Diván por Miguel A. Jaimes N.

Diván por  Miguel A. Jaimes N.

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Hace algunos años, cuando empezaba la adolescencia de cientos de muchachas, también se iniciaban las aventuras de una joven cuyos sueños los pasó al lado de sus tres hermanas mayores, un primo y un diván. Sembraba a diario en una pequeña parcela propiedad de terrenos vecinos al rancho de su abuelo de apellido Librado. Pero este terrenal quedaba en lo alto de un paredón, como a cuatro o seis metros del nivel de un río que se hacía demasiado caudaloso muy de vez en cuando.

Las pequeñas trabajadoras subían las aguas para su casa por unos tubos que habían pasado por allí mismo. Utilizaban bombas y un ducto por el cual corrían las gotas en forma perpendicular hasta una canaleta construida para el riego en miles de metros de tierra; pero ahí, en la casa de los abuelos, existía una gran noria. Todos los nietos se peleaban por echar el balde al fondo y sacar agua con el largo mecate. En ese mismo sitio aprendieron desde niños que debían ordeñar, pero fue solo por curiosidad que asimilaron halar las ubres de todos aquellos animales que dieran leche, pero la diferencia es que esto se hacía sobre un diván lleno de sueños.

Eran los instantes de los años de la pubertad donde también se aprendía a pescar y cazar. Unas abnegadas madres iban enseñando a lanzar al blanco por si algún día debían defenderse y la protección del diván ya no las ayudaría.

Más adelante un primo las inscribió en un club de caza y pesca de la región. Él era en ese entonces campeón estatal de tiro. Todas llegaron a ser triunfadoras regionales con las divertidas enseñanzas diarias más todas esas vivencias.

El diván fue el sitio de muchos sueños, inagotables algunos y la mayoría inalcanzables. Fue ubicado debajo de un árbol muy frondoso capaz de protegerlo de la lluvia porque del sol se resguardaba él mismo pues siempre llevaba muchachos arrumándolos y de vez en cuando se veía al caballo azul durmiendo sobre él. Otras noches amanecía mirándolo y algunas tardes protegiéndolo. Fue un sitio de sueños y de colores donde nadie creyó nunca que se pudiese soñar.

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