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La NASA lanza con éxito la Parker Solar Probe, su misión para tocar el Sol

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La NASA acaba de pasar una página más de su larga crónica de la conquista de los secretos del espacio. A las 9.31 de la mañana de este domingo, la sonda Parker Solar Probe despegó de Cabo Cañaveral con rumbo a lo desconocido. Su misión es, ni más ni menos, que acercarse al Sol más que cualquier otra nave, para analizar la «atmósfera» de la estrella de la que depende la vida en la Tierra.

El lanzamiento estaba programado para las 09.33 de la mañana de l sábado (hora peninsular española), desde el Complejo de Lanzamiento 37, en la Estación de la Fuerza Aérea de Estados Unidos en Cabo Cañaveral, Florida (EE.UU.), pero tras varios intentos fallidos se pospuso a este domingo. Un monstruoso cohete Delta IV Heavy, el segundo lanzador más potente en servicio, rugió desde la plataforma de lanzamiento para impulsar a la pequeña sonda hasta la órbita de la Tierra. Sus tres motores funcionaron a pleno rendimiento, levantando una espectacular nube de humo y gases a altas temperaturas.

El objetivo de la sonda no será tomar fotografías o filmar vídeos del Sol, sino analizar la composición de la «atmósfera» solar. En concreto, medirá el flujo del viento solar y la lluvia de partículas que brotan desde la estrella y que a veces bombardean la Tierra y sus satélites. En concreto, sus principales misiones son averiguar por qué la corona solar está tan caliente (a varios millones de grados centígrados) mientras que la superficie está a solo 5.500 ºC. El otro será entender cómo se acelera y calienta el viento solar.

Además, la Parker Solar Probe batirá dos récords. Se convertirá en la nave más rápida construida por el hombre (alcanzará casi los 700.000 kilómetros por hora) y en la que más se acercará al Sol, siete veces más que la que más se aventuró en el pasado (la Helios 2). La sonda aprovechará la gravedad de Venus para frenarse, hasta en siete ocasiones. Gracias a estas maniobras, se colocará a solo 6,16 millones de kilómetros del Sol, más o menos 16 veces la distancia que hay entre la Tierra y la Luna. En sus siete años de misión programados, que se pueden prorrogar, completará 24 órbitas completas en torno a la estrella.

La proximidad al Sol y a su región más caliente hacen necesaria que la Parker Solar Probe esté diseñada para soportar altas temperaturas. Una de las claves es un escudo térmico de 2,4 metros de diámetro y 14 centímetros de grosor, de una composición similar a las placas cerámicas de transbordadores espaciales, que frenará el viento solar y se calentará hasta los 1.400 ºC, una temperatura que supera a la de la lava.

La energía necesaria para enviar la sonda hasta el Sol es tan alta, 55 veces mayor que la necesaria para ir a Marte, que se ha tenido que usar un cohete de más de 700 toneladas de peso para impulsar una sonda de apenas 700 kilogramos. De hecho, la variante usada en esta ocasión es la más pesada del Delta IV Heavy. En su interior, los ingenieros han acoplado dos fases, es decir, dos cohetes, que no han entrado en funcionamiento hasta abandonar la atmósfera terrestre.

En un primer momento se temía que la meteorología pudiera ser un impedimento, y se barabajaba que existía un 30 por ciento de probabilidad de que esta no fuera propicia. En especial, el verano de Florida amenazaba con tormentas de aparato eléctrico, capaces de echar por tierra el bautismo de la Parker Solar Probe.

Pero, finalmente, la cuenta atrás llegó a término. El colosal cohete despertó, con un rugido sordo y poderoso, y se alzó a una velocidad hiptnótica. La nariz del cohete se inclinó en el horizonte, para insertarse en la trayectoria adecuada. En tan solo un minuto y 18 segundos, el lanzador alcanzó la velocidad del sonido. En tres minutos y 56 segundos, los dos bloques de cohetes laterales se apagaron y dos segundos más tardes fueron eyectados.

A continuación, el bloque central incrementó su potencia al máximo para luchar contra la gravedad terrestre, elevando el consumo de combustible, una mezcla de hidrógeno y oxígeno líquidos, hasta los 880 kilogramos por segundo. En ese momento el lanzador alcanzó una velocidad de más de 24.000 kilómetros por hora y una altura de 140 kilómetros.

Un instante después, a los cinco minutos y 36 segundos del lanzamiento, se apagó el motor central. Solo siete segundos después, se desprendió el bloque que elevó la nave hasta las alturas, la primera fase, alcanzando apenas una masa del 5% a la original. A los cinco minutos y 55 segundos se activó la segunda fase, para impulsar a la Parker Solar Probe en el espacio. A los seis minutos y cinco segundos, se desprendió la cubierta de protección (la nariz del cohete) en la que está la sonda de la NASA. ABC





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