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Magnus-cidium por Eleazar Ontiveros Paolini

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Eleazar Ontiveros


El título  ilustra sobre la etimología de la palabra magnicidio: Magnus: grande y cidium: acción de matar. Es el magnicidio, entonces, el asesinato o muerte violenta de personas muy importantes  por su cargo y poder. Y no hay en el país quien tenga  cargo más importante  que el Presidente de la República, causa por la cual se habla de magnicidito entre nosotros, casi siempre, refiriéndose a tal personaje.

Durante 19  años de gobierno  “revolucionario”, se han denunciado con reiteración, a viva voz, planes magnicidas perpetrados por los ultraderechistas y oligarcas venezolanos,  sumisos como borregos, según se dice,  al imperio Norteamericano, interesado en ponerle la mano  a los recursos naturales del país, en un todo de acuerdo a convenios  previos surgidos de la afiebrada mente de los capitalistas.

Ante todo, este no es un país de hombres dispuestos por fines políticos a matar a un Presidente. Es considerar a los venezolanos opositores como poseyendo mentes enfermizas, proclives  a crímenes de tal tipo. Sólo se han dado en el país dos  casos: La intentona contra Betancourt en el 60, y que no fue dirigida por venezolanos, sino por  Leonidas Trujillo, desde Nicaragua; el otro, el asesinato de Delgado Chalbaud, jefe de la Junta de Gobierno, perpetrado por Simón Rafael Urbina, el 13 de noviembre de 1950, al parecer por órdenes de Pérez Jiménez.

En función de las últimas denuncias hechas por el Gobierno, que como en tantos casos anteriores no concreta la detención de los conspiradores ni da a conocer los detalles, vale la pena anotar que el viejo dicho: “Una mentira repetida 1.000 veces termina por aceptarse como verdad”, pero eso no es axiomático, es decir, infalible, pues llega un momento, como el actual, en que la gran mayoría se da cuenta de que se trata de un truco distractivo. Efectivamente, si se hace un recuento de todas las denuncias habidas, nos daremos cuenta de que se dieron en momentos en que existían situaciones que generaban acerbas críticas sociales. Es decir, que siguiendo el proceder fascista hitleriano, se trata de diluir el problema real, tapándolo con noticias sobre actos de desmesura que hacen que  la atención se centre en la denuncia de la  supuesta intentona magnicida.

Por otra parte y  esto  resulta relevante, en esta última denuncia de intento de magnicidio, se sigue insultando a la inteligencia del venezolano. Y es que resulta imposible  que se trate de hacernos creer, como si fuéramos eunucos mentales, la especie  de que  los  conspiradores recurrieran a la supuesta explosión de  un dron cargado de C4, explosivo plástico utilizado por los terrorista con una capacidad explosiva 1,3 veces mayor que el trinitrotolueno (TNT) y  capaz producir daños de  envergadura. Por otra parte ¿el dron pasó desapercibido por los diez anillos de seguridad que tiene el presidente? Si en verdad se quisiera cometer crimen tan despreciable  bastaría que alguien, sin mucha planificación,  contratara un franco tirador que desde la distancia disparara contra el presidente. Existen fusiles modernos capaces de precisar blancos desde mucha distancia,  lo que permite al francotirador retirarse después de disparar sin posibilidades de ser aprehendido. Pongamos dos ejemplos: el SVLX -145 de fabricación rusa pude acertar en el blanco a una distancia de 4.178 metros y el norteamericano M - 300 desde 4.157 metros, con márgenes mínimos de error. Por otra parte, resulta hasta ridículo que los EEUU, puedan fallar, si son ellos los responsables, en la planificación y concreción el magnicidio, poseyendo, como todos o sabemos, las mejores policías y cuerpos de inteligencia, además de gente entrenada en esos menesteres y  con mucha experiencia. Implicar a Santos también es una triquiñuela, basada en la necesidad de un gobierno totalitario en mantener a como de lugar enemigos externos a quienes imputarles participación en boicotear la acción gubernamental, impidiendo la aplicación de medidas que llevarán a la formación del “hombre nuevo”, producto de la revolución socialista.

Por lo dicho, recordemos que cuando el que engaña no pueden seguir haciéndolo, es invadido por el miedo y  este, a su vez, genera conductas inaceptables, entre las que se cuenta la represión. Ya lo estamos viendo con el caso de Requesens y Julio Borges.





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