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Parte médico: Manuel Escribano sufre una cornada grave en el perineo

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Escribano


El diestro Manuel Escribano sufrió en Belmonte (Cuenca) una faena cogida por el toro que abrió el festejo, que le infirió una cornada en el perineo, de la que sangró abundantemente. El sevillano fue intervenido en la clínica Santa Cristina de Albacete. Según el parte médico que aparece en el twitter del torero, "presenta hrida perianal derecha suturada y con drenaje de penrose que sale por incisión. Varias heridas en la cara suturadas. Al explorar la herida perianal y hacer presión en región inguinal, se comprueba salida de sangre por drenaje de penrose, motivo por el que se decide una reintervención de urgencias. Con anestesia general, se procede a retirada de puntos y drenaje. Al realizar exploración, se observa arteria muscular con hemorragia activa que se liga y trayectoria de 15 centímetros con dirección a región inguinal que produce rotura de la musculatura adductora, de pronóstico grave".

Según informa Efe, el festejo quedó, a las primeras de cambio, en mano a mano entre Emilio Huertas y Aitor Darío "El Gallo" por culpa de esa cogida de Manuel Escribano en el inicio de faena de muleta al que abrió plaza.

El sevillano esperó de rodillas al de Las Monjas, que estaba algo abierto, y tras el primer muletazo por alto el toro lo arrolló propinándole una cornada en la zona del perineo que sangró abundantemente en un primer momento, y un golpe en la cabeza, del que igualmente manó sangre.

Una vez estabilizado en la UVI móvil de la plaza y comprobado el alcance sin riesgo grave de la herida fue trasladado a Albacete para un estudio más en profundidad, lo cual causó un receso hasta que llegó una nueva UVI móvil al coso conquense, dilatándose la duración del festejo hasta cerca de las tres horas.

Las dos únicas orejas de la tarde-noche llegaron en los dos últimos toros. La primera fue a manos de Emilio Huertas en el quinto, fundamentalmente por su acierto con la espada al primer intento, ya que tanto en éste como en su primero tan solo cabe destacar su voluntad de agradar, sin conseguir lucimiento ni limpieza en sus trasteos.

Al que hirió a Escribano se lo quitó de en medio sin intentar realizar faena de premio.

El Gallo, que hacía su segundo paseíllo como matador de toros, evidenció un muy interesante concepto clásico del toreo frente a un lote que no ofreció posibilidades de realizar toreo de exquisiteces. Su manejo del estoque de matar, sin embargo, necesita ser afinado, ya que pinchó reiteradamente sus toros, a excepción del sexto, al que cazó a la primera consiguiendo un trofeo.

 

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