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“Latinoamérica en su laberinto” por Beyker Albornoz

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BEYKER ALBORNOZ



@bdjab


El discurso político de cualquier líder siempre va enfocado en cambios y mejoras de las actuales condiciones, es una campaña segura, las personas siempre quieren estar mejor, siempre van tras un cambio.


Nuestra historia nos muestra constantemente figuras con propuestas de cambios sobre los sistemas anteriores, que han llevado a la destrucción de sistemas económicos de naciones enteras.


A pesar de las experiencias previas de otras naciones, los países de América Latina parecen repetir modelos políticos fracasados. Hemos vivido dictaduras de derecha y de izquierda, regímenes totalitaristas y socialistas.


Pocos países han vivido gobiernos liberales, que asumen la postura liberal y han sobrevivido el ataque de la izquierda organizada y estructurada en Latinoamérica. Otros han carecido del liderazgo suficiente para tomar las medidas necesarias para llevar a sus naciones al desarrollo.


Von Mises (1949), en su libro “La acción humana”, plantea que la persona por naturaleza actúa, y además que prefiere unas cosas a otras. Presupone entonces que la gente prefiere la vida a la muerte, la salud a la enfermedad, el alimento al hambre, la riqueza a la pobreza.


¿Quién se opondría a la preferencia de vivir sobre morir, salud o enfermedad, alimento al hambre y riqueza a la pobreza?, entonces es fácil plantear un discurso político en algo que es una oferta para todos en términos sociológicos. Sobre todo, porque la persona también podría preferir las cosas gratis, sobre las que cuestan gran trabajo obtener.


Cuatro siglos de aplicación de nuevas fórmulas han pasado y las crisis políticas siguen apareciendo, las personas en la búsqueda de la felicidad han desechado y repuesto doctrinas políticas, replanteado algunas y reformulado otras.


Simón Bolívar en el Discurso de Angostura expone una de sus máximas: “El sistema de gobierno más perfecto es aquél que produce mayor suma de felicidad posible, mayor suma de seguridad social y mayor suma de estabilidad política” (1819).


El índice de felicidad ONU, en una escala del 0 al 10 para 156 países, ubica en primera posición como país más feliz del mundo a Finlandia con una puntuación de 7.632 y a Venezuela con una puntuación de 4.806 lo ubica en el puesto 102.


 


Siendo la felicidad de los conciudadanos uno de los objetivos del sistema de gobierno más perfecto, ¿De dónde proviene la infelicidad?, y ¿Por qué es tan fácil para las tendencias no liberales elaborar discursos políticos con los planteamientos antes mencionados?


“Nunca se atrevieron a decir a la gente que el pregonado programa habría de perjudicar el bienestar material de sus adictos”. (Von Mises 1949).  Los sistemas socialistas, totalitaristas y proteccionistas en sus programas no se atreven a decir que alguien debe pagar la cuenta. Por ello hay un aspecto más sobre el liberalismo, algo implícito en sus axiomas.


La responsabilidad, la capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente; si la propuesta política plantea hacerse responsable de los temas que urgen al individuo como la vivienda, la alimentación, la educación, la salud y el empleo. No hay razón para el “accionar” planteado en el liberalismo, se abre el espacio para el conformismo e inevitablemente el control, y devienen entonces las crisis económicas.


México eligió un gobierno socialista ante la carencia de liderazgo político de otras propuestas, Argentina quiere volver a las fauces del socialismo de los Kirchner a pesar de ser comprobada su corrupción. Colombia cuenta los días para enredarse en las redes del socialismo, Venezuela después de ser la nación más prospera de Latinoamérica, hoy el más claro de los ejemplos del fracaso socialista.


Latinoamérica en su laberinto, salir de regímenes socialistas para entrar de nuevo en regímenes socialistas. Esto ante la falta de un liderazgo que con valentía acepte el sistema liberal y convoque a su ciudadanía a asumir la responsabilidad del mismo.


“Un Pueblo pervertido si alcanza su Libertad, muy pronto vuelve a perderla; porque en vano se esforzarán en mostrarle que la felicidad consiste en la práctica de la virtud que el imperio de las Leyes es más poderoso que el de los tiranos, porque son más inflexibles y todo debe someterse a su benéfico rigor: que las buenas costumbres, y no la fuerza, son las columnas de las Leyes, que el ejercicio de la justicia es el ejercicio de la Libertad”. (Simón Bolívar, Discurso de Angostura 1819).






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