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Palabras clave: No hay por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado


El común denominador en las transacciones por bienes y servicios que se realizan en Venezuela, el perfecto descriptor de las consecuencias económicas del socialismo del siglo XXI, y las dos palabras que mejor explican el día a día de los venezolanos. Resultado de las políticas implementadas por el gobierno nacional que insiste en controlar todos los ámbitos de la economía mediante férreos controles de precios y cantidades, así como a través de normas y leyes que limitan la actividad económica del sector privado y traspasan al sector público la “responsabilidad de actuar” para solucionar todos los problemas que enfrenta la población. Esta manera de gestionar las políticas públicas, al mantenerse por mucho tiempo, ha exacerbando las externalidades negativas de la intervención gubernamental.

No hay arroz, avena y sus derivados, harina de maíz precocida, pan de trigo, pastas alimenticias, carnes y sus preparados, pescados y mariscos, leche pasteurizada, leche en polvo, queso, huevos, aceite de mezcla vegetal, margarina, mayonesa, arvejas, caraotas, frijoles, lentejas, azúcar, café molido, y muchos otros alimentos esenciales que conforman la canasta alimentaria del venezolano; tampoco hay toallas sanitarias, pañales, crema dental, jabón de baño, papel higiénico, detergentes, cauchos, baterías, aceite para motor, cemento, cabillas, medicinas, y un largo etcétera que abarca los más de 3.300 bienes y servicios cuyos precios son definidos por el gobierno; y mucho menos hay servicios públicos de calidad: agua, electricidad, gas doméstico, recolección de desechos sólidos, telefonía, internet, transporte, seguridad, entre otros servicios elementales para el funcionamiento de la sociedad. Los mercados donde se intercambian estos productos indispensables para las actividades básicas que realizan los habitantes de este país están vacios, profundamente distorsionados y comienzan a ser intervenidos por el gobierno, en un nuevo intento por lograr que los agentes económicos se comporten como lo dicta la ley.

Los mercados están distorsionados porque, a pesar de estar vacios, abundan a su alrededor personas que guardan la esperanza de acceder a los productos “que lleguen” a precio regulado, para garantizar el sustento diario de sus familias; junto a ellos, oficiales venezolanos intentan ordenar el racionamiento y funcionarios insisten en mejorar el abastecimiento de productos básicos en una economía que sigue estancada. Mientras esto ocurre, al cruzar la calle productos locales e importados se ofrecen a precio de mercado paralelo, marcador que incorpora la compensación a quien toma el riesgo de realizar una actividad ilegal, la evolución del tipo de cambio, la expectativa de inflación, entre muchas otras variables; no hay racionamiento ni se interviene la distribución de los productos, otro claro ejemplo de la segmentación de la economía nacional.

La situación económica de Venezuela ya no solo contiene el escenario de escasez que ocasiona la definición de precios máximos para el intercambio de bienes y servicios. El no hay generalizado que existe en el país es debido a que no se están produciendo suficientes bienes y servicios para cubrir la demanda; tampoco se están importando los productos que antes se utilizaban para cubrir la brecha entre la demanda y la oferta doméstica de mercancías; nadie, en el actual clima de incertidumbre, esta dispuesto a emprender actividades productivas corriendo el riesgo de no poder disfrutar sus beneficios; y no existen incentivos para el trabajo tesonero, con arraigo y bien hecho, que se ha sustituido por la viveza criolla, el negocio y la corrupción para subsistir.

 

@ajhurtadob





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