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El triunfo de Betty Robinson con reflexión de An y Aular

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BETTY ROBINSON



Elizabeth Robinson nació en  el  año 1911. A los dieciséis años descubrieron cuan veloz era y en menos de dos meses, y sin preparación profesional, fue admitida en el equipo olímpico de mujeres para correr los 100 metros en las Olimpiadas. En los Juegos Olímpicos de Ámsterdam de 1928, Betty ganó la competencia, igualando el récord del mundo a la vez que era la primera vez que participaban mujeres en el evento. Estaba preparándose para las próximas competencias cuando en 1931 se vio involucrada en un accidente de aviación. Estaba tan delicada que fue dada por muerta, pues cayó en coma profundo por seis meses. Fue sometida a numerosas intervenciones para soldar su cadera y su pierna con láminas de metal y clavos. Los médicos le dijeron que sus años en el deporte habían terminado, pero ella no se dio por vencida, así que se sometió a un riguroso plan de rehabilitación, doloroso en gran manera. Tardó dos años en volver caminar y dos años en volver a correr. Como no podía agacharse debido al accidente, entró al equipo olímpico de relevos de 4 x 100. En las olimpiadas de 1936 en Alemania, donde Betty gano su segunda medalla de oro. Para ella fue la culminación de cinco años de sufrimiento, pero otra vez vencedora, más que de una carrera, de un océano de adversidades. Después de esto se retiró, pero estuvo involucrada en el atletismo como funcionaria. Murió en 1999 en Denver, pero su historia, sus caídas y el cómo se superó, permanecerán con nosotros para siempre.


Nunca te des por vencido, pues nada es más grande o más fuerte,  que un espíritu decidido a seguir a pesar de todo. Eres invencible cuando nada te desanima. Recuerda que siempre encontrarás quien te diga que no puedes, que estas acabado, que es imposible, pero nadie puede desanimarte sin tu consentimiento. No admitas un "no puedo" dentro de ti. Recuerda que eres lo que piensas, y todo es posible para el que cree, para el que insiste, y persevera a pesar de los pronósticos contrarios. Recuerda que no estás acabado sino cuando lo crees. Lucha y mira hacia adelante, no te quedes allí parado, estático por lo abrumador de los hechos. Tu vida no se ha terminado porque algo terrible te ha sucedido. Tienes grandiosas probabilidades de triunfar siempre y cuando no bajes los brazos, siempre y cuando seas lo suficientemente valiente para marcar la diferencia. Dios bendice a quien no se da por vencido. Así que levántate, pues todavía hay una maravillosa historia por escribir: tu vida. ¡Que Dios te de un Feliz Día!

Any Aular





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