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Sentencia 324 del TSJ por Eleazar Ontiveros Paolini

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ELEAZAR ONTIVEROS PAOLINI



La mayoría de los universitarios conocen lo referente a la sentencia 324 del Tribunal Supremo de Justicia, mediante la cual, aun sin tener nada en absoluto que ver este organismo con las universidades y menos con sus elecciones, dispuso arbitrariamente que el universo de votantes para elegir a las autoridades universitarias no se ciñera a lo establecido en la Constitución, es decir, profesores, estudiantes y empleados, sino que se optara por lo indicado en el artículo  34 literal 3 de la Ley Orgánica de Educación, en donde se señala que a los sectores antes indicados, debe agregarse los correspondientes a los empleados administrativo y a  los obreros, con lo cual desaparece definitivamente de las elecciones universitarias el carácter académico  y se convierten en un “arroz con mango” en el cual bracea simple y llanamente la demagogia, amparada por la llamada democracia protagónica y participativa, aspectos que no se hacen presentes en instituciones como las militares que tienen rango de universitarias.


Las opiniones sobre tal situación son del todo variadas y demuestran abiertamente que se ha fallado en la defensa de la autonomía universitaria con procedimientos que pudieran catalogarse de efectivos, dejando correr el tiempo a su arbitrio y a lo mejor pensando en lo que sentenciaba Jean Paul Sartre: “Esperar es una forma de conspiración”. En el camino se dejaron pasar arbitrariedades que no tuvieron respuestas contundentes y que como tales abofeteaban la autonomía. Solo pongamos dos ejemplos: Permitimos que el  régimen pagara las prestaciones, quitándole tal responsabilidad, como sucede en cualquier empresa al patrono, es decir, a la ULA; aceptamos que los contratos para becas los definiera el régimen con el becario y no, como resulta elementalmente  obvio, con la Universidad, a la cual pertenece el becario y a la cual debe rendirle cuentas.


Esos pasos aparentemente sin trascendencia, nos dicen a las claras  del interés del régimen por eliminar la autonomía, y es que  desde el punto de vista de su orientación ideológica, esta no puede darse en ninguna institución pública; deben depender del omnímodo estado socialista.


Consideramos que a estas alturas del juego, tal como lo dijo Julio César cuando se atrevió a violar la disposición de que los ejércitos romanos no deberían pasar el rio Rubicón, “La suerte está echada” ( Alea jacta est)” ,es decir, que las elecciones terminarán haciéndose como el régimen hegemónico quiere, con lo cual pretende, así lo entendemos, que no se concrete la escogencia de los cargos y al darse esa situación, optar por hacer  las designaciones a dedo. Esto nos lo muestra el caso del Vicerrector Administrativo de LUZ que al renunciar al cargo fue ocupado por un chavista designado con el índice socialista.


Al parecer, la única alternativa es la búsqueda acertada de los candidatos a autoridades universitarias con base a la unificación de criterios, para luego emprender una campaña definida con la mayor propiedad, para conseguir satisfacer lo establecido en el decreto. Se ha manejado, es la única alternativa que hemos oído, la idea de que los sectores negocien porcentajes de votantes, lo que no parece una solución factible.


La situación, nos permite ratificar lo que hemos sostenido en nuestra columna desde hace 20 años, todas las actitudes, decisiones y comportamientos que nos parecieron payasadas, estaban encaminados por una pretensión socialista que ser ha venido sedimentando a nuestro pesar, por no haberlo entendido desde un principio. Repetimos y determinen si es cierto o no. El socialismo busca un gobierno férreo que le permita al estado del dueño y administrador de los medios de producción, distribución y cambio, así como la potestad de dictar y aplicar leyes que le permitan orientar las actividades sociales so  y económicas, al igual que la distribución de bienes. ¿En ese marco orientador es posible que acepte la autonomía? ¡No! Por lo tanto hay que hacerla desaparecer, auqnue ello implique desconocer la Constitución, leyes, normas y principios hasta de la propia doctrina socialista. Por ejemplo, se considera que una de las leyes del Materialismo dialéctico es “La transformación de lo CUANTITATIVO en CUALITATIVO”. ¿Sucede así con las prefabricadas elecciones? ¡No! Al revés, se está aumentando lo cuantitativo y disminuyendo lo cualitativo, con base en un procedimiento eminentemente demagógico.






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