Mérida, Octubre Jueves 21, 2021, 05:15 am

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Administrando el terror por Antonio José Monagas

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Antonio José Monagas


La teoría administrativa alcanza mucho más allá de lo que concierne a la empresa. Toca razones y proyectos de vida. Asimismo, condiciones que limitan el devenir del ser humano. Condiciones que abarcan no sólo virtudes, oportunidades o fortalezas. También, aquellas que rayan con debilidades, amenazas y temores. Puede hablarse de la administración del tiempo, así como de la administración del terror. Sobre todo, del terror que infunde un régimen político que busca sorprender a quien pueda con la intención de paralizarlo o intimidarlo. De ese modo, le resultará sencillo someterlo a las imposiciones que improvisada o deliberadamente establezca. 

 

Al igual que la administración de empresas busca ordenar los procesos que se corresponden con el aprovechamiento de los recursos y capacidades en función de las situaciones por las que transitan los negocios y operaciones financieras, asimismo sucede con la administración del terror. Todas son fases o momentos que comprometen la organización, planificación, coordinación, administración, control y evaluación de cada convenio transado de cara al éxito solicitado. Asimismo, los regímenes políticos cimentados sobre objetivos (sin fondo) de poder, diseñan sus estrategias en términos de metas que les asegure el arribo a sus tramados propósitos. Siempre, basando sus perspectivas en las intrigas que encierran la administración del terror.

 

Es así como regímenes de “pezuña larga”, acomodan su gestión apostando al “éxito” de la misión. Esbozada ésta con el auxilio de la mayor alevosía posible. Sólo así puede garantizar el acceso a estadios de poder político configurados según intereses pautados de antemano. Pero encubiertos por discursos disfrazados de amplitud. Capaces de despertar el suficiente respaldo que se plantea endosando el acceso más inmediato al poder político.

 

Esos regímenes se cuidan de no dejar sus urdidos propósitos al descubierto. Por eso adecuan realidades que busquen propiciar la confianza necesaria entre quienes caen rendidos a las tentaciones expuestas. Esos mismos regímenes, saben que en la ganancia de la confianza solventan buena parte del problema que genera la suspicacia. Así logran ganar el suficiente espacio político al conquistar las aspiraciones más escondidas del elector. Sobre todo, del elector que fácilmente se presta a permutar su dignidad o conciencia por un cargo donde pueda cristalizar  sus apetencias.

 

Fases de la administración del terror

 

Pero, ¿cómo esos regímenes de “medio pelo” administran el terror? Justamente, mediante una gestión impuesta por la coacción, la violencia y la arbitrariedad. Para ello, emplean métodos apegados a los postulados de la teoría administrativa. Aunque a distancia del encadenamiento de instancias que requiere el ordenamiento empresarial para encausar sus planes. Sin embargo, alcanzan el éxito proyectado, o una parte considerable de sus planes. 

 

Entre las primeras acciones que determinan sus oscuros propósitos, está el trabajar la confianza de sus seguidores. Por tanto, se valen de cuanta maña manejan para infundir en fanáticos y alborotados algunas habilidades proselitistas que sirvan a la causa política en proceso. Alcanzada esa fase de preparación propia de la organización que pauta la teoría administrativa, le inculcan la disposición a partir de la cual mejor desarrolla sus “talentos”. Pero no talentos para actuar a favor de requerimientos sociales, espirituales o culturales. Sino en contrario. O sea, a instancia de los intereses políticos que configuran el patrón ideológico del proyecto político elaborado bajo la inspiración del terror a ser consignado y ejercido al trepar el poder.

 

En azarosa coincidencia, la administración del terror se vale de significativas premisas empleadas por la teoría empresarial para acuciar la motivación. Pero aquella, la emplea para infundir el terror que luego imparte apoyándose en el miedo propagado. Ese mismo régimen político, empeñado en procurar una cierta gobernabilidad que favorezca sus conspirativos planes, sabe que el hombre se convierte a menudo en lo que piensa de sí mismo. En consecuencia, trabaja adherido al propósito de internalizar la creencia de ser convencido en lo que el proyecto político busca. De esa forma, adquiere la capacidad de hacer lo ordenado. En consecuencia, comienza así la formación de agentes que laboran al servicio de los intereses del régimen en lo concerniente a inculcar porciones de miedo que luego la administración del terror se encarga de canalizar. 

 

Es la vía preferida para tramoyar montajes de mentiras, amenazas creíbles, asesinatos morales o físicos de quienes se atreven a desmentir la gama de falsedades de las que se valen los regímenes de oscuridad para actuar a sus anchas. Y para lo cual, se sirven de la hegemonía comunicacional e informativa que han deparado con base en apestosas conminaciones. Eso lleva a que tales regímenes tengan un surtido stock de provisiones fácticas que disparan el terror en la población. Y está a la orden de la represión. 

 

Esos procesos de administración del terror propio de regímenes tramoyeros, explota la imaginación de sus operadores políticos para entonces esparcir la confusión con la  que invaden la conciencia de la población. Así le resulta fácil, complicar toda situación que presuma de alterada a los ojos del régimen. De manera que el miedo que puede despertar cualquier pronunciamiento popular que llame a la rebelión de la sociedad, el régimen lo responde aguzando sus procedimientos con los que infunde terror. Pero terror éste administrado con sus recursos de intimidación, violencia extrema y odio de retorno. 

 

O sea, el miedo lo repele creando terror. Aunque un terror impulsivo. Esa es la forma de cómo un régimen de manifiesta oclusión o régimen dictatorial, busca sobrevivir en el poder. Para ello afianza su praxis terrorífica en depuradas técnicas y maniobras mientras justifica el tiempo y lo consume administrando el terror.





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