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Se solicita personal por Ramón Sosa Pérez

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Ramón Sosa Péfrez


El curioso cartelito apareció de pronto en los comercios locales y hasta pensamos que por lo tímido, se trataba de alguna estrategia de los empleadores para deshacerse de algún trabajador indeseado pero a medida que avanzamos en el día a día de este trajín, nos percatamos que el cartelito superó la timidez de los primeras semanas y ahora se hace recurrente en los comercios de todo tipo, anunciando que la crisis alcanzó otra dimensión. Si nos vamos a la historia reciente, toparnos con un aviso de esa dimensión era tanto como predecir plazas vacantes y por ende, oportunidades de empleo, lo que evidentemente se traducía en alegría para quienes deambulaban buscando un puesto para laborar. Hoy la situación es otra; Venezuela y Mérida en particular, están desafiando una etapa muy umbrosa de su azarosa condición actual. Sus hijos desertan obligados por la inédita situación país y en ello va el motivo de esta crónica, expresando la impotencia de no tener al alcance de la mano los insumos mínimos que satisfagan sus necesidades elementales de alimentación y salud, a lo que agregamos la baja ostensible en los ingresos. El éxodo perentorio se ha hecho agudo en la medida que transcurren los días y los carteles anunciando plazas vacantes en los establecimientos es apenas el remate de un país que vacía sus arcas de talento, probidad y capacidad porque su mejor inversión que son sus habitantes, se marchan sin boleto de retorno. Decir SE SOLICITA PERSONAL transcribe fielmente la migración galopante de venezolanos que nos dejan disponibles miles y miles de puestos de trabajo, perfilando en adelante al país como un cascarón vano y sin esperanzas de llenarlo porque se lleva consigo los afectos cercanos y la pujanza de una fuerza trabajadora que irá a rendir sus frutos en tierras lejanas y desconocidas, sirviendo a gente extraña y ajena a sus intereses personales y sociales. Quedan ahora estos puestos de trabajo semejando las Casas Muertas de Miguel Otero Silva, desolados, tristes y abatidos mientras los dueños de locales y comercios deshojan la margarita presagiando el día que definitivamente bajarán la Santamaría para decirle adiós a lo que fue la empresa de sus sueños y esperanza de su familia, el lugar que próspero un día se hizo faro de luz para levantar su familia y anhelar futuro a la parentela. Curiosamente, hoy Venezuela se va arrimando más a la insalubre y menguada nación que nos dejó en herencia la funesta tiranía gomecista que a la ya nostálgica patria que recobró la democracia la madrugada del 23 de enero de 1958. El retroceso nacional es palmario y la impresionante desbandada ya es inocultable. Quienes mañana deseen abrevar en la historia contemporánea de Venezuela necesariamente tendrán que repasar estas páginas, cuyos protagonistas vivieron entre nosotros y coexistieron en nuestras angustias.

Aquí ya SE SOLICITA PERSONAL.





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