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Leopoldo López resiste como «huésped» en la Venezuela de Maduro

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LEOPOLDO LÓPEZ


Han pasado seis meses desde que Leopoldo López, el preso político más importante de Venezuela, entró por su propio pie en la residencia del embajador de España en la convulsionada Caracas. Su nuevo «encierro» no tiene punto de comparación con los tres años y seis meses, que estuvo encarcelado y aislado en Ramo Verde, la cárcel preferida de Nicolás Maduro, donde recluyen a personas incómodas para su régimen. Allí, en celdas de dos por tres metros, callan a quienes luchan por la democracia con torturas y tratos crueles. No solo López ha pasado por esos barrotes, también políticos importantes como el exministro de Defensa de Hugo Chávez, Raúl Isaías Baduel; el exalcalde de Táchira, Daniel Cevallos, y Antonio Ledezma, exalcalde de Caracas, han sido testigos de las vejaciones.

«Acaban de trasladar a Leopoldo a la casa», escribió en Twitter Lilian Tintori, esposa del dirigente político, en agosto de 2017, cuando finalmente su marido se benefició del arresto domiciliario, una medida que llegó gracias a un proceso de mediación liderado por el expresidente de Gobierno español José Luis Rodríguez Zapatero.

La condena de trece años, nueve meses, siete días y doce horas iba a acabar muy pronto. En abril de este año, el Servicio de Inteligencia de Maduro saldó una deuda que tenía desde el primer día con López y lo dejó en libertad. La madrugada del día 30 agentes del Sebin fueron hasta su casa, ubicada en Los Palos Grandes, al este de Caracas y le quitaron la tobillera electrónica que lo rastrea por orden del jefe de la inteligencia, Chistopher Figuera. Este, en complicidad con López y Juan Guaidó, preparaba un levantamiento cívico militar contra Maduro en las horas siguientes. Pero una vez más, el sueño del dirigente de Voluntad Popular de propiciar «la salida» pacífica del régimen quedó truncada por la falta de apoyos dentro de las filas del Gobierno.

El polémico caso de Leopoldo López ha marcado un hito en la historia de Venezuela, así como también para la diplomacia española. No existen precedentes dentro de la historia española, ni mucho menos en la europea, de una figura de asilo diplomático de esta naturaleza. Desde su llegada a la residencia del embajador Jesús Silva Fernández, el pasado 1 de mayo, el líder opositor ha roto todos los esquemas dentro de la vertiginosa crisis política del país sudamericano. López recibió protección del Gobierno español cuando su nombre era el más buscado por las autoridades venezolanas tras su liberación. Ante las dudas de si había solicitado asilo político, el ministro Josep Borrell despejó el panorama diciendo que «de acuerdo con la legislación, el asilo político solo se puede pedir cuando se llega a territorio español. Esa norma vale también para Leopoldo López».

Perfil bajo

Según una fuente diplomática española, «no hay una fecha para que López abandone la residencia». Pero aún así, la embajada de España en Venezuela ha trabajado por preservar su actuación en el país y la interlocución con ambos sectores políticos, enfrentados durante años. A día de hoy, la representación diplomática afirma que no ha recibido restricciones ni condiciones del chavismo ni de la oposición, salvo algunas propias de un huésped -como es su caso-, que le impiden directamente las reuniones y actividades políticas.

La misión diplomática en Caracas ha tratado, así, de manejar con discreción los asuntos internos del país petrolero, con un perfil poco mediático que ha pedido también a Leopoldo López «para evitar incomodidades». Sin embargo, el opositor tiene permitido comunicarse con su familia, y con cualquier persona.

López puede trabajar desde allí, recibir a su familia y compañeros políticos, según declaró a la agencia Efe en mayo su abogado español, quien explicó además que el venezolano «tiene libertad para comunicarse con el exterior, o para enviar mensajes, cosa que no podía hacer cuando estaba en arresto domiciliario».

Vigilancia policial

Días más tarde, en declaraciones exclusivas a la misma agencia, López confirmaba que durante su arresto domiciliario se reunió varias veces con miembros del chavismo, alegando que Maduro está rodeado por personas en su «entorno más íntimo» que quieren que «salga del poder». Pronto, los nombres de Figuera, junto con los del ministro de Defensa y el presidente del Tribunal Supremo saldrían a la luz como los más interesados en un Gobierno de transición.

Fuera de la residencia, y desde la llegada de López, los alrededores han estado bajo una incesante custodia policial, que controla los accesos externos del lugar. Esa vigilancia se ha hecho bajo parámetros «civilizados y ordenados, y no ha habido malos tratos por parte de los agentes» del Sebin hacia las personas que trabajan o entran a la vivienda, comenta a ABC el embajador Silva Fernández. El Gobierno de España decidió a principios de año reforzar la seguridad de su embajada en Caracas con los Agentes del Grupo Especial de Operaciones (GEO), la unidad de élite de la Policía Nacional.

ABC






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