El chupito de whisky de 8.600 euros era falso

El chupito de whisky de 8.600 euros era falso

El pasado 29 de julio, el multimillonario chino de 36 años Zhang Wei, exitosísimo autor de relatos fantásticos de artes marciales, entró con su abuela en el bar del lujoso hotel Waldhaus, en la localidad alpina de St. Moritz, y pagó 10.000 francos suizos (8.600 euros) por un chupito de whisky. Se cree que es la mayor cantidad de dinero pagada nunca por un trago del alcohol destilado escocés. Pero no era un whisky cualquiera. O eso creía Zhang.

Las sospechas sobre el origen de la bebida espiritosa no tardaron en aflorar, después de que los periódicos se empezaran a hacer eco de la noticia. La condición del corcho, artificialmente envejecido, y ciertas incoherencias históricas en la etiqueta, que se podían apreciar en las fotografías que inmortalizaron la gesta, llamaron la atención de diversos expertos en whisky.

Eso llevó a Sandro Bernasconi, gerente del Waldhaus, cuya bodega atesora más de 2.500 referencias de whiskies, a enviar una muestra de la bebida para su análisis a los especialistas de la compañía Rare Whisky 101, en Dunfermline, Escocia. Expertos de un laboratorio de la Universidad de Oxford, que trabajan con la compañía escocesa, realizaron pruebas de datación por radiocarbono y llegaron a la decepcionante conclusión de que, con una probabilidad del 95%, la bebida había sido destilada entre 1970 y 1972. Otros experimentos de laboratorio, realizados por analistas de alcohol de la localidad escocesa de Fife, revelaron que ni siquiera era whisky de malta, sino que pertenecía a la mucho menos valiosa categoría de blended scotch, con un 60% de malta y un 40% de grano. “Prácticamente carece de valor como objeto de coleccionista”, concluyó Rare Whisky 101.

Bernasconi declaró en la BBC escocesa que el hotel no tenía ni idea del fraude de la botella que, de ser auténtica, podría alcanzar un precio de bar de 300.000 francos suizos. “Mi padre compró la botella de Macallan hace 25 años, cuando él era gerente del hotel, y permanecía cerrada”, explicó. “Cuando el señor Zhang preguntó si podía probarla, le dijimos que no estaba en venta. Cuando insistió, llamé a mi padre y me dijo que podíamos esperar otros veinte años para un cliente como este, y que debíamos venderla. Entonces el señor Zhang y yo la abrimos juntos y bebimos un poco”.

Fue el propio Bernasconi quien transmitió la mala noticia a Zhang. Voló a Pekín, le mostró los resultados de los análisis y le reembolsó el dinero. “No se enfadó, me agradeció mucho la honestidad del hotel y dijo que su experiencia en Suiza había sido buena”, aseguró el gerente en la BBC.

El fraude en los whiskies de coleccionista es un fenómeno relativamente reciente, que empezó a aflorar con el auge de las subastas en los años 90 y la subida de precios que trajo consigo. “Es un signo de la salud del mercado de coleccionismo. En cuanto los falsificadores huelen el dinero rápido, actúan”, escribe el experto Dave Broom en la revista Scotch Whisky. “Además de esparcir su mercancía en el mercado de las subastas, algunos falsificadores empezaron a dirigirse directamente a las destilerías. Aquellas marcas que contaban con archivistas rechazaban la mercancía. Pero otras fueron más entusiastas. Es fácil entender por qué. El mercado de whiskies antiguos crece. Tú estás construyéndote una reputación en la alta gama y, de repente, aparece un surtido infinito de viejas botellas que alimentan la gloria de tu historia”.

David Robertson, cofundador de la compañía Rare Whisky 101, destacó a la BBC que “el equipo del Waldhaus hizo exactamente lo correcto al tratar de autentificar el whisky”. “Imploramos a otros en el mercado que hagan lo posible para identificar botellas fraudulentas. Cuanta más inteligencia podamos aportar, mayor es la posibilidad de derrotar a los timadores que tratan de engañar a los consumidores de whiskies raros”, añadió. EL PAÍS

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