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Bernie Sanders, un socialista de 78 años comanda la revolución juvenil de EE.UU.

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BERNIE SANDERS


Si consigue la nominación demócrata y después bate a Trump en las presidenciales, el candidato será bastante más mayor al jurar el cargo como presidente que el residente de la Casa Blanca más viejo de la historia

Bernie Sanders buscó enfrentar desde el humor la paradoja que vive su campaña a la presidencia de EE.UU. el pasado sábado, tras constatar que había ganado los «caucus» de Nevada y se confirmaba como favorito a la nominación del partido demócrata. En un mitin en El Paso (Texas) aseguró que su futuro Gobierno «se parecerá a EE.UU.», en referencia a que será un reflejo de la diversidad racial y generacional del país. «Pero habrá al menos un tipo blanco y viejo entre ellos», añadió sobre sí mismo.

Sanders nació el 8 de septiembre de 1941 en el distrito neoyorquino de Brooklyn. Tiene, por tanto 78 años, y tendrá 79 en noviembre cuando se dispute la reelección de Donald Trump. Si consigue la nominación demócrata y después bate al multimillonario neoyorquino en las presidenciales, Sanders será bastante más mayor al jurar el cargo como presidente que el residente de la Casa Blanca más viejo de la historia. Ronald Reagan, que en sus mandatos durante la década de 1980 parecía un anciano, dejó el cargo con 77 años y 349 días.

Revolución juvenil

Sanders y su venerable aspecto de anciano -tez enrojecida, labio algo caído, gafas anticuadas, voz desgastada, pelo blanco y revuelto que no tapa la coronilla despoblada- comandan sin embargo una revolución política soportada por los jóvenes.

El senador por Vermont despertó en el anterior ciclo electoral, en las primarias demócratas de 2016, un movimiento populista de izquierdas que hizo peligrar la nominación de la candidata del partido, Hillary Clinton. Sanders ya parecía mayor entonces. Con cuatro años más en el cuerpo, no ha dejado de seducir a los votantes jóvenes. En Nevada, el tercer estado que ha votado en las primarias, consiguió el apoyo del 65% de los participantes de entre 18 y 29 años en los «caucus», un dominio aplastante (en New Hampshire consiguió casi la mitad de los votos en ese grupo demográfico).

Sanders ha comparecido en las primarias con un programa muy ambicioso que asusta a los moderados demócratas -y asustará todavía más a los republicanos si consigue la nominación-: sistema público y gratuito de salud universal, universidad gratuita, cancelación de la deuda estudiantil, protección frente a los despidos, expansión de la seguridad social, atención infantil gratuita, aumento de la presión fiscal en las rentas altas y transformación «ecológica» de la economía. También asusta a esos mismos electorados que Sanders no renuncie a la etiqueta de «socialista», palabra maldita en la política de EE.UU. Pero nada de eso parece intimidar a los más jóvenes, en los que no queda huella de la lucha contra el comunismo (al igual que sus padres olvidaron las políticas socialistas de presidentes como Franklin Delano Roosevelt, al que Sanders cita con frecuencia).

«Socialista demócrata»

Sanders se describe como «socialista demócrata», una etiqueta en la que muchos jóvenes se sienten cómodos -la realidad de crisis como la de Venezuela les queda demasiado lejos- y en la que tienen referencias de su generación como la de Alexandria Ocasio-Córtez, la joven congresista por Nueva York que se ha convertido en una de las voces de referencia del partido y que apoya a Sanders con apariciones frecuentes en sus actos de campaña.

Pero el verdadero imán de los jóvenes hacia Sanders tiene que ver con una percepción cada vez más aceptada: será la primera generación en EE.UU. que viva peor que sus padres. Los «millenials» y la generación Z se han encontrado un país donde estudiar en la universidad les condena a deudas estudiantiles que pueden alargarse durante décadas -el precio de las matrículas universitarias crece a un ritmo que duplica el de los salarios-, con gastos de sanidad desorbitados para una atención que puede ser mediocre, con un mercado laboral dinámico pero en el que abundan los salarios bajos y con cada vez mayores dificultades para independizarse: un 8% menos de jóvenes son dueños de una casa que los de la generación anterior a su misma edad.

Sanders ha respondido a la ansiedad y la frustración de los jóvenes, que va más allá de la economía y que incluye asuntos como inclusión, diversidad y medio ambiente. El senador es la esperanza de cambio para la nueva generación y, a su vez, los jóvenes son una pieza indispensable para el éxito político de Sanders. Como recordó tras su victoria en Nevada, su objetivo es la creación de una «generación multigeneracional y multirracial» para ganar las elecciones.

Es una referencia a las dos visiones que pugnan en el partido demócrata para evitar la reelección de Trump: un mensaje moderado que pueda capturar a independientes y republicanos moderados (en especial en estados clave del Medio Oeste) o un mensaje revolucionario, como el de Sanders, que amplíe el electorado demócrata. Es decir, que lleve a muchos nuevos votantes a las urnas: fundamentalmente, jóvenes y minorías raciales. Su estrategia está funcionando a medias: le han votado muchos jóvenes y minorías -en Nevada arrasó entre los hispanos-, pero el número de votantes que han acudido a las urnas en las tres primeras primarias no ha sufrido un gran aumento.

Pugna de alto nivel

Si la diferencia generacional entre Sanders y sus bases fuera un problema, sus seguidores tampoco tendrían muy claro dónde mirar. El que fue favorito durante buena parte de la campaña, el ex vicepresidente Joe Biden, tiene 77 años. El nuevo candidato en ascenso, Michael Bloomberg, tiene la misma edad que Sanders. La también izquierdista Elizabeth Warren, que llegó a liderar las encuestas en octubre pero que se ha hundido con el paso de los meses, ya ha cumplido 70 años. El rival de los demócratas, Trump, tiene 73 años.

La excepción es Pete Buttigieg, el ex alcalde de South Bend (Indiana), que tiene 38 años y aspira a ser el presidente más joven de la historia de EE.UU. Pero defiende posiciones centristas y no tiene tirón entre las minorías.

Ante el empuje de Sanders, los rivales han empezado a presionar para que dé más información sobre su estado de salud. Sufrió un ataque cardiaco a principios de octubre, lo que ahora se utiliza como arma política. La respuesta de Sanders sobre su salud siempre es la misma: «Si crees que no estoy bien de salud, sígueme en mi campaña», dijo en referencia los tres o cuatro mítines que da cada día.

ABC






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