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Unidad para la resistencia democrática

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Luis Montilla



Luis Montilla

Sabemos y hasta lo podemos entender, que la oposición democrática esté vapuleada y desmantelada; bastante que lo advertimos desde ésta columna, que las cosas no andaban bien y que había que enderezar el rumbo, dejar de lado los intereses partidistas, de grupos y personales para atender los intereses colectivos, de las grandes mayorías del país. Pero bueno, hay que pasar la página y dejar de pensar en la política solo como “administración” y asumir esa otra dimensión de la política “como arte de operar con las contingencias”. La oposición debe reagruparse, reacomodarse para seguir afrontando la lucha democrática. Como no veíamos ninguna oportunidad ante el fraude electoral montado por el gobierno para las elecciones presidenciales del 20 de mayo pasado, millones de venezolanos ante el llamado de los principales partidos políticos, la Iglesia Católica, las universidades autónomas, los principales gremios y el movimiento estudiantil, nos agrupamos en la “abstención política”, que según los propios resultados del CNE, estuvo por el orden del 32.2%. Toda una gran fuerza política está allí, que existe, que como el mar solo se ha replegado para venir con más fuerza. Solo hay que darle contenido político, canalizarla, organizarla para que se pueda expresar, no es “la nada”, es una fuerza que por ahora se ha hecho invisible, pero está latente a la espera de una acertada y coherente conducción política. Pero esto no se podrá lograr con una oposición democrática dispersa, fraccionada y a la deriva. Una conducción política que debe construir un mensaje claro, un plan, una estrategia para reagrupar a nuestra gente que representa la mayoría política del país. No sabemos qué está pasando, por qué no se entiende que con una oposición atomizada, que no habla, que no dice, que no orienta, que no conduce, que no intenta recuperar la credibilidad perdida, para que haya eficacia, objetivos claros y precisos para por lo menos organizar y darle forma a la resistencia democrática. No estamos hablando de hacer “oposición” al gobierno, estamos hablando de reagruparnos y organizarnos para resistir democráticamente, para resistir las embestidas de un “Estado mafioso”, que como fiera herida, lanza zarpazos muy peligrosos, y que en situación de acorralado por el desconocimiento del mundo democrático y las sanciones de la comunidad internacional, está dispuesto a inmolarse y llevarnos a todos hacia el profundo abismo. Entonces, se trata de organizar la resistencia democrática con objetivos viables, confiables, precisos, que puedan motivar de nuevo a los ciudadanos, hoy desmovilizados, disminuidos, llenos de desesperanzas e incertidumbres para continuar luchando por un país libre y democrático. Estamos como pasajeros de un avión que vuela en medio de la noche más oscura y con los controles apagados. O tomamos el control para organizar la resistencia democrática o nos iremos a tierra y nos estrellaremos contra las montañas.





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