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Los niños de Kim Il-sung por Sadcidi Zerpa de Hurtado

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Sadcidi Zerpa de Hurtado



El pasado miércoles nuestros ojos y demás sentidos quedaron atónitos al observar noticias de un mundo en llamas, producto de diferencias fronterizas, reclamos de justicia social, demandas por responsabilidades hacia el calentamiento global, denuncias de crímenes raciales, persecuciones por tráfico de drogas y demás sustancias psicotrópicas y, finalmente, explosiones y destrucción de espacios que simbolizaban la concertación para la esperanza de unidad en la península coreana. 


En este contexto, el arte cinematográfico ha ofrecido la escenificación del relato de Los hijos de Kim Il-sung que comienza con el pintoresco Bosque de Bohemia, donde los bosques están cubiertos de nieve y están muy cerca de la frontera polaco- alemana. Unida a una banda sonora dirigida por el Haegum, instrumento tradicional coreano, que con acordes toca la canción que habla de la nostalgia de dos hogares, uno en Corea y otro en Europa.


Entonces, Los hijos de Kim Il-sung como evidencia del destino al que miles de huérfanos de la guerra de Corea fueron forzados. En particular, estos niños al encontrar un hogar en Europa, donde viven varios años, ven terminada su tierna infancia cuando son repatriados forzosamente a Corea del Norte en 1959. Producto del temor a una sublevación por parte de los niños preadolescentes, el líder norcoreano temió un resultado nefasto a la dictadura comunista y vio en las revueltas húngaras de octubre de 1956, a miles de húngaros pidiendo libertad política y un sistema democrático --en un momento donde Hungría estaba bajo el control de la Unión Soviética. Desde ese momento Kim Il-sung inició la repatriación o el gran sufrimiento de los niños que fueron sustraídos a la fuerza, del lugar donde habían conocido la felicidad, por medio de la calidez y cercanía de amigos cuyo anhelo y esperanza coincidían en criterios de libertad y democracia. Muchas fueron las peticiones que desde Europa llegaron a Corea del Norte, pero su líder norcoreano Kim Il-sung se hizo oídos sordos. Los repetidos ruegos de los europeos para permitir reuniones que ayudaran a regresar a los niños huérfanos de guerra a sus hogares europeos solo encontraron un profundo e infinito silencio.


Esta triste y difícil situación se rememora una vez más ante nuestros ojos que atónitos miran al nieto de Kim Il-sun, Kim Jong-un, destruyendo el espacio simbólico para la concertación dentro de la península. De manera que, la película Los hijos de Kim Il-sung, es un oportuno y real documento cinematográfico que acerca las vidas de muchas personas repatriadas forzosamente a un destino de turbulencia en la historia moderna de Corea, causada por el choque entre la democracia y el comunismo. Entonces la película muestra a miles de niños huérfanos arribando a una estación del tren de Bulgaria, y sus ojos ven renacer sus esperanzas edificados en rostros iluminados por la inocencia y dulzura de los propios.


Esta película se estrenará en los cines locales surcoreanos el 25 de junio de 2020, en el marco del 70 aniversario de la Guerra de Corea de 1950- 1953, sin embargo, la aldea global desea ser testigo de este acontecimiento, para rememorar los peligros del comunismo y la destrucción de la guerra. Los niños de Kim Il-sung, es un ejercicio de cine que llama a la conciencia y profunda reflexión acerca de los peligros de la guerra y del nacionalismo basado en doctrinas absolutistas.


El mundo conoce noticias acerca de una película que nace de un bonito mensaje enviado por una abuela búlgara que expresa a sus nietos coreanos adoptivos “Espero que estén bien y que hayan vivido vidas felices desde que dejaron Bulgaria”. Y con esto, la trama responde a las verdaderas razones por las que los niños fueron extraídos de Polonia, Bulgaria, Rumania y Hungría. Porque más allá de posiciones previas acerca de este tema en otros documentales, Los niños de Kim Il-sung evidencian quince años de profunda investigación y deja al descubierto: más puede el miedo a perder el poder que el deseo a reconstruir un país, porque hoy la prosperidad es más igual para unos que para todos en Corea del Norte.     


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