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Parte del mundo audiovisual en Mérida por Jim Morantes

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JIM MORANTES


El final del siglo XIX, fue clave en las transformaciones de hábitos y nuevas formas de ver la vida, destacó la configuración en el ámbito de las telecomunicaciones, matizado de innumerables descubrimientos y cambios científicos, ya en el siglo XX, cada continente, desarrolló su propia tecnología de video (NTSC; PAL; SECAM; MSECAM), la televisión paso del blanco y negro a la era analógica del color, de allí al plasma  y posteriormente a finales de los noventa, apareció la televisión HD con 1080 líneas de resolución, incorporándose de esta manera la alta definición y el dominio de la digitalización, que a fin de cuentas persigue la unificación de estándares audiovisuales posmodernistas con interacción en tiempo real, mediante la incorporación de “neo” plataformas como Netflix, YouTube, redes sociales y últimamente la cuestionada tecnología 5G  que cada segundo altera la óptica comunicacional global.

A grosso modo en la década de los 70, las cámaras comunes, utilizadas en Venezuela, eran de formato BETACAM y en los noventa U-matic de gran tamaño y almacenaban buena resolución, pero tenían la dificultad del precio, poca reutilización y la edición era bastante compleja porque en ocasiones los equipos recalentaban y se paralizaban, la cinta se rompía, implicando desarmarla y pegarla con sumo cuidado para iniciar nuevamente el procedimiento de edición, tardanza que repercutía en altos costos operativos (contratación de los equipos por hora), en esa etapa (1994) era viable alquilar la (s) cámara (s) y el módulo de edición lineal en la Televisora Andina de Mérida, cuando quedaba ubicada en la parte trasera de las instalaciones del palacio Arzobispal, a menos de una cuadra de la plaza Bolívar.

Es importante destacar que la ciudad, contaba con una excelente videoteca pública que dependía de la ULA, específicamente de los Servicios Bibliotecarios de la Universidad de Los Andes, disponía de gran cantidad de documentales, películas y series que se pasaban de forma individual a petición de parte en módulos semi cerrados con audífonos individuales y en casos especiales, disponían del salón de conferencias con pantalla gigante, la mayoría de los equipos reproductores eran súper betamax y VHS, además contaba con un decodificador que permitía convertir los videos que llegaban de diversas partes del mundo al sistema operativo americano (NTSC), dicha institución de carácter investigativo, funcionaba en la planta baja del edificio administrativo, bajo la coordinación del reconocido periodista Américo Corredor Villamediana (+) por su razón de ser, allí convergían ocasionalmente diversos trabajadores de SERBIULA, con quienes  compartí gratos momentos, me refiero a Francisco Vivas (el famoso Quico+), Ramón Paredes, Jaime Garabito (contabilidad ULA), Servio Valero (+), Genadio Arellano, Nabor Elías Salas, Henry Zambrano, Yanett Ríos,  Márquez, William Abreu (+), Misael González (el chamo) y Alberto Martínez, los únicos no trabajadores de la institución, éramos Dionisio Hernández (primogénito del artista plástico el Indio Hernández Guerra = Indio Guerra  y de la abogada Francis Rodríguez) y mi persona.

 Se puede decir que la introducción al fascinante mundo de la televisión, se la debo a mi mentor Américo, excelente amigo que en todo momento me orientó y apoyó en las decisiones que más adelante tome para la adquisición de maquinaria  y equipos, en el emprendimiento que inicié en materia audiovisual con Video Venus y posteriormente con Lumiere Films de Venezuela.

 Para 1995, era factible migrar de la tecnología  tradicional a nuevos formatos más versátiles, específicamente a video 8, HI8 o a formato Super VHS, el cual mantenía buena resolución, el costo de las cintas con relación al U-matic bajaba alrededor del 60%, se conseguía en cualquier tienda de la ciudad bien fuera en Rima Import (Miguel), donde su hermano Salvador (a media cuadra de la TAM), en Exposonic (Nasser), en Almacén Japonés, en Casa La Japonesa, en Comercial Tibisay (José), en Sonido Internacional o en Centro de Computación Mérida (Ricardo), etc, es decir, no era necesario traer las cintas y en algunos casos las baterías de Caracas o Valencia y existía la posibilidad de quienes para la época incursionábamos en el área (Fernando Vera, Jorge Gutiérrez, Fredy Siso, Sonido Impacto 22, Elvis Rivas, Agustín Volcanes, Fidelina Arteaga y mi persona, entre otros), de acceder a los equipos sin tanto esfuerzo, importándolos directamente de EEUU o mediante Cine Materiales, empresa ubicada en la capital de la república, dedicada a tal actividad.

         Espera la próxima parte de amigos y sígueme en Twitter  @JIMMORANTES





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