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Comida en los 80 por Jim Morantes

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Jim Morantes



El recuerdo de nuestros primeros años, se caracteriza de la rica nostalgia, aderezada subjetividad que llena de alegría el lecho mental, voy a continuar con la historia suscitada en la escuela básica Rafael Antonio Godoy, en especial con la narración de lo que fue y dejo de ser.


 


Describiré brevemente la ruta gastronómica de un niño, matizada por la cantina escolar, la bodega de la esquina y los ricos granizados de múltiples colores para dar camino a las famosas obleas. A pasos de la salida del colegio, se encontraban sobre la acera en 2 o 3  cabás de anime, atendidas por vendedores de nacionalidad  colombiana, en esa época ocurría lo contrario, los colombianos se encargaban de vender, helados, cotufas saladas o azucaradas, ropa en la calle (buhoneros entre calles 25 y 26 por la Av.5), mercadería ambulante de casa en casa y muchos por su origen eran discriminados.


 


Su función consistía en realizar labores que a los connacionales no les gustaba efectuar, por ende buscaban empleos de obreros y capataces en las fincas del sur del lago (excelentes trabajadores), muchachas de servicio, mesoneros, nanas o cuidadoras de niños, peluqueras, maquilladoras, carpinteros, porteros, mecánicos, herreros, costureras, vigilantes, talabarteros, choferes, mensajeros y en fin cualquier actividad que no era del agrado para el venezolano.


 


Aclaro los colombianos son excelentes personas, inteligentes, creativos, emprendedores, dignos de amar y admirar, no obstante, toda regla tiene su excepción, las chicas de la vida alegre o damas de compañía, algunos malandros, carteristas o sicarios para mediados de los 80 eran colombianos y por aquellas circunstancias de la vida, hoy les ocurre lo mismo a nuestros compatriotas dispersos a lo largo y ancho del globo terráqueo, se cumple a cabalidad lo establecido en las sagradas escrituras “como haces, te harán” y la humillación, es mayor con mucho dolor y miseria para nuestros hermanos.


 


   Volviendo a las obleas, la sencilla venia rellena de arequipe picada por la mitad, su valor era de medio (0,25centimos) y las especiales, igualmente rellenas de arequipe pero en lugar de picarla le colocan otra encima del relleno, es decir, integraban las 2 obleas y las cubrían con chispas de chocolate y/o lluvia de colores, a tan solo un real (50 céntimos).


 


Al lado se encontraban  los carritos de helados EFE o Tío Rico por lo menos 1 o 2  y eventualmente los días viernes cada 22 o 31 días a la salida de clases, pasaba el carro de helados con música, era una motoneta Fiat llena de helados y al escuchar la típica melodía, salíamos corriendo a comprar barquillas o helados.


 


En mi caso provengo de una familia divorciada, situación que conllevaba a una rutina periódica de comer en la calle casi todos los días (literalmente) con mi padre en diversos lugares, mientras estaba en primaria, era común acudir a las vitaminas de Miguelito en la parroquia, también frecuentábamos un restaurant de comida Coreana, ubicado en la calle 29 con esquina de la Av 3. Independencia, específicamente al frente de donde hoy se encuentra ubicado Te Café (años más tarde serviría de escenario para tomarme unos tragos y comer al estilo universitario).


 


A dos cuadras y media de la plaza El Llano no podía faltar el tradicional  pollo asado, acompañado de ensalada de zanahoria con repollo y mayonesa, yuca, hallaquitas guasacaca verde, picante rojo y batidos de frutas, también servían la parrilla mixta en Pollos 3era Avenida (lamentablemente cerró sus puertas). A una cuadra se encontraba el Bar Restaurant La Concordia en la esquina al frente del edificio Alba por la Av 2 Obispo Lora y dos cuadras más abajo el Bar Restaurant Los Andes en la esquina de la Cruz Verde y al frente una pizzería, sólo atendía después de las 6pm; bajando por la Av. 4 Bolívar  entre calles 32 y 33 también se comía al lado de la pensión de Rafael y Domingo, hoy el Super Tostón Mexicano, diagonal en la esquina de la 4, funcionaba  Pilarica, como cafetín en la mañana y restaurant después del mediodía, atendida por sus dueños italianos. A pocas cuadras la Arepera Glorias Patrias (Hoy Farma completa), a modo de anécdota mi amigo Homero Lobo, le compraba los cigarros Negro Primero a Luis Bernardo Sardi dirigente del MAS (falleció como cónsul en Italia) y en ocasiones asistíamos (mi padre y yo) a la arepera que estaba en la Av. 4  esquina de la plaza Bolívar, diagonal a la Catedral, al lado del banco de Maracaibo, hoy Consejo Legislativo del Estado Bolivariano de Mérida.


 


Los fines de semana le correspondía a Chez Peppino, Chipen, Bimbo, el Chino ubicado por la Av. 5  diagonal al Boulevard de la Catedral o al de los Chorros de Milla y no podía faltar la parrilla Argentina del Hotel La Terraza. Así fue transcurriendo  mi infancia probando comida como un marchante libre de la vida bohemia con algo de disciplina. Espera la próxima parte de amigos y sígueme en Twitter  @JIMMORANTES






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