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FINAL DEL MUNDIAL SUB-20 FEMENINO | ESPAÑA, 1 - JAPÓN, 3

España se descubre al mundo

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Japón campeona del mundo sub 20


A la selección sub-20 no le basta con la maestría de Patri Guijarro, mejor jugadora del torneo, y el desparpajo de Navarro. Cae ante el orden y la intensidad de Japón, pero se muestra como una gran potencia

No les bastará, ellas no se conforman con poco. Pero ya han hecho historia. Porque jugar la final de un Mundial de fútbol sub-20 no es poca cosa. Porque se quisieron adueñar de la pelota. Y porque compitieron hasta el final. Pero con eso no es suficiente. Bien lo sabe España. No es suficiente con tener siempre a mano a Patri Guijarro, majestuosa. No es suficiente con querer e intentarlo. No ante los mejores. No ante una selección de Japón con las cosas claras, que se adaptó a lo que le exigía el partido en cada momento.

No le faltaron ocasiones a España en los primeros minutos. Fueron las de Pedro López las que asumieron el mando desde el inicio. Sabían que la mejor manera de gobernar el partido era controlar el balón. Lo quiere a menudo Japón, de modo que si ganaban esa batalla podrían defenderse mejor y atacar cómo y cuándo quisieran. El primer aviso lo dio, cómo no, Guijarro con un cambio de orientación desde la medular que recibió Eva Navarro por la derecha. La joven delantera, puro desparpajo, centró y fue la misma Guijarro la que remató. Pero atrapó Stambaugh. Estuvo acertada bajo los palos la guardameta japonesa. Pero lo que más desquició a las españolas no fue tanto el no poder batirla, sino el hecho, recurrente, de tropezar contra un muro.

Equilibrada Japón, con dos marcadas líneas de cuatro en defensa, dejaba pocos espacios en los primeros metros. Les costaba a Pujadas y a Aleixandri salir con el balón desde atrás. Se iban pasando la pelota la una a la otra, una y otra vez, tratando de no desesperar. Cuando conseguían sobrepasar la primera línea, el balón casi siempre acababa en los pies de las mismas jugadoras. En los pies de Guijarro, la capitana, la líder, la estrella, el timón en el centro del campo, la goleadora del torneo (Bota de Oro con 6 goles y Balón de Oro como mejor jugadora del campeonato). Responde al grito de Patri, todas la buscan, todas la llaman. Recibe, distribuye, remata. O en los pies de Eva Navarro, la benjamina, una bala en el extremo derecho: corre que se las pela, llega a los balones que quiere. Si el juego de España se cocinó por el carril derecho durante todo el primer tiempo fue sustancialmente por culpa suya. Por su atrevimiento. Y también, probablemente, porque Japón tenía una pequeña grieta a espaldas de la murciana.

"Queda espacio por detrás, la 20 no baja", gritaba un miembro del cuerpo técnico español. La 20 es Endo, la mayor asistente del torneo (cinco pases de gol), desentendida de labores defensivas. Por su sitio era precisamente por donde llegaba una y otra vez Navarro. Claro que le cundió a Endo más que a la jugadora del Levante. Pocos minutos después de que Guijarro tuviera el gol casi tan cerca como la portería —la sacó Takahashi, que ejerció de puerta—, llegó el primer gol de Japón. Fue un disparo magnífico desde fuera del área de Mizagawa. Regateó, encontró un hueco entre la defensa española y lanzó un cañonazo. Cata Coll no llegó, demasiado alta. La jugada había nacido, nada sorprendente, de los pies de Endo.

Cada vez más atrevidas, las niponas recobraron el pulso del partido. Triangulaciones maravillosas y contragolpes demoledores. Si España tenía el balón ellas podían esperar a que se les abrieran los espacios en alguna pérdida inesperada en el centro del campo. Cuando eso ocurrió llegó el primero. Y todavía se animaron más. Tras el descanso, España perdió intensidad. Y las combinaciones de Japón terminaron con sus ánimos. Como lo hizo la belleza del segundo gol. Takarada cruzó ante Coll tras un magnífico despliegue en el área de Ueki, que entregó el balón de espaldas.

La Rojita ya no mimaba tanto la pelota. La intensidad del rival no se lo permitía. Y también lo intentaba menos. Alicaídas, achicado el campo, cayó el tercero. Parecía imposible ver vencida a Cata Coll, la heroína de la semifinal, todo carácter y ambición, rendida ante los balones altos de sus rivales. Le ayudaron sus compañeras a venirse arriba. La reacción fue inmediata, como si necesitaran tocar fondo para espabilar. Se habían intercambiado los papeles, así que fue en una contra cuando Rodríguez entregó a Andújar y esta metió con sutileza en balón en la portería. A los dos minutos Pina estampó un balón en el larguero. Quedaban todavía 15 minutos. Pero en esos minutos se esforzó Japón, consciente de su ventaja, por recuperar su orden. Y su solidaridad en defensa. Además, no se olvidaron de atacar. No lo hizo Ueki en ningún momento, que por algo es la goleadora del equipo (5 tantos).

No bastó. No les basta a este grupo de 21 chicas que han logrado que haya todo un país pendiente de un partido de fútbol femenino. Pero le basta a España, que asiste a un verano en que el que las chicas han triunfado con el balón en los pies. El verano en que España se descubre como una potencia mundial.

EL PAÍS





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