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Sueldos y salarios en hiperinflación por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado


La economía venezolana no se encuentra totalmente indizada, es decir, todavía existen precios que no se mueven en forma ordenada en función de la inflación, como por ejemplo los sueldos y salarios de los miembros de la comunidad universitaria, enfermeras, docentes, policías, bomberos y todo aquel trabajador cuya remuneración permanece fija en el tiempo. Esta situación ha generado la informalización del mercado laboral debido a la necesidad de ejercer uno, dos y hasta tres empleos para intentar cubrir las necesidades alimentarias del hogar; ha minimizado el papel de los sueldos y salarios como medida del valor de la mano de obra disponible en la economía; y ha creado importantes distorsiones en la asignación de recursos en el país, condicionando el nivel de vida de grandes sectores de la población.

En este sentido, se ha potenciado el impacto de la hiperinflación debido a que incide directamente en los flujos de ingreso de los venezolanos, favoreciendo en términos relativos a algunos grupos sociales en detrimento de otros miembros de la población. Así, somos testigos de como esta cambiando la distribución de la riqueza y del ingreso en el país, debido a que los ciudadanos con menor riqueza y sin acceso a instrumentos financieros o a cualquier otro tipo de activo que le de protección ante el incremento de los precios ven como su riqueza se va evaporando; y, ante la existencia de sectores con mayor capacidad para ejercer presión con la intensión de que sus ingresos reales no se deterioren, algunos empleados logran tener contratos indizados (militares, funcionarios y representantes gubernamentales) en detrimento de los sectores de la población con menor capacidad de presión que sobreviven en el marco de un contexto de rigidez salarial. Esta situación acentúa la diferencia entre los ingresos reales de ambos grupos sociales.

De igual forma se están generando grandes distorsiones administrativas en las organizaciones empresariales. Ello ocurre porque el costo de mantener los recursos monetarios o saldos líquidos (dinero en caja, en efectivo o en los bancos) para cancelar sueldos y salarios aumenta cada día, por lo que las empresas y los trabajadores realizan un esfuerzo adicional para manejar eficientemente sus recursos y evitar que la hiperinflación erosione aun más su poder de compra. En este orden, la remuneración regular en bolívares asignada por el desempeño de un cargo o servicio profesional comienza a sustituirse por beneficios no salariales como servicios de transporte y guardería, combos con productos de limpieza o cestas con alimentos, dando paso a una nueva relación contractual entre empleado y empleador en el marco de obligaciones compartidas que buscan evitar el colapso de la actividad productiva.

Y, ante la percepción de que los precios seguirán creciendo, se hace evidente que el gobierno esta faltando al compromiso básico de mantener el bolívar estable para que sirva como medio de pago, unidad de cuenta, depósito de valor y patrón de pagos diferidos, condiciones que resultan necesarias para el eficiente funcionamiento de la economía. Con ello, la política pública nacional sigue en la fase donde se deja de abordar el fenómeno hiperinflacionario y únicamente se le persigue con mayores y más frecuentes aumentos salariales, que no aumentan la productividad del trabajador, empeoran sus condiciones laborales y aúpa el incremento de los precios. La economía dirigida de esta manera solo ayuda a preservar la imagen de los gobernantes mediante la ilusión monetaria, sacrificando el adecuado funcionamiento del sistema económico y el nivel de bienestar de los ciudadanos.

 

@ajhurtadob





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