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Pecado original y esquizofrenia política por Luis Loaiza Rincón

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LUIS LOAIZA RINCÓN


Las repúblicas latinoamericanas padecen lo que alguna vez Uslar Pietri llamó una “congénita inestabilidad institucional” y compartamos o no su análisis sobre las causas de este mal, que según él se origina en “un pecado original” que data desde los tiempos de la independencia, lo cierto es que nuestras instituciones siempre han sucumbido ante los personalismos y que el ejercicio de la ciudadanía es minoritario.

En nuestro entorno, la realidad social y las instituciones democráticas transitan caminos divergentes y no nos percatamos. Peor aún, gracias a los actuales avances tecnológicos de la comunicación, hemos llegado a creer que los códigos culturales con los que comprendemos la realidad son los mismos en todos lados y que nuestra débil conexión ciudadana con las instituciones democráticas es la regla.

Siglos de anarquía, dictaduras, militarismo, caudillismo, populismo y violencia han impedido entender que las instituciones democráticas son el producto de las virtudes colectivas ligadas al ejercicio de la ciudadanía y que tal ejercicio sólo puede hacerse efectivo gracias a una educación de calidad, que forje hombres libres y aptos para la democracia, la libertad y la justicia.

Resulta que en nuestros días, ese viejo desdén por las instituciones y la supremacía de la ley junto a una polarización política visceral, motiva a que muchos aplaudan en el exterior lo que en Venezuela rechazan, o viceversa. Se trata de una esquizofrenia política reforzada por nuestra vieja inclinación a preferir las salidas improvisadas y los saltos al vacío. Desconfiamos de todo aquello que exija una preparación consciente, organizada y sustentada en los valores cívicos que dan soporte a la democracia. De allí no resulta difícil derivar los llamados oportunistas a la abstención, en unas elecciones no y en otras sí; las intentonas golpistas, los pedidos de intervenciones extranjeras y las continuidades administrativas irresponsables, carentes tanto de fundamentos jurídicos como de sentido político.

De manera que la salvación de Venezuela se encuentra ligada a la ampliación de los pequeños ámbitos ciudadanos, al desarrollo de una cultura política democrática que contemple la importancia del respeto, el pluralismo, la tolerancia, la convivencia sin exclusiones y el ejercicio de una libertad que se extienda también a los espacios de la economía. Parece que sólo así podrán encontrarse duraderamente las instituciones democráticas y nuestra realidad social.






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