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La corrupta funcionaria Maryerlin por Crisanto Gregorio León

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CRISANTO GREGORIO LEÓN




La administración pública donde la corrupción abunda, arropada por confabulaciones internas es el  peor vicio que impide adecentar a los organismos del Estado. Funcionarias como Maryerlin se burlan de los procesos, haciéndolos imposibles para que el usuario quede vencido y cansado y no le toque de otra que pagarle en divisas, o facilitándolos a la brevedad para satisfacer expeditamente al usuario que ha convertido en cliente o que llegó a sobornar y que también paga en divisas.


Aunque la identificación es determinante para que le pongan los ganchos, éste nombre es ficticio; puede tener un seudónimo como “tas” en alusión al demonio de Tasmania  por la estridencia que la caracteriza  u otro  de pila o patronímico. Puede llamarse Mary o José; en fin cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia en el discurso a que se contrae este artículo.


Es una funcionaria que no asume estar para servir al público sino al revés,  cuya “actuación” teatral debe beneficiarla corruptamente en todo ámbito. O para engañar con el espejismo de honesta y correctísima, o para mantener a salvo “el cuadre”, pero en todo caso evadir sospechosamente cualquier señalamiento en su contra. Son enésimas sus posturas, desde aquella por la cual se excusa sin habérselo pedido y con ello declara que es culpable o su lenguaje corporal que es un escándalo así esté en modo pasivo. Es gritona y displicente, pedante y jactanciosa, cual actriz asume estudiadamente las facetas o las imágenes que le convenga acomodaticiamente según las características del usuario, de sus superiores o del escenario en que le corresponda estar.


Es una funcionaria que hace de la oficina su madriguera. Los escenarios son diversos así la cambien de atmósfera, ella tiene sus contactos internos y tentacularmente se ha hecho de una camarilla. Se maneja en el ente público como la dueña de todos los departamentos o espacios. Sus cómplices en algunos casos son familiares consanguíneos o afines. Y aunque quiera perfumar su desempeño laboral con una imagen de incorruptible, sucede igual que con los gatos cuando esconden sus excretas que la pestilencia las deja en evidencia.


Se hace obsequiar desde el desayuno al almuerzo y toda clase de meriendas, como aperitivos que llevan a la confianza  para concretar  el cuadre – o con los dineros del cuadre -  . Es ostentosa y con las divisas producto de la corrupción ha adquirido  teléfonos de alta gama y estrena vistosos  uniformes con pomposidad, se traslada y se hace trasladar en autos exclusivos, así sea en engaño al usuario ingenuo al que le quita no solo dinero, sino a veces hasta la paciencia. Los signos exteriores de riqueza la delatan y riñen con su insignificante salario de funcionaria pública.


El cuadre es la concreción del pago en divisas por la gestión, de los procesos y los documentos que la funcionaria entrega. Algunos con apariencia de legalidad o legales y otros forjados, pero en todo caso obtenidos fraudulentamente al saltarse los procesos y las verjas de la ley y de la honestidad. Y lo peor del caso con esta inmoral funcionaria es que hace que le rindan pleitesía.


Cuando la manzana podrida corrompe la cocina, salen los cómplices a identificarse.


Abogado/Escritor

crisantogleon@gmail.com





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