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RETIROS DEL CLERO EN TIEMPOS DE PANDEMIA POR PADRE EDDUAR MOLINA ESCALONA

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PADRE EDDUAR MOLINA ESCALONA



La pandemia que azota la humanidad nos ha llevado a una nueva sociedad confinada en el aislamiento, la soledad y el vacío, con nuevos estilos y modos de convivencia. También toca la puerta de nuestra Iglesia. No escapamos a esta dura realidad y estamos ante el reto, como sacerdotes y bautizados, de asumir el desafío de un nuevo cambio de estilo, expresiones y modos de vivir nuestra fe. Tarea a la que no nos podemos sustraer. Tal como lo dice el Papa Francisco: “…para no sustraernos a esta tarea es necesario que nos dejemos provocar, que nos dejemos llamar por las circunstancias en las que nos encontramos, de modo que podamos encontrar la forma más adecuada para testimoniar la fe en el momento histórico actual: ´Las circunstancias son el factor esencial de la vocación y de la misión´”.


 


Cada año los sacerdotes de nuestra Arquidiócesis de Mérida nos encontramos como familia en los ejercicios espirituales en San Javier del Valle, singular oportunidad para la reflexión, el descanso y el compartir fraterno. Este año la peculiaridad de la cuarentena, no nos ha permitido el poder estar todos juntos, pero si ha favorecido el  “reinventarnos”, el “hacer algo nuevo”, al estilo de las primeras comunidades cristianas, en pequeños grupos por cada zona pastoral de la Arquidiócesis, ocasión privilegiada para el encuentro fraterno, la oración compartida, el seguir por primera vez no a un predicador en un salón de casa de retiro, sino el hacernos presentes desde una sala virtual guiados por lo novedoso de la aplicación Zoom, con una rica y variada reflexión sobre los temas de la vida y obra del nuevo beato. “José Gregorio Hernández, camina con Venezuela”, propuestos como guía para la misión nacional, en este camino a la beatificación del “médico de los pobres”. Con la participación de varios sacerdotes a cargo de cada tema, pudimos conocer a profundidad las diferentes facetas de la fecunda vida y servicio del médico trujillano. Desde su realidad familiar, de hombre de su tiempo, su vocación a la vida religiosa, su integridad como ciudadano constructor del bien común,  excelente profesional, su ejemplo de fortaleza en el dolor, su capacidad de convertir las dificultades en oportunidades para el crecimiento y el aprendizaje, pero sobre todo su preclaro testimonio como laico comprometido que sabe ser sal y luz de Evangelio en los ambientes más hostiles a la Iglesia,  su talento para poner en dialogo la ciencia con la fe y su testimonio de Iglesia de la misericordia que se compadece de los pobres y olvidados de nuestra sociedad.


 


Mirar nuestro ministerio sacerdotal desde el ejemplo del médico beato nos abre al camino de la misericordia, estamos llamados al igual que el Dr. Hernández  a vivir con las mismas actitudes y gestos de Jesús que se compadece, se acerca, levanta y sana tantos corazones desgarrados por el dolor y la ausencia. Al igual que el beato José Gregorio estamos llamados a proclamar la misericordia de Dios, presente en su Iglesia, en cada rostro del hermano que sufre y necesita nuestro consuelo y esperanza.


 


Es bueno recordar que los cambios y reformas para nuestro beato andino, sólo se dan desde la experiencia de hombres “renovados”, sanados primero en su alma, como un camino de “conversión y una purificación permanente”, solo así podremos entonces cambiar las estructuras de la sociedad.


 


Este tiempo de ejercicios espirituales nos ofreció la gracia de “renovarnos”, de profundizar en ese camino de conversión de nuestro ministerio, para lanzarnos a los nuevos caminos que exige de cada uno de sus sacerdotes hacerse presente en el desafío de un mundo confinado y acorralado por el miedo, siendo signo de consuelo y  alegría en cada familia, “Iglesia doméstica”, presencia de Evangelio vivo en los espacios del mundo digital, sin perder la esencia de nuestra identidad sacerdotal: “nos llamó para estar juntos con Él” (Mc 3,13-19)


 


Como siempre contamos la certera guía y acompañamiento de nuestro Cardenal Porras y su obispo Auxiliar Monseñor Luis Enrique Rojas, orientadores y animadores de estos espacios de encuentro. Así como de tantas personas que con su generosidad y cercanía hicieron posible nuestro retiro, que el Señor les multiplique en gracia y salud.


 


Los ejercicios espirituales de este año nos han puesto en camino, salir de nuestra cuarentena, observando las medidas de seguridad en tiempos de pandemia, para animarnos a seguir construyendo juntos la Iglesia que tiene rostros concretos como José Gregorio Hernández, tal como nos invita el Papa Francisco: Quien no se pone en camino, nunca conocerá la imagen de Dios, nunca encontrará el rostro de Dios. Si un cristiano quiere conocer su identidad, no puede quedarse cómodamente sentado en un sillón ojeando un libro, sino que debe ponerse en camino y “buscar el rostro del Señor”, pues de lo contrario corre el riesgo de hacer “una caricatura de Dios”. Los cristianos que permanecen sentados, no conocerán el rostro de Dios: no lo conocen. “Ponerse en camino” significa también “dejar que Dios o la vida nos pongan a prueba, ponerse en camino es arriesgar”.


 


Mérida, 13 de septiembre de 2020






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