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Abdel Mario Fuenmayor Peley In Memóriam Por: Carlos Guillermo Cárdenas D

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In Memóriam

Por: Carlos Guillermo Cárdenas D
CARLOS GUILLERMO CÁRDENAS



Aquella figura radiante y talentosa, que dio los primeros pasos con gran vigor y voluntad creadora para fundar la Cátedra de Cardiología del antiguo Hospital Los Andes (1952), que luego se transformaría en Instituto de Investigaciones Cardiovasculares (1999) de la Facultad de Medicina y del Hospital Universitario de Los Andes, una enfermedad severa afectó su vitalidad orgánica y cognitiva. Su fallecimiento era una noticia que temíamos día a día, pues la afección horadaba aquel cerebro brillante y creativo.


Tuve oportunidad de tratar al doctor Abdel Mario Fuenmayor desde mi culminación de la carrera de Medicina. Mi inclinación hacia la Cardiología y el ingreso, por invitación de él al Centro de Investigaciones Cardiovasculares, como se denominaba para principios de la década de los 80s, después de cumplir con la rigurosa norma reglamentaria de ingreso, permitió el trato más estrecho y continuo. Cuando el Hospital Los Andes se trasformó en Hospital Universitario de Los Andes (1973-74), la figura médica más relevante del hospital era el doctor Fuenmayor Peley. En él gravitaba el médico de méritos académicos y asistenciales. Su recia personalidad en el ámbito hospitalario hizo posible que el Servicio de Cardiología tuviese una preponderancia de primer orden.


Luego cuando integramos la primera cohorte de residentes del postgrado de Cardiología (1977-79) del HULA, conocimos aquella personalidad que descollaba talento y sabiduría. Las reuniones clínico administrativas de los martes en horas nocturnas, eran de un elevado contenido académico y clínico, pues aparte del tema administrativo que se abordaba como primer punto de la agenda, la discusión de casos clínicos constituía una verdadera escuela de aprendizaje. El doctor Fuenmayor era el epicentro de la reunión.


El doctor Fuenmayor Peley no sólo fue un gran clínico y maestro, fue también un pensador de profundo contenido crítico y reflexivo. Sus comentarios al concluir las sesiones clínicas, que hacía a manera de epicrisis, eran de alto contenido docente dentro del proceso de enseñanza aprendizaje.


Además el doctor Fuenmayor Peley compartió preocupaciones con el gran maestro de la filosofía, el doctor J.M. Briceño Guerrero, verdadero sabio del pensamiento universal. El discurso que pronunció con motivo de la instalación de Las Jornadas Venezolanas de Cardiología celebradas en Mérida en la década de los 80s, constituyó un documento de antología para la historia de la Cardiología Venezolana.


Como añadidura a sus dotes intelectuales, tenía un fino y elegante sentido del humor que introducía la nota relajante en aquellas reuniones de gran rigor académico. Recuerdo el relato del cuento inglés de un monje, que provocó la risa colectiva de los asistentes que terminó en lágrimas de regocijo.  


En un momento crítico de nuestro acontecer universitario, su nombre surgió como potencial candidato a Rector de la Universidad, cargo que habría obtenido con gran votación del claustro universitario si hubiese aceptado la candidatura. Luego nos comentó que su principal e ineludible compromiso era desarrollar la Cardiología como especialidad con proyección nacional y latino americana.


Cuando después de 35 años de director del Instituto de Investigaciones Cardiovasculares culminó su gestión, continuó prestándole invalorables aportes a la Cardiología, como presidente de la comisión científica del Instituto.


Para sus hijos Abdel José, cardiólogo, Akbar, pediatra intensivista y Ramsés, ingeniero de sistemas, todos profesores universitarios y resto de la familia, nuestro apoyo y solidaridad en la hora de despedida de vuestro padre.  


El doctor Fuenmayor Peley pasará a la historia de la medicina regional y nacional como un gran médico y académico, de relevantes méritos y acrisolada honradez y conducta ciudadana. Fue y seguirá siendo para nosotros sus alumnos, gran ejemplo de rectitud y probidad.


CGCD/16 julio 2020






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