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Un artículo del 2002: “Nadie negocia su retirada” por Luis Loaiza Rincón

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LUIS LOAIZA RINCÓN


Buscando en la hemeroteca apareció una nota de prensa publicada por el diario Tal Cual de Caracas el 10 de septiembre de 2002 titulada “Nadie negocia su retirada”. Se trata de un trabajo firmado por el periodista Alejandro Botía redactado al calor del proceso negociador abierto entre el gobierno liderado por Hugo Chávez y la Coordinadora Democrática con el acompañamiento y facilitación de la OEA, el PNUD y el Centro Carter.

Botía indicaba entonces “mientras el bloque unificado de la oposición parte de la premisa de negociar un acuerdo político con el gobierno para anticipar una salida electoral a la crisis (dígase referendo consultivo o enmienda constitucional), el gobierno se niega de plano a aceptar dicha posibilidad y exige que se respeten los lapsos establecidos en la Constitución para activar el mecanismo de la revocatoria”.

En ese contexto el periodista consulta la opinión de una experta, Mireya Rodríguez, coordinadora del Postgrado de Negociación y Resolución de Conflictos de la Universidad Metropolitana, que es quien precisa los términos de la nota cuando señala: “resulta ingenuo pedir de entrada que el presidente acepte una salida electoral anticipada, porque nadie negocia su retirada a menos que sienta que no tiene margen de maniobra y ese no es el caso de Chávez en este momento".

La experta desarrolla su visión de la naturaleza técnica del proceso, identificando sus partes. En primer lugar, es fundamental el reconocimiento de los interlocutores; después tiene que definirse un marco común de entendimiento, “para limitar al mínimo posible las diferencias de percepción acerca de lo que es legítimamente admisible para cada bando. Es en este punto donde debe definirse la agenda y donde cobran importancia los objetivos alternos a la meta principal que cada uno persigue”.

Si sobre el tema principal no existen acuerdos, debe avanzarse con los secundarios para no paralizar el proceso. En todo caso, para Mireya Rodríguez lo esencial, “por encima de las diferencias”, es que “el gobierno y la oposición comprendan que el diálogo le conviene al país porque las circunstancias lo imponen como un imperativo para ambas partes, que nace de la convicción de que ninguna de las partes puede ni desestimar ni vencer a la otra”.

Botía concluye su artículo destacando, entre otras cosas, que “todo proceso de diálogo implica un juego de victorias y concesiones donde nadie pierde del todo y ninguno gana de manera absoluta”.

Ya todos sabemos lo que sucedió en el 2002 y desde allí en adelante. Pero hoy, cuando la situación es infinitamente más compleja que la de ese año, cuando la humanidad enfrenta una verdadera tragedia a causa de la pandemia y cuando la crisis venezolana ya tiene características insólitas, no procurar un acuerdo mínimo que busque el bien de los venezolanos, es sencillamente catastrófico.




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