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Coronavirus como un nuevo paradigma por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.



Han pasado más de cinco meses desde el 17 de noviembre de 2019, día cuando en China se conoció del paciente cero Covid-19. Desde ese momento y hasta la actualidad el mundo se enfrenta a una situación sin precedentes en la historia humana. Por primera vez nadie tiene una respuesta clara acerca de cómo, cuándo y qué ocasionó el virus. De allí que muchos lo presenten como producto de la globalización, un gobierno irresponsable que no atendió a tiempo la pandemia, guerras biológicas, un modelo de acumulación que diezmó la vida de nuestra tierra, e incluso como un castigo divino. Lo cierto es que la situación es cada día más complicada, generando gran incertidumbre ante el acecho de la muerte. Y dentro de ese marco, la fe se ha convertido en el único refugio para superarla.


Ello ha representado un nuevo modelo y ejemplo de vida, el Covid-19 es el reconocimiento de lo desconocido e incontrolable de la realidad humana. Los científicos lo estudian y no encuentran las respuestas deseadas, las sociedades se encierran dejando a los pobres en la calle y a los ricos en sus casas. Los campos y las empresas yacen vacíos solo en los lugares donde la epidemia se salió de control, generando una disyuntiva: la economía o la vida. Platón mencionó en sus escritos que los paradigmas son modelos divinos que muestran cómo las cosas humanas están hechas.


Hoy las calles están solas en el mundo, lo común es la desigualdad entre pobres y ricos, el distanciamiento social, la rutina concentrada en la Internet, y la salud como el tesoro más valioso. Se ha popularizado el uso de conceptos como persona, salud, entorno y cuidado. Las practicas de los saberes populares y tradicionales han quedado en el pasado, y la disciplina científica se enfrenta de nuevo a la discusión entre ciencia normal y ciencia de la revolución, ya que existe de nuevo un reto a las realizaciones científicas del pasado. Los métodos y metodologías legitimas existentes para dar respuestas dejan interrogantes que no permiten avanzar y superar la pandemia. El consenso científico es carente de reglas explícitas debido a una comunidad científica de sucesiva in-transición, quedando en evidencia, no se ha curado el pasado, regresó el fantasma: las enfermedades no tienen cura.


El punto crucial del nuevo paradigma es enfrentar el pasado con el presente teniendo en cuenta la relación del ser humano con la naturaleza. Es decir, la particular realidad de cada uno frente a la pandemia. En este sentido, las nuevas creencias, percepciones, experiencias y valores nublan el entendimiento de la realidad natural conocida.


Esto reta la misión de todos los científicos en el mundo, porque exige asumir la menuda fatalidad de lo desconocido. Una enfermedad fácil de adquirir que destruye la vida tal cual la conocemos, ha dejado al descubierto la conciencia limitada del sentido de percepción y actuación. Así, se piensa en cómo se está repartiendo el poder en un mundo global, pero no en el origen de ese cambio. Se habla del peligro del autoritarismo y de la democracia, pero no de las nuevas formas de gobierno que están surgiendo. Y se habla del encierro, pero no de la relación social básica revalorada durante la cuarentena. Ante la ausencia de verdaderos protagonistas intelectuales y científicos que entiendan lo que ocurre frente a los ojos del mundo, la responsabilidad queda en el individuo y su capacidad para analizar, interpretar y actuar en búsqueda de su propio bien. El compromiso es grande porque el oscurantismo es mayor, la falta de información ha incrementado la probabilidad de que los humanos quememos lo desconocido y nos encerremos en lo conocido.


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