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Apagones: las otras emergencias en los hospitales

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El IAHULA es solo otro de los centros de salud del país en los que se ha comprometido la vida de los pacientes y la correcta operatividad de sus servicios por las deficiencias eléctricas


Durante el primer apagón nacional, Mérida registró el mayor tiempo continuo sin energía eléctrica. Desde entonces, la crisis se ha agravado en la región. El IAHULA es solo otro de los centros de salud del país en los que se ha comprometido la vida de los pacientes y la correcta operatividad de sus servicios por las deficiencias eléctricas

Por María Gabriela Osuna

Estudiante de Comunicación Social  ULA


El deterioro del sistema eléctrico venezolano se evidenció a partir del año 2010, cuando el presidente Hugo Chávez promulgó el Decreto de Emergencia Eléctrica para reducir el consumo energético nacional  y garantizar el suministro de electricidad. Según el mandatario, la crisis que atravesaba el sector no se debía a la desinversión, sino a la sequía ocasionada por el fenómeno de El Niño, que afectaba a las cuencas hidrográficas y, por tanto, a los embalses destinados a la generación hidroeléctrica.


Para solventar tales circunstancias el Primer Mandatario  adquirió equipos e implementó  un plan de racionamiento eléctrico en varias ciudades de Venezuela.  “Con estas medidas, el gobierno nacional espera evitar un colapso eléctrico que podría dejar al país a oscuras” afirmó la periodista Yolanda Valery, en uno de sus escritos para BBC Mundo.



Sin embargo, nueve años después se produjo el colapso y el 7 de marzo de 2019 ocurrió el primer apagón  nacional.  Desde entonces,  la crisis eléctrica se agravó en la región suroccidental del país, en especial en el estado Mérida.


Según el Observatorio de Derechos Humanos de la Universidad de Los Andes (ODH-ULA) en  Mérida se han registrado cortes eléctricos de hasta 26 horas en lo que va de 2020.  Esta es una cifra alarmante si se considera que la interrupción del servicio también afecta a los hospitales de la región y del país.




Hospitales y pacientes: Entre penumbras


En una entrevista con el portal web El Estímulo, Rafael Orihuela, exministro de Sanidad, explicó que el sector de la salud depende, en su totalidad, del buen funcionamiento del servicio eléctrico. Sin embargo, en Venezuela las fluctuaciones y los apagones ocurren, cada vez, con mayor frecuencia.


De acuerdo con la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH) del año 2019, en los centros de salud, el promedio de fallas eléctricas es de 342 al mes, lo que equivale a once fallas por día, situación que compromete su correcta operatividad y la vida de los pacientes.


“Si el paciente está conectado a equipos que controlen su respiración o están en quirófano, pueden morir por una falla de electricidad, así sea una cirugía pequeña” indicó Orihuela, agregando que dicho factor incide en la tasa de mortalidad de niños en el país, cuyo índice ha aumentado durante los últimos años.


Un problema de suministro energético



Según la Asociación Venezolana de Ingenieros Eléctricos y Mecánicos (Aviem) las fallas que afectan a  todo el territorio nacional, y por ende a la red hospitalaria, se deben a las debilidades estructurales de la Central Hidroeléctrica Simón Bolívar, que provee entre un 85% y 90% de energía al país.


 


De este porcentaje la región suroccidental, integrada por los estados Mérida, Táchira, Trujillo, el Sur del Lago de Maracaibo y parte de Barinas y Apure, percibe solo un 28%. En esta región, el suministro energético está limitado a 350 de los 800 megavatios que se requieren, porque no existe una red de transmisión que aporte una mayor cantidad desde la central hidroeléctrica, pero tampoco suficiente capacidad de generación local.


Según registros actualizados de la Aviem, 91 por ciento del parque de generación local, tanto hidroeléctrico como termoeléctrico, está fuera de servicio por fallas de  planificación y falta de mantenimiento, situación que conlleva a los  racionamientos eléctricos permanentes.


Ante estas circunstancias, el Instituto Autónomo Hospital Universitario de Los Andes (Iahula) y otros centros de salud del país han optado por usar plantas eléctricas para garantizar el funcionamiento de sus servicios durante los cortes eléctricos.


Sin embargo, Winston Cabas, presidente de Aviem, considera lamentable que, por la inestabilidad de la red eléctrica nacional, las reservas se usen como reemplazo del suministro.


A pesar de las averías


La intermitencia del servicio eléctrico ha comprometido la correcta operatividad de los centros de salud públicos del estado Mérida, entre ellos el Iahula, principal hospital de la entidad andina.


En dicho centro asistencial, los bajones eléctricos han dañado varios equipos, indispensables en distintos servicios de especialidades médicas. Richard Maldonado, enfermero instrumentista en el área de quirófano, indicó que se habían suspendido las cirugías electivas, que no son de emergencia, porque el aire integral de los quirófanos se había dañado.


En este sentido, Maldonado destacó que dicho aparato es imprescindible para evitar el crecimiento bacteriano. “Trabajar sin él puede traer serias complicaciones quirúrgicas” expresó. Aún así, uno de los quirófanos estuvo habilitado para emergencias extremas hasta el 18 de marzo, fecha en la que se inició la primera etapa de reparación de los aires acondicionados. Asimismo, mencionó que algunas lámparas no funcionan, situación que limita la visibilidad y prolonga el tiempo de duración de cualquier cirugía.  Este mismo problema afecta al servicio de gineco- obstetricia del primer centro hospitalario del estado Mérida.


Las fallas eléctricas también han perjudicado a la Unidad de Toxicología. Una doctora, que prefirió mantenerse en anonimato, indicó que la nevera de la unidad se estropeó y tuvieron que utilizar, durante un año, la de emergencias médicas para preservar los antídotos. Esta situación persistió hasta que la directiva del hospital obtuvo el presupuesto para adquirir una que reemplazara a la anterior.




Por su parte, Gustavo Gil, médico de la Unidad de Cuidados Intensivos, indicó que en su servicio se han dañado más de diez ventiladores destinados a la ventilación mecánica, procedimiento de respiración artificial que sustituye a la función ventilatoria de los músculos inspiratorios. De igual forma, agregó que los bajones de luz suelen desconfigurar las bombas de infusión, las cuales permiten administrar los medicamentos vía intravenosa.


Amenaza de muerte


Cada vez que se va la luz en el Hospital Universitario se enciende la planta eléctrica, pero esta tarda varios minutos en reponer la deficiencia de electricidad. A pesar de que la planta está operativa y que el lapso de espera es relativamente corto, los doctores advierten que la falta de energía, durante este período, puede ocasionar la muerte de algunos pacientes.


Aunque no ha presenciado ningún deceso, Gil explicó que en su servicio, la mayoría de pacientes están intubados y requieren de ventilación mecánica,  un procedimiento que se dificulta en un apagón.  “Cuando no hay electricidad, los ventiladores, en ocasiones, no funcionan. En estas circunstancias debemos aplicar ambú, respiración artificial por bomba manual, para garantizar la ventilación y vida del paciente” agregó.


La misma situación ocurre en otros servicios de especialidades médicas, en los que si se han registrado desenlaces fatales asociados a los recortes de luz. Según la Encuesta Nacional de Hospitales (ENH) del año 2019, desde noviembre de 2018 hasta diciembre del año pasado, se registraron en el país 164 muertes atribuidas a las fallas de energía, lo que
significa una muerte por cada dos días.


 


 


 


 


 


De acuerdo con las cifras reveladas por este estudio, los decesos aumentaron en marzo de 2019 durante los apagones nacionales. Sin embargo, una vez superados los eventos, las muertes solo se registraron de forma esporádica, pues se realizaron algunas medidas correctivas para garantizar el suministro de energía, como  la instalación de las plantas eléctricas que donaron varios organismos internacionales.


Aun así, los sistemas de reserva no representan una solución para las fallas eléctricas. El ingeniero Miguel Lara Guarenas, quien se ocupó de la Oficina de Operación y Planificación del Sistema Interconectado del país hasta 2003, explicó en Entrevista a El Pitazo que el sistema eléctrico sigue siendo vulnerable por el notable deterioro de su infraestructura y la fallida gerencia de la Corporación Eléctrica Nacional (Corpoelec).


En este sentido, José Aguilar,  ingeniero y consultor internacional en generación y riesgo, agregó que la Agencia gubernamental no ha reparado los daños ocasionados en la Central. “La cultura de Corpoelec ha sido remendar. De las subestaciones Yaracuy, que alimentan a Occidente y los Andes, y de San Gerónimo B, se llevaron dos transformadores para poder sacar más energía de Guri tras los daños de los equipos de la central en marzo de 2019. Si llegase a ocurrir un problema en esas dos subestaciones, se queda en una situación delicada porque no habrá forma de maniobrar mucho para que el servicio llegue al resto del país”.


Ante tales circunstancias, ambos ingenieros consideran que para revitalizar el sistema eléctrico venezolano, en su totalidad, se requiere de la inversión de al menos 15 millardos de dólares, de un cambio político  y que el sector sea manejado por profesionales en el área.


Por ahora, mientras persista el problema eléctrico, los centros de salud seguirán viendo mermadas sus capacidades de respuesta a quienes requieran de atención médica. La situación con el servicio eléctrico en los centros asistenciales del país, continúa siendo de pronóstico reservado


 


 


 






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