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Trump y Biden se enfrentan en un debate sin apretón de manos y casi sin público

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DEBATE EN EE.UU.


El exvicepresidente y candidato demócrata llega por delante en las encuestas a un cara a cara que se anticipa brutal


Una asesora republicana ha comparado la expectación ante el primero de los tres debates presidenciales cara a cara que Donald Trump y Joe Biden protagonizan este martes por la noche en Cleveland (Ohio) con la de la SuperBowl, el evento, deportivo o de cualquier tipo, que más público aglutina ante las pantallas en Estados Unidos. Pese al desgaste por abuso de los superlativos el símil es más que ajustado. Los 90 minutos de duelo entre el presidente republicano de Estados Unidos y el candidato demócrata se plantean como un momento crucial en la campaña a poco más de un mes para las elecciones del 3 de noviembre. Y, como en el fútbol americano, un deporte de contacto, el choque puede ser brutal.


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El momento hace las aguas favorables a Biden y tiene a Trump a la defensiva. El demócrata llega al debate como favorito en las encuestas nacionales y con ventajas en algunos estados que pueden ser definitivos. Su demostrada empatía y su capacidad para compartir el dolor es un arma de valor inapreciable cuando el coronavirus, además de dejar una crisis económica, ya se cobrado más de 200.000 vidas en EEUU, un hecho al que Trump raramente hace mención o ante el que ha mostrado escasa compasión.


Tanto la pandemia como la nominación de la jueza conservadora Amy Coney Barrett para sustituir a Ruth Bader Ginsburg en el Tribunal Supremo ponen además en bandeja al exvicepresidente de Barack Obama seguir su estrategia de poner el foco en el sistema sanitario y el Obamacare, en asalto perpetuo por los republicanos. Y el presidente, aunque es un hombre aparentemente de teflón al que no se le adhiere ningún escándalo, llega golpeado por la exclusiva sobre las estratagemas con que ha esquivado el pago de impuestos federales publicada el domingo por 'The New York Times'.


Dos estilos


Biden lleva desde la semana pasada con una agenda muy limitada para prepararse intensamente. Tanto en su debate en primarias con Bernie Sanders como en los vicepresidenciales del 2008 con Sarah Palin y el 2012 con Paul Ryan demostró que pese a las meteduras de pata o balbuceos frecuentes en su carrera, es bueno en los debates. Está, en cualquier caso, lejos de poder llegar tranquilo a su cita con Trump.


Formado hasta la maestría en sus años en televisión, el presidente ya demostró en la anterior campaña su fuerza en los escenarios de debate y su disposición a argucias y golpes bajos. También durante la presidencia ha evidenciado su desprecio por las reglas del decoro, por los hechos o por la verdad. Lleva dos años ya denigrando a Biden, de 77 años, solo tres mayor que él, con el calificativo "grogui" y en los últimos días ha sugerido, sin pruebas, que el demócrata toma medicación para mejorar su actuación, retándole incluso a someterse a una prueba de dopaje. Y además de planear atacar a Biden como supuesto representante o aliado de la extrema izquierda, nadie duda de que pretenderá hacerlo también a través de su familia (especialmente su hijo Hunter pero también sus hermanos). Quizá incluso se atreva, cuando él ha sido acusado por más de dos docenas de mujeres de conducta sexual inapropiada, a sacar a relucir las acusaciones contra Biden planteadas por Tara Reade.


La clave para Biden, según expresan estos días analistas y estrategas, será no perder la calma, no dejarse arrastrar por las provocaciones de Trump y tampoco dedicarse demasiado tiempo a hacerle 'fact checking'. Es probable que tampoco lo haga Chris Wallace, un presentador de Fox que en el pasado ha retado con datos afirmaciones falsas del presidente pero que como moderador del debate no tiene ese papel.


Es Wallace quién ha elegido los seis temas que se abordarán en segmentos de unos 15 minutos a partir de las nueve de la noche (tres de la madrugada en España). En esa lista, preparada antes de que se publicara la información sobre los impuestos de Trump, están el historial de los dos candidatos, el Tribunal Supremo, la pandemia y la economía. También se va a tratar el momento de tensión social que se vive por las protestas contra la injusticia racial y la brutalidad policial (un asunto que controvertidamente Wallace englobó bajo el título "raza y violencia en nuestras ciudades"). Y hay un asunto más que es nuclear en estas elecciones: la integridad de las elecciones, puesta en la diana por Trump.


Impacto limitado, pero de peso


Los debates tienen un impacto limitado pero este puede ser fundamental. Si ya siempre el primero es el de más peso, esta vez lo es más que los agendados para el 15 y el 22 de octubre (y el de vicepresidentes del día 7) pues la pandemia ha incrementado el uso del voto por anticipado, ya en marcha. Además, incluso mínimos movimientos pueden tener máximo impacto esta vez, especialmente porque según sondeos como uno reciente de 'The Wall Street Journal' y NBC, estas citas son especialmente importantes para votantes determinantes en estos comicios: los más jóvenes y los más mayores, los hispanos, los electores sin educación superior y los de áreas rurales.

EL PERIÓDICO





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