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Como un pájaro con reflexión de Any Aular

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ANY AULAR



Un industrial prominente padecía de tensión. En realidad, se encontraba en un estado mental muy agitado, como él mismo lo describía. Saltaba de la cama todas las mañanas e inmediatamente se sumergía en sus labores. Se hallaba en tales apuros y urgencias que casi no desayunaba. Este paso febril lo agotaba tanto que caía en la cama exhausto todas las noches. Su casa estaba situada en un bosquecillo. Una mañana muy temprano, no pudiendo dormir, se levantó, se sentó en la ventana y se quedó observando un pájaro que despertaba de su sueño. Advirtió que los pájaros duermen con la cabeza debajo del ala, y las plumas esponjadas. Cuando se despertó sacó el pico de entre las plumas, lanzó una mirada somnolienta, estiró una pata cuan larga era, extendiendo encima de la pata el ala, hasta que la abrió como un abanico; encogió la pata y el ala y repitió la misma operación con la pata y el ala del otro lado. Después de lo cual metió la cabeza debajo de las plumas, por segunda vez, para echar una deliciosa siesta; después volvió a sacar la cabeza. Esta vez miró a su alrededor ansioso, echó la cabeza hacia atrás, estiró las patas y las alas dos veces más, y lanzó un canto conmovedor, melódico, de alabanza y de alegría; brincó de la rama, tomó un trago de agua fría y se dispuso a buscar comida. Entonces este hombre se dijo: “Si así es la forma, tranquila y fácil, como los pájaros se levantan, ¿por qué no va a ser un buen método para mí el empezar el día en esa forma?” En verdad repitió los mismos actos, hasta cantó y observó que el cantar era especialmente benéfico, tranquilizador. “No sé cantar –dice riéndose-, pero lo practiqué sentándome, con calma, en una silla. Mi esposa creyó que me estaba volviendo loco. Lo único en que le aventajé al pájaro fue en que le agregué un poquito de oración y de ahí, como él, comencé a buscar comida y pedí un buen desayuno. Desayuné lentamente, después fui a trabajar con una disposición de ánimo liberada. Esto me hizo iniciar el día sin tensión, y me ayudó a continuarlo de una manera tranquila y descansada”.


Cuán importante es cuidar de nosotros mismos. De nada vale el dejarse llevar por el afán y la ansiedad, esto solo nos traerá enfermedad y malestar. Nuestro cuerpo, al igual que nuestro espíritu, reacciona dependiendo del trato que le podamos dar. No vivamos apresurados, corriendo detrás de las horas. Dejemos a un lado todas esas malas costumbres que nos mantienen agitados. Cuidemos nuestra vida, caminemos con calma, andemos en paz y todo a nuestro alrededor, incluyéndonos a nosotros mismos, cambiará y se mejorará. Desde este día en adelante vivamos nuestra vida buscando la paz de Dios, y esa paz vendrá a nosotros y nos libertará y nos conducirá por un nuevo camino. ¡Que Dios te de un Feliz Día!    
Any Aular






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