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Leonel Vivas en el recuerdo por Ricardo Gil Otaiza

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RICARDO GIL OTAIZA


Tuve la fortuna de representar a la Vicerrectora Académica de la Universidad de Los Andes (ULA), doctora Patricia Rosenzweig Levy, en un homenaje que se le rindió este jueves 28 de noviembre al gran universitario y hombre de la cultura que fue el doctor Leonel Vivas Jerez, en la sede de la Escuela de Geografía. Desde hacía mucho tiempo no asistía a un evento en el que el cariño por el homenajeado se palpaba en el aire, era un sentimiento colectivo de admiración y de afecto por un hombre que le entregó tanto a su universidad y al país y que recorrió la extensa geografía nacional para legarnos obras de altísima calidad. Esa mañana fueron destacadas dos en particular: Geotemas (Fundación Fondo Editorial Simón Rodríguez, Lotería del Táchira y Gobierno Democrático del Táchira, 2012) y la Megadiversidad físico-natural del territorio venezolano (Gráficas El Portatítulo, 2015), que presentaron dos jóvenes profesores de la escuela. Previo a esto, intervino el doctor Humberto Ruiz Calderón, ex Vicerrector Académico de la ULA y amigo del doctor Leonel, quien leyó un hermoso texto a manera de semblanza que recreó anécdotas sobre el personaje y nos hizo sentir en familia.


Me correspondió abrir el evento (al representar a la Vicerrectora), y lo primero que se me vino a la mente fueron los años de mi ingreso como personal docente de la ULA (inicio de los 90), ya que siendo Leonel Vivas autoridad académica llevó adelante una gestión que nos hizo sentir con fuerza a los nóveles profesores que formábamos parte de una institución seria, exigente, cuyo eje y médula era la formación docente, el desarrollo del intelecto, el cotejo de las ideas, el intercambio entre los pares y la producción académica. El profesor Leonel no nos daba pausa en sus demandas y hubo momentos en los que creí que no podía con todo lo que se me pedía y me sentí realmente abrumado. Pero qué bueno que fue así, porque con el paso de los años entendí que damos más cuando se nos exige más y que en una institución como la ULA no nos podíamos dar el lujo de dilatar en nuestros aportes, porque la meta era llevarla a la cima de las universidades de América Latina, y se alcanzó con creces.

Otro de los aspectos que destaqué fue la veta humanística del hombre de ciencias que era Leonel, quien se convirtió gracias a su magnífica formación y experticia en un erudito en el área de la geografía, pero fue también un escritor de fina prosa, poeta, columnista en la prensa regional y nacional, cronista y contador de cuentos, inquieto observador de la realidad y desde su mirada anclada en el paradigma de la izquierda buscó en la actividad política pasar de las palabras a los hechos: hacer de sus sueños y utopías portentosas realidades.
 
De los caminos de la gestión política regresó con la fatiga del desengaño, por lo que retomó sin demora lo que más amaba: los libros, la escritura, la geografía, los amigos, las tertulias, los conversatorios, las ponencias y los espacios universitarios. En pocas palabras: la vida académica. En mi gestión como Presidente de la Academia de Mérida fue aprobada su incorporación como Miembro Correspondiente Estadal en el Área de las Ciencias Físicas, Químicas, Matemáticas, Naturales, de la Salud y la Tecnología, pero la vida no le alcanzó para ver coronado este anhelo.

Al finalizar las presentaciones y los discursos develamos una placa de madera con su nombre, al igual que un retrato elaborado por el artista merideño Omar Cerrada, y ambos fueron colocados en la entrada del salón, que de ahora en adelante nos recordará que en esos mismos espacios hizo vida como docente e investigador la eximia figura de nuestro homenajeado. Enhorabuena por la memoria del recordado amigo. 

@GilOtaiza

rigilo99@hotmail.com




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