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Hamilton humilla: casi todos doblados en Hungría

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LEWIS HAMILTON


Octavo triunfo del inglés en Hungaroring y Carlos Sainz, décimo en una carrera sin emoción

Siete temporadas después del primer título de Mercedes en esta era híbrida de la Fórmula 1, el coche germano fabricado en Inglaterra es aún más hegemónico. Es tan superior que humilla. Es insultante para los competidores, tedioso para los espectadores y nocivo para el espectáculo que se supone es la Fórmula 1. En Hungría, circuito lento, sin espacio para los caballos del motor, sin opción de adelantamientos, una pista para tortugas, Hamilton pisoteó a sus rivales. Dobló a todos los coches salvo a tres, el talentoso Verstappen, su compañero Bottas y el cohete de Racing Point con Stroll. Ferrari, McLaren, Renault, todos los coches sucumbieron ante el tremendo Mercedes. Aburrimiento total. Es el octavo triunfo de Hamilton en Hungría, otro récord de éxitos parciales: Schumacher tiene también ocho en Magny Cours (Francia). Carlos Sainz terminó décimo después de una bonita lucha con su futuro compañero Charles Leclerc.

Lo más emocionante del domingo fue el reto al que sometió Max Verstappen a sus mecánicos. Accidentado contra las vallas en la vuelta de formación, los empleados de Red Bull tuvieron apenas veinte minutos para reparar un coche dañado, sustituir el alerón frontal y ajustar ejes y ruedas para que el fenómeno holandés consiguiera salir desde la parrilla y no desde la calle de garajes.

Cumplieron los mecánicos en esa contrarreloj a tiempo récord y obtuvieron la recompensa del tulipán, que llevó a cabo una carrera magnífica, acabó segundo y les dedicó el podio a sus compañeros de fatigas en las declaraciones públicas.

La hegemonía de Mercedes es dañina y antihigiénica para la Fórmula 1. Anula la competencia, destroza cualquier emoción y ahuyenta a los patrocinadores. Seis años de dominio, unas veces apabullante y otras simplemente eficaz, han derivado en la séptima temporada en una humillación casi inadmisible. No puede ser que el Mercedes doble a todos los coches, los Ferrari, los McLaren, los Renault, un Red Bull.

Hamilton, que es un genio al volante, el mejor piloto de la actual F1, conduce con el codo en la ventanilla, despreocupado. Tanto que se permitió la licencia, casi grosera, de parar en las últimas vueltas para poner los neumáticos rojos, hacer la vuelta rápida y llevarse todo el botín de Hungría. Victoria, pole y vuelta rápida. Si no hay coche de seguridad, es un triunfo seguro de un Mercedes.

Por lo que respecta a la opción de triunfo, no hubo nada más. El buen rendimiento del delfín de Hamilton, Verstappen, la velocidad del otro Mercedes, con Bottas, y el impresionante rendimiento del Racing Point, el Mercedes de 2019 le llaman, con Stroll cuarto y Sergio Pérez séptimo.

En una carrera sosísima y que penaliza al propio deporte, Carlos Sainz realizó una gran salida, otra más, soñó con algún plan potente y volvió a arruinar la tarde en las paradas en el garaje. «Esta vez no fue culpa del equipo ni de nadie. Tuve mala suerte al volver a pista con el tráfico», comentó el madrileño, autor de un hermoso adelantamiento a su futuro compañero en Ferrari, Charles Leclerc.

ABC





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