán brioso pero no asusta, tímido pero no penoso y comparte el heno de su paga hasta para otros que descansan si no comen paja. Sus cascos son brillosos y las herraduras algunos afirman son de oro.

Este equino es transparente, de azules intensos, y a quien le muestra su brillante armadura lo invita a sentarse sobre su silla. Pero esto aún no ha sucedido, pues anda en la búsqueda de un ser inocente, alado y paciente. Entre ellos salvarán lo que está escrito en un mensaje olvidado de esos distantes papeles que avisan pero que otros no se atreven a darse cuenta.

Su llegada entra entre risas de niños; tampoco nadie los ve, una de ellas nombrada Lucía Gabriela es la única que logra escuchar carcajadas de inocentes olvidados. Ellos lavan su piel y pulen sus cueros cepillando dientes y afinando cantos. Él cuenta con un hueste de soldados arrinconados, guiadores de sorpresas empaquetadas y enlazados con la suerte de un jamelgo borrado de la memoria entre tinteros y vaporinos con tintas de papiros retrasados.

Viene de una gran ciudad pero no quiere volver. Buscó refugio en estos lugares y hasta ahora no se le escuchan los suspiros de poder regresar. Es el caballo azul con la fe de los más chiquitos.

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