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La pandemia no debe usarse como excusa para pasarle por encima a la democracia

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OBSERVATORIO ELECTORAL VENEZOLANO


Institutos europeos lo analizan claro: las decisiones sobre cuándo y cómo celebrar elecciones deben sopesar con cuidado la importancia de la salud pública y la forma de gobierno. Abril termina con comicios en por lo menos cinco puntos del globo: Ginebra, Wisconsin, Kiribati, Corea del Sur y Malí ¿Cómo resultó cada uno?

“La pandemia no debe pasarle por encima a la democracia”. Es esta la idea de cierre del más reciente comunicado del Observatorio Electoral Venezolano, emitido el 24 de abril bajo el título ‘Cronogramas electorales en cuarentena’. Funcionó en el texto para refrendar el pensamiento de la organización sobre la coyuntura nacional, pero también calza como premisa para mirar lo que está ocurriendo en el panorama global en el contexto de la emergencia sanitaria mundial por la COVID-19.
 

La coyuntura nacional

El pasado 18 de abril Nicolás Maduro ofreció una entrevista al medio internacional La Pizarra, moderada por el español Alfredo Serrano, quien fuera su asesor económico a principios de su Gobierno. Conversaron sobre varios temas de actualidad, pero entre los medios venezolanos e internacionales fue más destacado lo que el jefe del Estado dijo sobre la materia electoral.

2020 debe ser, por disposición constitucional, año electoral en Venezuela. En la conversación, Serrano citó alguna de las muchas prórrogas electorales que acontecen en el mundo por la pandemia. Todavía es muy prematuro pero, ¿cree que habrá elecciones para la Asamblea Nacional en diciembre?, le pregunta.

“La elección de la Asamblea Nacional es obligatoria, de acuerdo a la Constitución. Toca en el año 2020, este año, porque el 5 de enero de 2021 tiene que posesionarse por mandato constitucional la nueva Asamblea Nacional”, comienza la respuesta de Maduro.

“A esta altura, de verdad, yo no sé si habrá elecciones este año porque tenemos esta prioridad [la pandemia], y hoy sería una irresponsabilidad de mi parte decir que tiene que haber elecciones a ‘trocha y mocha’. Sería una irresponsabilidad. Está el Tribunal Supremo de Justicia, la Sala Constitucional, en el caso que se tuviera que deliberar con la Constitución en la mano y tomar decisiones, pero a esta altura, abril 2020, tenemos la pandemia más pavorosa que ha vivido la humanidad en los últimos 100 años”.

Es la prioridad. Del 1 de marzo hasta el 26 de abril, al menos 51 países y territorios en todo el mundo han decidido posponer las elecciones nacionales y subnacionales debido a la COVID-19, documenta el IDEA.

En su más reciente comunicado el OEV opinó que, aunque no es todavía una decisión definitiva, sino más bien un anuncio preliminar, el lenguaje usado en la declaración asoma ya un mal camino. “Constitucional y legalmente no le corresponde al presidente decidir la fecha de ninguna elección”, advierte la organización. Son funciones de la exclusiva competencia del Poder Electoral.

Debería ser el nuevo Poder Electoral, renovado por la Asamblea Nacional al finalizar el procedimiento iniciado a fines de 2019, el poder público que, guiado por vocaciones democráticas, construya un consenso entre los principales actores políticos, un acuerdo nacional en esta materia, acordando qué elección o elecciones deberían realizarse en qué fecha, pasada la emergencia sanitaria provocada por la COVID-19, opinó el OEV.


El panorama global


Finaliza abril, dejando por lo menos cinco ejemplos de elecciones que tuvieron lugar a pesar de las preocupaciones derivadas de la pandemia y la necesidad de seguir manteniendo la cuarentena, como recién ha instruido la Organización Mundial de la Salud.

Las municipales de segunda vuelta en Ginebra, Suiza, se celebraron el pasado 4 de abril únicamente por votación postal, es decir, voto a distancia no presencial.

En un escándalo político se convirtieron las elecciones primarias demócratas en Wisconsin, Estados Unidos, el pasado 7 de abril, porque expusieron a riesgos a toda su población. En una decisión jurídica signada por un partidismo favorable a Trump, la Corte de ese estado revocó la suspensión de elecciones que había decretado el gobernador. El OEV ha opinado sobre este caso que no parece haber existido allí esfuerzos por construir acuerdos inclusivos. La fuerza institucional de una mayoría en la Corte se impuso.


Lee Nak-yon, ex primer ministro de Corea del Sur y candidato del gubernamental Partido Democrático, celebra con su esposa la victoria en en las legislativas | EFE


 

Corea del Sur nunca ha pospuesto una elección antes, y el coronavirus no detuvo la escogencia de sus 300 parlamentarios el pasado 15 de abril. Más de 11 millones de personas, o el 26% de electores registrados, emitieron su voto por adelantado para evitar multitudes. Los votantes tuvieron tomas de temperatura en la puerta de los centros. Las mesas de votación se desinfectaron regularmente y cualquier persona con temperatura de más de 37.5 grados votó en una cabina especial, informó CNN.

El oficialista y liberal Partido Democrático obtuvo mayoría absoluta en la Asamblea Nacional. La participación, de 66,2 %, fue la mayor registrada desde 1992 en unas legislativas, en un contexto de 30 nuevas infecciones diarias y de más de 10.000 contagiados.

El país asiático aplanó su curva de contagios en solo tres semanas. Las legislativas, de acuerdo con EFE, se interpretaron principalmente como un “referéndum” sobre la gestión que el gobierno del presidente Moon Jae-in ha hecho de la crisis del coronavirus.

Una suerte muy distinta a la de Malí, que el 19 de abril concurrió a segunda vuelta de elecciones parlamentarias. El secuestro del principal líder opositor, la actividad del yihadismo y el avance gradual del coronavirus (EFE informó de varios diputados contagiados, pero sin identificar sus nombres) hicieron multiplicar las voces que pedían una suspensión de la cita electoral, pero el presidente Ibrahim Boubacar Keita se negó.

Su partido, el oficialista Reagrupación Por Mali (RPM), se impuso en las elecciones, que por otro lado registraron una baja tasa de participación de solo el 25,33 %, según la Comisión Electoral.

En Kiribati, por el contrario, todo es distinto. El archipiélago de poco más de 100 mil habitantes localizado en el Pacífico Sur concurrió a parlamentarias con advertencias de precaución, pero sin problemas: en todo el país no se ha registrado ningún caso de coronavirus.


En Kiribati, en pleno océano Pacífico, votantes se registran antes de dirigirse a las cabinas a su derecha en un centro de votación | L.UAN


Los desafíos

En países con un riesgo medio o alto durante la pandemia, la supervivencia democrática depende también de una sociedad civil vigilante que pueda influir y monitorear a los gobiernos.

Lo dice el Instituto V-Dem, un proyecto para la conceptualización y medición de la democracia con sede en la Universidad de Gotemburgo, en Suecia, en su reciente informe ‘Deslizamiento pandémico: ¿Covid-19 pone en riesgo la democracia?’.

Ahora que nuestras formas probadas de organizar la democracia están en suspenso, recomiendan desarrollar nuevos mecanismos de contraloría social que respondan a los requerimientos de la pandemia.

Para facilitar los procesos democráticos, el Instituto V-Dem considera vital que los parlamentos y los tribunales continúen su trabajo representando los intereses de los ciudadanos. En tiempos donde las reuniones grandes son riesgosas, las soluciones alternativas creativas son posibles. Ellos han documentado 29 legislaturas que han introducido procedimientos remotos y otras 18 que ahora se reúnen en una composición más pequeña.

Donde el distanciamiento físico durante campañas y votaciones no es práctico o las preocupaciones públicas generarán una baja participación de votantes, podría tener sentido posponer las elecciones como ha sucedido en los casos del parlamento de Etiopía y Sri Lanka y 15 primarias estatales en los Estados Unidos. Al mismo tiempo, dicen, las restricciones innecesarias durante las campañas y votaciones socavan la democracia.

El instituto, por lo tanto, no considera que postergar elecciones durante la pandemia represente un riesgo en sí mismo. Las decisiones acerca de cuándo y cómo celebrar elecciones deben sopesar cuidadosamente la importancia de la salud pública y la democracia, así como la incorporación de soluciones innovadoras como el voto remoto y las campañas. Estas deben garantizar un terreno de juego equitativo para los candidatos de oposición: de lo contrario, las elecciones en tiempos de COVID-19 pueden incrementar el riesgo durante la pandemia.

Con tono similar, el asesor de la presidencia del Instituto Nacional Electoral de México, César Hernández González, expresó en Animal Político que “posponer las elecciones no significa la cancelación absoluta o permanente del instrumento democrático. En otras palabras, el diferimiento de los comicios solo es una medida extrema y temporal para proteger la vida, la salud y la integridad de las personas”.

La postergación de elecciones, prosigue el mexicano, admite de manera rotunda que en futuro próximo y certero los ciudadanos tendrán que votar para conformar nuevos gobiernos bien sea nacionales, locales o municipales, según corresponda. “En consecuencia, las autoridades electorales tendrán que hallar las respuestas al reto que implica organizar elecciones en tiempos pandémicos”.

O, como ha dicho ya, por su lado, el OEV: “La pandemia no debe pasarle por encima a la democracia”.








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