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Desde mi Parroquia

“Las Bodas de Piedra del Cardenal” por Padre Edduar Molina Escalona

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Este 17 de septiembre nuestra Iglesia merideña se llenó de alegría al celebrar los 37 años de consagración episcopal, las Bodas de Piedra, de nuestro VI Arzobispo Metropolitano y Administrador Apostólico de Caracas., S.E.R. Baltazar Enrique Cardenal Porras Cardozo.


Aquella memorable fecha de 1985, en nuestra Catedral Inmaculada, recibió la imposición de manos del recordado Cardenal José Alí Lebrún, junto a nuestro santo obispo Miguel Antonio Salas, y el obispo misionero de la caridad, Monseñor Domingo Roa Pérez, Arzobispo de Maracaibo para el momento.


El joven Obispo venía formado con las luces de la Universidad salmantina y la experiencia pastoral de las tierras llaneras calaboceñas. Llegó para consagrarse por entero al servicio de nuestra gente, sobre todo de los más apartados rincones de la geografía regional andina y sin dejar de participar, y protagonizar, su contribución en la Iglesia en salida, presente en las periferias de la sociedad y en la misión de la Iglesia en Venezuela, Latinoamérica y en el mundo.  


Por años hemos visto un Pastor con olor a oveja, cuantas veces después de su regreso de compromisos con la Iglesia Universal,  de la lejana Europa u otra latitud, se enrumba a los apartados pueblos del sur, por caminos de recuas o por los fríos páramos, con las inclemencias del tiempo, los difíciles caminos de la serranía, siempre con su alegría, buena disposición y cercanía con todos, sobre todo con las más pobres, fortaleciendo las iniciativas de emprendimiento y su preocupación constante por una mayor calidad de vida y justicia social. Cuantos recuerdos con sus preferidos monaguillos, animando la ilusión de nuestros jóvenes, así como el orgullo de nuestros mayores de los pueblos que se honran al decir: “somos amigos del Cardenal”. Una roca firme de amigo y compañero de camino.


En sus primeras palabras de ordenación episcopal expresó: “a todos los campesinos de la Sierra y de las zonas bajas…quiero cumplir el mandato pontifical de amarlos con amor de padre y hermano”. Palabras que hoy se guardan como sus Bodas de Roca, imborrables y marcadas por siempre en el corazón de su gente merideña. La fructífera siembra de nuestro “Padre y Hermano” es la de un auténtico “mochilero de la fe”, atento a las tradiciones de fe y trabajo de cada rincón de esta Mérida preciosa.


Lo hemos visto en la cotidianidad del campesino “rezar y trabajar”, interesado por conocer de cerca sus vidas sencillas, maestro de la escucha de las fecundas conversaciones con nuestros mayores, “puliendo la piedra” de sus valiosos valores. Como el mismo lo advierte: “pueblos que tienen poco sentido histórico, como el venezolano, está dejando escapar la pequeña y menuda historia local y regional, tejida de las expresiones más genuinas del ser de nuestras gentes” (Crónicas Menores Merideñas 1992-2015, Mérida, pág. 211 2016).


Es pionero en promocionar y acompañar sus manifestaciones religiosas, conocedor a profundidad de nuestras devociones, de sus cofradías, de sus cantos, versos y bailes. Con su pluma deja asiento de toda esta riqueza cultural y espiritual, pero lo mejor es su afán en hacer visibles los rostros de nuestros invisibles de la montaña andina.  Dios le pague querido Cardenal.


Sin olvidar su gran roca firme que será inamovible en nuestra Mérida: “el pastor de las letras y luces de nuestra Universidad de los Andes”.


Que el Señor nos ayude a continuar y preservar la buena siembra de nuestro Arzobispo Metropolitano en esta tierra bendita de Mérida, sobre todo la de los muchos sacerdotes que hemos sido formados a la vera de su sapiencia y ejemplo, para encontrar en su Eminencia Baltazar Cardenal Porras, un modelo de Iglesia en salida, samaritana y profética de los nuevos tiempos que estremecen al mundo por la pandemia y tantas situaciones angustiosas.


Hoy Mérida le agradece su consolidado episcopado, que es coronado con su cardenalato como continuador de esa nueva y renovada Iglesia de Francisco.  "Tú eres Pedro y sobre esta piedra edificare mi Iglesia..." (Mt. 16, 13:20).


Con motivo de sus 50 años de su sacerdocio, el Papa Argentino le escribió una misiva que hoy la queremos hacer eco de gratitud: “apreciamos la preocupación en tu ministerio por el cuidado de todos tus deberes, principalmente el bien espiritual de todos los a ti confiados, sobre todo en la atención a los pobres, la disponibilidad y sencillez, por lo cual todos te reconocen como varón humano, sacerdote virtuoso y obispo prudente”. (Roma 30 de julio de 2017)


 


Mérida, 20/09/2020






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