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Pensando en las ferias por Eleazar Ontiveros Paolini

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Eleazar Ontiveros Paolini


El año pasado se impuso el criterio de que no se celebraran las Ferias de Mérida, alegando algunos que era inconcebible que la Alcaldía decidiera su realización cuando la situación del país era deplorable y que festejar algo de tal magnitud, en especial las corridas de toros, era simple y llanamente ofender a tantos necesitados de por lo menos un  pedazo de pan al día, y que, además,  serían relegados de todos los actos.

Ahora que se decidió la celebración de la quincuagésima feria del sol, los más papistas que el papa vuelven a arremeter en contra de la celebración, manteniendo los ya conocidos argumentos. Sin embargo, un sector mayoritario, entre el que nos encontramos, cree que casualmente celebrar la feria en medio de la depresión en que vive el país es una forma objetiva  de demostrarnos a nosotros mismos que tenemos la capacidad autónoma, no orientada por el régimen, de realizar una actividad en la cual, aunque con las inevitables diferencias que surgen de las posibilidades económicas, impacta gratamente a una mayoría de nuestra sociedad, la cual percibe que el letargo, al abulia y el conformismo en el que nos han sumido, son violentados por unos días de alegría, de júbilo, de compartir, diciéndonos que no terminaremos por aceptar la sumisión que pretende quienes arbitrariamente consideran como principio doctrinario que todos los derechos, hasta los naturales, son derechos de Estado.

Como resulta comprensible, muchos no podrán ir a las corridas por el precio elevado de las entradas, resultado de lo elevado de los contratos de los toreros y del costo de los encierros, pero hay eventos gratuitos: desfiles, exposiciones, elecciones de reinas, conciertos. En las corridas, es bueno saberlo para atenuar las críticas, el gobierno estatal y municipal no hace inversiones, se trata de empresarios privados que enfrentan el reto de concertar las corridas apropiadamente, y que, por el contrario, pagan elevados impuestos a la alcaldía en función de las ganancias que se puedan obtener, lo que se asegura por el hecho de que la Comisión de Ferias es la recaudadora de impuestos imputables todos los eventos pagos.

Tampoco hay la menor duda de que las ferias, al estimular el turismo nacional e internacional, permite a los comerciantes, muchos de los cuales han bajado su santamaría, a los hoteles muy poco ocupados en el transcurso del día a día, a las pensiones y  restaurantes, obtener recursos que pueden ayudar a solventar la sistemática mengua que vienen arrastrando por razones ampliamente conocidas.

Por otra parte, no podemos caer en la inconveniencia social de  desechar las tradiciones que han sino protagonistas en nuestra historia, máxime cuando es de Perogrullo que debemos apoyarnos en el pasado para maximizar el presente y  enfrentar críticamente  la búsqueda adecuada del futuro.

Todo lo que sucede en las ferias, y esto es muy importante tenerlo en cuenta, son eventos culturales, incluyendo las corridas de toros, si es que se analizan desde el punto de vista de la Antropología Cultural, que nos dice que cultura son “las formas de pensar, sentir y actuar de las comunidades” o “Que es todo los que el hombre ha superpuesto a la naturaleza” o “Que es todo lo que no se puede explicar sin la presencia del hombre”.





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