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Venezuela: En 2020 los policías mataron a más personas que los delincuentes

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OVV


El Observatorio Venezolano de la Violencia presentó su informe 2020, en el que refleja un aumento sostenido de las ejecuciones policiales y militares, que se han cuadruplicado con respecto a 2016. La letalidad policial está en todo el país. En 18 municipios, los delincuentes no mataron a nadie, pero sí la policía. En Guanare en Portuguesa, Simón Bolívar de Miranda y San Francisco de Yare, la policía mató cuatro veces más que el hampa. Por otra parte, la crisis humanitaria y la cuarentena cambiaron la forma de delinquir

or primera vez en la historia, los asesinatos causados por las fuerzas policiales y militares en Venezuela superan los ocasionados por delincuentes. Esa fue una de las grandes (y terribles) conclusiones del informe anual que presentó hoy el Observatorio Venezolano de la Violencia y que se acumulan en un solo gran resumen: Venezuela sigue siendo el país más violento de América Latina.

«Venezuela ha sido azotada por dos epidemias en 2020, la del coronavirus y la de la violencia», sintetizó Roberto Briceño León, sociólogo, profesor de la Universidad Central y director del Observatorio.


La epidemia de violencia causó 11 veces más decesos que el coronavirus. Tan solo la policía provocó cuatro veces más muertes que la covid-19. La tasa de letalidad de fallecimientos violentos es de 45,6 por cada 100.000 habitantes (11.891 asesinatos) y, aunque es menor a la de años anteriores, sigue siendo muy superior a la de los demás países de la región.


De esos casi 12.000 asesinatos, 4.231 fueron tipificados como «resistencia a la autoridad» que es el nombre que se le da a las muertes que causan policías y militares. Los homicidios «simples» fueron 4.153. El resto está considerado como «muertes por averiguación» pero el Observatorio los considera decesos violentos porque fueron causados por armas, incluyendo cortas.


violencia policial


Aunque los homicidios disminuyeron en los últimos años, Venezuela y su tasa de 45,6 sigue liderando el triste ranking de muertes violentas en Latinoamérica. Veamos: Colombia cierra con una tasa de 23,3 asesinatos por cada 100.000 habitantes; El Salvador con 18; Honduras con 42; República Dominicana con 8,5%; México con 30 (aunque tiene estados como Colima con más de 100 y Yucatán con apenas 2) y Brasil, el congestionado Brasil, con 23,5.


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Junto a Briceño participaron en la presentación del informe sobre violencia 2020, Gloria Perdomo, educadora, profesora de la Universidad Católica Andrés Bello y coordinadora nacional del Observatorio; Raima Rujano, trabajadora social, profesora de la Universidad del Zulia y coordinadora del Observatorio en ese estado y Gustavo Páez, geógrafo, profesor de la Universidad de Los Andes y coordinador del capítulo Mérida del Observatorio. Fue moderado por Adrián González, ingeniero, profesor de la Universidad Rómulo Gallegos y coordinador del Observatorio en Guárico.


Creados para matar


El seguimiento hecho por el Observatorio Venezolano de la Violencia apunta a que, desde 2016, se ha producido un aumento sostenido de la letalidad policial. Ese año, la tasa de muertes causadas por policías fueron 28 por cada 100.000 habitantes. Este 2020, esa tasa es de 101. Casi se cuadruplicó.


«Y por primera vez este 2020, los funcionarios mataron más gente que los delincuentes», insistió Briceño.


La «letalidad policial», como la llama, está en todo el país. «Parece ser la única política de seguridad social que se está implementando», dice.


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Los estados donde los funcionarios de «seguridad» son más violentos son Aragua, Miranda y Portuguesa. Pero hay datos que sorprenden. Por ejemplo, en 18 municipios del país, los delincuentes no mataron a nadie, pero sí la policía. En Guanare en Portuguesa, Simón Bolívar de Miranda y San Francisco de Yare, la policía mató cuatro veces más que el hampa. En San Francisco y Maracaibo, en Zulia y Barinas, tres veces más.


Este brutal aumento de las muertes causadas por funcionarios armados no es casual. «Se han formado brigadas especiales para realizar ejecuciones extrajudiciales», apunta Briceño. Y agrega un dato estremecedor: «Hasta una brigada canina ha sido entrenada para matar».


De los asesinados bajo el eufemismo de «resistencia a la autoridad», solo 60 % tenían prontuario. El 90 % tenía entre 18 y 40 años (dato cónsono con las muertes violentas en general) y 82 eran menores de edad. Tres de ellos eran niños de menos de 11 años. «¿Cómo puede un niño pequeño resistirse a la autoridad», se pregunta Briceño.


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La mitad de las víctimas murieron a manos de la policía judicial y de la policía nacional, pero, dentro de ese cuerpo, 82 % de las ejecuciones fueron causadas por la FAES.


Si quiere ver una pincelada de hechos cometidos por la FAES, pinche aquí.


Los asesinados


El 91 % de los muertos por violencia en 2020 fueron hombres. Más de la mitad de estos asesinatos, 68 %, hombres entre 18 y 40 años. 99 % eran venezolanos. Estos datos son similares a los de años anteriores.


En 2020 aumentaron las muertes por armas blancas y disminuyeron las producidas por armas de fuego. Briceño atribuye esta modificación en el objeto que causa la muerte a los altos precios de las pistolas y las balas y a la incorporación de «nuevos delincuentes» que carecen de armas de fuego. También al aumento de la violencia dentro del hogar.


Los meses más violentos de 2020 fueron enero, para los homicidios comunes, y mayo para los causados por «resistencia a la autoridad». En ese sentido, el peor día fue el 1 de  mayo, sobre todo porque fue cuando murieron 47 presos amotinados del Centro Penitenciario de Los Llanos, en Portuguesa.


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La violencia en el mapa


En la geografía de la violencia venezolana despuntan cinco estados: Miranda, con una tasa de 70,7; Bolívar con 62; Sucre con 61,3;  Aragua con 60,5 y Distrito Capital, con 56,2. La tasa promedio venezolana fue de 45,6 muertes violentas por cada 100.000 habitantes.


Explicó Raima Rujano que, históricamente, Bolívar y Sucre no eran de los más violentos pero ahora sí debido a las actividades delincuenciales alrededor del arco minero, en Bolívar, y del tráfico de sustancias ilícitas en las costas de Sucre.


Mina de El Callao. Foto: El Carabobeño

Mina de El Callao. Foto: Cortesía El Carabobeño


Un caso similar ocurre con Delta Amacuro, en octavo lugar, porque su tipo de territorio facilita el narcotráfico y la trata de blancas.


Otros estados, por el contrario, han logrado mejorar su situación. Es el ejemplo del llanero Guárico, que del quinto lugar en 2019 pasó al séptimo.


Guárico salió del top 5 en 2020 y pasó al 7. En Monagas también descendió la violencia pero porque ya hay poca producción petrolera y «muchos crímenes» en este estado, se debían a las mafias vinculadas con el sector.



Vargas, a pesar de estar tan cerca de Caracas y Miranda, con un alto índice de criminalidad, descendió del puesto 11 al 17. Trujillo, por su parte, del 9 al 14 y Falcón, del 18 al 22. Amazonas es la región menos violenta del país. A pesar de ser selvático y fronterizo, no padece tanta violencia porque tiene un territorio más difícil y la mayoría de sus habitantes se concentran al norte del estado.


 Cambios en el crimen


La cuarentena y lo que Briceño llamó «la destrucción de la economía» generaron cambios en la forma como se desarrolla el crimen en Venezuela.


«En Venezuela, los procesos sociales de la cuarentena fueron magnificados con la destrucción de la economía y la pérdida del valor social del trabajo», refirió Briceño.


Dio algunas cifras que ayudan a pintar el panorama. El retroceso de 30 puntos en el Producto Interno Bruto venezolano, por ejemplo, es tres veces mayor que el de dos países muy golpeados por la pandemia, Panamá y Perú, cuyo descenso está entre 10 y 12 puntos. Según el PNUD, fondo de las Naciones Unidas que mide el desarrollo humano de los países, Venezuela ocupa el ínfimo puesto 103. En 2004, «cuando comenzaron los mayores ingresos de la historia por la riqueza petrolera», estábamos en el puesto 74.


La industria manufacturera cayó a 20 % de su capacidad y la producción petrolera a 10 %. Los ingresos por remesas están a punto de superar los de petróleo y este es uno de los elementos que han hecho cambiar al crimen.


Las llamadas «bandas pequeñas» están comenzando a afectar a  la clase trabajadora, que antes no tenía botín, porque ahora tienen algo de acceso a dólares, sea por pago de sus servicios o por remesas. Y las bandas grandes, las más organizadas, están cambiando de rubro en los que trabajan, volteándose hacia la agroindustria, la tecnología y la venta de repuestos, que manejan mayor porcentaje de divisas.


En una Venezuela donde el 67 % de todas las transacciones se realizan en divisas, la delincuencia también se ha dolarizado.


¿Cómo se explica esto?


Los especialistas del Observatorio Venezolano de la Violencia explican que la cuarentena y los controles obligaron a los delincuentes «a estancarse y a reacomodar sus actividades delictivas».


El confinamiento y la mucha presencia policial y militar en las vías debilitaron las bandas pequeñas, pero fortalecieron las grandes. Esto disminuyó los robos y hurtos aislados pero incrementó la extorsión, especialmente a las actividades económicas con mucho manejo de monedas extranjeras, sean dólares, pesos colombianos o reales brasileños.


También hay menos delincuentes por dos razones: han emigrado o los han matado en operaciones de exterminio.


«Entre 2016 y 2020, las fuerzas policiales han matado a 27.856 venezolanos porque se resistieron a la autoridad. 18 mil, supuestamente, tenían prontuario. Puede haber una reposición de delincuentes pero eso lleva tiempo en el caso de los delitos comunes. En el crimen organizado la sustitución es más veloz», refirió.


venezuela violencia policial

Desde que Nicolás Maduro está en el poder, las ejecuciones por parte de policías y militares casi se han cuadruplicado / Archivo


En este atípico año, el Observatorio también nota un cambio territorial, una «pérdida de soberanía». Es decir: las autoridades ceden espacio a las mafias, especialmente guerrilleras, narcotraficantes o tratantes de blancas. Esto es más notorio en zonas de Zulia, Sucre y Bolívar, que están experimentando procesos similares a los ocurridos hace pocos años en Táchira y Apure.


«Nosotros pensamos que en 2021 se va a consolidar el señoreo de los grupos grandes de delincuentes en territorios importantes de Zulia, Sucre y Bolívar, principalmente. Este dominio más fuerte puede llevar a una reducción de los homicidios debido al mayor control social que hace el crimen organizado, que administra su violencia de forma diferente», concluye Briceño.


Para leer el informe puede hacer visitar www.observatoriodeviolencia.org.ve






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