Inicio

Opinión



La crónica menor

ANIVERSARIO ESPECIAL por Cardenal Baltazar Porras Cardozo

Diario Frontera, Frontera Digital,  CARDENAL BALTAZAR PORRAS, Opinión, ,ANIVERSARIO ESPECIAL por Cardenal Baltazar Porras Cardozo
CARDENAL BALTAZAR PORRAS



La verdad es que no pensaba escribir sobre mi cumpleaños, pero he recibido mensajes pidiéndome que escriba algo. Creo que por formación familiar, mi papá nos decía a los hijos que el cumpleaños o cualquier otra fecha significativa sólo tenía sentido si salía del corazón y no si era un cumplido más. Que le hiciéramos fiesta en cualquier día, simplemente porque queríamos compartir con él su cariño… Luego, en la formación austera con los padres Eudistas, el testimonio de hombres como Mons. Miguel Antonio Salas cuando era rector, nos insinuaba que celebrar algo debía ser expresión de vivir en comunidad alegre y no para quedar bien ante la autoridad… Quizás esas vivencias me han marcado para celebrar el cumpleaños o los aniversarios de ordenación sacerdotal y episcopal, en la intimidad, con las personas con quienes nos toca el peso de cada día. Solamente en las fechas jubilares he tenido celebraciones un tanto ostentosas, aprovechadas para que no se quedaran en fuegos de artificio sino en publicaciones, exposiciones o jornadas de estudio que dejaran algo más positivo en los participantes.


 


Desde que el Papa Pablo VI instituyó la renuncia a los 75 años a los obispos, -práctica que en no pocas diócesis se ha puesto también como obligatorio para los párrocos-, se han oído infinidad de anécdotas de todo calibre. Nos acostumbramos a estar al frente de cualquier oficio y, pensamos que somos indispensables, por lo que no tiene sentido ni renunciar ni que nos renuncien. En más de una ocasión los sacerdotes se preguntaban si felicitar o no al obispo el día que cumplía los 75, porque parecería que el contento era mayor ante la seguridad de que dejaría el oficio muy pronto. Al menos en la mentalidad latinoamericana, me parece que todavía se es reacio a la jubilación, pues se toma como quedar en vía muerta y sin perspectivas de ser útil o aportar la experiencia de los años.


 


Esta discusión no ha sido ajena al gremio clerical. Se ha escrito y se opina de manera diversa, sobre la edad de la jubilación y si sería mejor abolirla o ponerla a edad más tardía. Lo cierto es que en el mundo de hoy, con sus acelerados cambios epocales, hay que dejar paso a las generaciones que vienen detrás, y que, querámoslo o no, tienen parámetros culturales distintos a los que vamos pintando canas y años. La tentación de la gerontocracia no escapa a los prelados, y no parece ser el mejor ejemplo de creer y esperar en la vida futura como premio.


 


Desde hace unos años les había dicho a mis sacerdotes que quería que me celebraran los 75 por todo lo alto, para dar gracias a Dios y también, claro está, para pedir perdón, pues no somos ángeles ni santos de altar. Además, porque es una ocasión para compartir con el presbiterio, y también con el resto de nuestra feligresía y amigos, muchas cosas. Es la oportunidad de hacer verdad de que hay que ser como el paterfamilias que sabe sacar de lo nuevo y de lo viejo lecciones que dejen el buen sabor de la virtud y la corrección de lo torcido. Pero una cosa es lo que uno propone y otra lo que Dios dispone. En lugar de hacerlo en Mérida o en Caracas, me ha tocado estar en el Sínodo de la Amazonía en Roma, compartir la eucaristía con el Papa Francisco como regalo y entregarle la carta para que disponga…


 


Lo cierto es que me he sentido abrumado pero contento, pues nunca había recibido tantos mensajes, llamadas, videos y obsequios “virtuales”, y lo mejor, la seguridad de la oración y de la amistad de tanta gente…, desde los amigos y compañeros de infancia, adolescencia y juventud, como de muchos otros que a lo largo de la vida han sido también compañeros de camino. Unos para darnos espinas, pero muchos más para ofrecernos el suave olor de las flores más exquisitas. No me queda sino expresar a todos en estas líneas mi más sincero agradecimiento y la seguridad de que esta fecha me está sirviendo para seguir al frente de mi ministerio hasta que Dios “et apostolicae sedes gratia” lo dispongan. Como arzobispo emeritense, comparto con mis hermanos de las sedes merideñas de Extremadura y Yucatán, el ser “eméritos” sin serlo, pues cuando llegue la hora del retiro será doblemente la condición de “emérito”. La celebración de un año jubilar, como lo han decidido sin mi parecer en Mérida, sirva para dejar “memoria” de la vida de una porción de la iglesia que está llamada a ser luz y sal, esperanza y misericordia. Que las publicaciones y otros eventos religiosos y culturales nos hagan estar en la escucha sinodal como una oportunidad para ver y escuchar, orientar el rumbo y estructurar el caminar juntos, como nos lo señala y pide el Papa Francisco.


 


Gracias, hermanos, por ser tan buenos y samaritanos, es la mejor enseñanza para ser constructores de paz y de amor auténtico a los más pobres y marginados, desde el gesto de compartir la vida con dimensión de trascendencia en Jesús, camino, verdad y vida.


11-10-19 (4926)






Contenido Relacionado