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Nadie es monedita de oro por Jim Morantes y Carlos Portillo Almerón

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JIM MORANTES



Aún en cuarentena por la pandemia mundial, prosigo con el 2do artículo que el                           Dr. Carlos Portillo Almerón, me entregó hace años atrás, jurista declarado hijo ilustre de la ciudad de Mérida (1985) y en varias ocasiones el Colegio de Abogados del estado Mérida lo condecoró con  distintas ordenes, sobresaliendo la del  Dr. Pedro Pineda León (1984  y 1994).


 


Mi gran amigo, se ha marchado para no volver, cada vez que hablaba por vía telefónica con él, mi saludo consistía en decirle “Tiembla Tierra que llego el terror del llano”, frase que pronunciaba en honor al reconocido actor y comediante Alberto Debrot, cuyo seudónimo era el de  Jorge Tuero en la popular serie cheverísimo y Carlos respondía con una carcajada para dar a inicio a breves, intermedias o largas conversaciones que eran terminadas algunas veces por Portillo, quien indicaba “bueno Jim ya no te quito más tiempo”, así transcurrieron las amenas tertulias a lo largo de los años, aún muchas de ellas  permanecen en el recuerdo y espero no sean borradas por el peso del tiempo.


 


Ahora bien, volviendo a lo que nos atañe, procedo de manera formal a copiar íntegramente otro artículo inédito y muy crítico desde el punto de vista político, elaborado en su totalidad por el Dr. Portillo, por tal motivo, no asumo responsabilidad alguna por los criterios por él esbozados, los cuales a continuación reproduzco, sin ningún tipo de modificación, todo el cuerpo del escrito, es transcrito de forma textual:


  


“Los Criterios de un Tránsfuga


Existen profesionales tan insensibles que el único cargo que pueden regentar es el de caletero o porteros, no obstante, con su adulancia logran ostentar altos cargos, un ejemplo  es el de Aristóbulo Istúriz, fue de la causa R, compitió para ser presidente de la Confederación de Trabajadores de Venezuela C.T.V. perdió con Carlos Ortega, en la actualidad, es vicepresidente de la República y para congraciarse con  el gobierno expresó “Al presidente Chávez lo mataron para acabar con la revolución” efectivamente debe referirse a la revolución alimentaria, rubros que en más de 80% son importados, porque esos alimentos están vencidos o por vencerse, comprados a precio de gallina flaca, esto le permite a los manganeases convertirse en multimillonarios en dólares, creo que estos puedan competir con los amos de Microsoft (Bill Gates) y el mexicano Carlos Slim.


La culpa de la muerte de Chávez la tienen esos adulantes que se han forrado de dólares y vanagloriaban al caudillo y este como si fuera bobo creía en esas adulancias quien en lugar de ir a Houston a curarse, fue a Cuba en la cual operan con hojillas viejas porque no tienen bisturí.


Ese vicepresidente se olvida, cuando era enemigo de Chávez, que el presidente se estaba fumando una lumpia, no obstante habrá sido el defensor en el Congreso del golpe del 4 de febrero de 1992, bolsas los adecos que teniendo mayoría en el Congreso le concedieron la palabra al Dr. Caldera y Aristóbulo, la justificación de Caldera la entendemos porque según los rumores a él, el momento compartido le iba a ofrecer la presidencia porque en las elecciones venideras, el candidato fuerte era Eduardo Fernández porque tenía más de diez gobernaciones a su favor.”


 

El juicio esgrimido, proviene del abogado Carlos Portillo Almerón, entre sus obras destaca “La Representación Judicial” (1981) y “Breves consideraciones sobre el Mandato judicial en el nuevo Código de Procedimiento Civil” (1985), en la próxima entrega, relataré alguna otra experiencia vivencial y transcribiré el tercer artículo de opinión, efectuado por el referido profesor universitario. 



@JIMMORANTES 


 






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