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El eterno retorno a 8 ½ (2) por Alirio Pérez Lo Presti

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Alirio Pérez Lo Presti


En el extraordinario filme 8 ½, “Guido”, el protagonista, se parece o tiene relación o se nos ocurre que en realidad es el mismo Fellini, quien nos presenta algún período de su propia vida. ¿Acaso el hecho de que lo vinculemos con lo real es lo que lo hace mejor? ¿Es un gran film por ser autobiográfico? Es creíble y nada puede ser tan fascinante como aquello que parezca creíble porque lo que le ocurre a Guido, al parecerse a lo real, puede pasarle a cualquiera. O sea, que la debacle moral e intelectual de un individuo hace que sea más cercano a cada uno de nosotros.

Fellini expone un derroche de elementos vinculados con la familia tradicional. La madre, el padre y el mismo Guido cuando niño y todos los elementos que exaltan a la familia y la eterna huella que lo familiar deja tatuado en el ser humano, sean por presencia, ausencia, pobreza o riqueza afectiva. La familia marca nuestra vida hasta el día en que dejemos de respirar. De hecho, es poco probable que se pueda hacer una buena película en que el tema de la familia no esté presente.

Fellini usa de manera deslumbrante lo que pudiésemos llamar los símbolos más representativos de la civilización occidental. Desde la manifestación onírica clásica que recrea el psicoanálisis, con sueños universales, hasta elementos claramente junguianos, con los cuales Fellini impresiona. Personajes como la histérica, el Don Juan, la amante, la mujer bella, el intelectual, la loca, desbordan al espectador y lo llevan a un plano de fascinación sin comparación.

Los amores y los desamores hacen que en una histórica escena sin parangón aparezca Guido en la misma habitación con todas las mujeres de su vida. La solución simbólica nietzscheana está vinculada con el látigo, con el cual el personaje principal logra controlar un verdadero motín de las mujeres que ha conocido desde el día en que nació. Desde su madre hasta su actual amante y por supuesto la loca del pueblo con la cual descubrió el mundo del sexo, en contraposición con la inmaculada y “sufrida esposa” Luisa.

La gran solución y el gran final de la película: La eterna disyuntiva humana que es y ha sido, la lucha entre la razón y los instintos. Como si ya no fuese suficiente con habernos deleitado con el mejor cine que se ha hecho, el insólito final-moraleja-enseñanza, hace que 8 ½ sea una película para ser vista una y otra vez. Fellini, el genio, crea dos finales: A) El del hombre que no soporta la presión de la vida y termina autodestruyéndose, y B) La otra cara de la moneda, la del hombre que sabe que la vida es una fiesta y los seres que nos rodean merecen nuestro cuidado, respeto y absoluta devoción.





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