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“Pasión viviente de la Parroquia: tradición y fe” por Padre Edduar Molina Escalona

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Padre Edduar Molina Escalona


En medio de la ciudad cimentada en lo alto de un monte, se asienta como punta de lanza, la populosa comunidad de La Parroquia Santiago Apóstol, lugar de la segunda fundación de la Mérida serrana en 1559. Aun cuando está tan cerca del centro de la metrópoli urbana, conserva sus aires coloniales, su sabor a pueblo de viejos trapiches y moliendas, calles bulliciosas de vecinos que guardan el tesoro acrisolado de sus más sentidas tradiciones: La fe de sus Vasallos de la Candelaria, sus alegres danzas "Chía y Zuhe", sus peculiares aguinaldos con sus rifas de pueblo y sus reconocidos pastelitos en nuestra gastronomía andina. Entre tantas expresiones de un pueblo alegre y trabajador. 

 

Pero es en Semana Santa que todos los caminos conducen a La Parroquia con su original Pasión Viviente, todo un recorrido por las escenas de los últimos pasos de Jesús por este mundo terreno que cobran vida en escena llevándonos a la más sublime contemplación de los misterios que nos dieron la Salvación.


Según los registros de los libros de Gobierno parroquiales fue para el año 1912 que aparece una nueva forma de "celebrar la semana santa en La Parroquia". Recibe el nombre de "La Cívica", siendo párroco el entonces Pbro. Zacarías Guerrero (1909-1915) quien confía a un pequeño grupo, de unos aproximados treinta feligreses devotos y pertenecientes a la reserva militar venezolana, la guarda y custodia del “Santo Sepulcro", centro y culmen de esta manifestación religiosa y cultural. Al frente de esta iniciativa sus fundadores: Perpetuo del Carmen Torres, Natividad Rivas, Fabián Collazo, Raimundo Muñoz, con verdadera piedad y entrega estos valerosos hombres supieron distribuir en grados de tipo militar a su “tropa de romanos y soldados armados con fusiles”, dieron origen a la tropa que tenía como objetivo preservar el orden público en los actos litúrgicos y procesiones de la Semana Mayor bajo las melodías de una marcha militar al compás del redoblante, junto a los disparos de los trabucos.


Para 1926 ocupa el “curato” más largo de la historia de esta parroquia el presbítero Ángel Ignacio Porras, por 31 años párroco de la Punta, gran impulsor con una nueva iniciativa conocida como: "Los Judíos", a la que se suman una treintena de integrantes, vecinos no solo de La Parroquia sino de sus periferias como Zumba, La Pedregosa, los Curos y El Chama, la cual consiste en presentar "los primeros actores en escena" que peculiarmente no eran profesionales del teatro, pues si de gran voluntad y vocación por la Pasión Viviente, lo que llevó a Don Perpetuo del Carmen Torres a impulsar a muchos campesinos, albañiles, choferes y estudiantes para que subieran a escena con gran destreza y originalidad, rasgo que aún conserva esta Fundación Cultural.


Para mediados de los 60, bajo el acompañamiento espiritual del sacerdote claretiano Vicente Pérez, se inicia cambios importantes en la obra, se deja de usar el Cristo articulado para pasar al Cristo hecho personaje real, las narraciones y escenas se iluminan con los Evangelios de la Pasión de Cristo, se pasa de los fusiles a las espadas, un nuevo vestuario y diseños de cascos, espadas y corazas, gracias al ingenioso Manuel Rangel, junto a los libretos utilerías y escenarios de Sergio y Alberto Rangel y actualmente al frente de Alexander Vento, sin dejar de mencionar el apoyo de un parroquiano al frente de la Dirección de Turismo de la Corporación de Los Andes, el recordado Carlos Chalbaud Zerpa, dan nueva vida a la Semana Santa parroquiana, lo que dejó atrás la etapa de los “Judíos” para dar cuerpo a lo que se conoce hoy como “Pasión Viviente”. Llegando a contar con más de 150 miembros en su mayoría jóvenes, niños, mujeres que forman el pueblo, eclesiásticos, miembros del Sanedrín, y parte de la cohorte de Pilatos y Herodes, sumado a las tropas de Romanos que nos permiten hacer presente los Evangelios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Mesías.


En el inicio de los años 70 se cuenta con el apoyo del entonces párroco, el claretiano Manuel Álvarez y se incorpora la banda seca compuesta por seis granaderos y diez redoblantes, lo que permitió darles mayor solemnidad a toda la obra.


En 1973 un hecho triste enluta la Pasión Viviente, el fallecimiento del último sobreviviente de sus fundadores, el inolvidable Perpetuo Torres, recayendo la responsabilidad sobre los hombros de su meritoria hija, Doña Carmen Torres, de grata memoria. Son muchos los testimonios dejados por escrito por los párrocos sobre la figura señera de Doña Carmen y su incansable espíritu de trabajo, devoción y compromiso de mujer de Iglesia por hacer de la Pasión Viviente verdadero instrumento de evangelización.


Para 1990, cumple su servicio de párroco el Pbro. Ramón Alonso marcando la historia de esta agrupación con la creación de la "Junta Organizadora Pasión Viviente La Parroquia” como Asociación Civil, sin fines de lucro, ya con sus propios estatutos que le otorga personería jurídica. Y en el 2003, se abre otra nueva página de su historia pasando de ser Junta Organizadora a llamarse "Fundación Cultural Pasión Viviente”, con el apoyo del recordado padre Ugo Anzil. Figura como su primer presidente el periodista Alfredo Borjas, seguido por Fernando Rivas López (en dos períodos) Alexander Vento, hasta su actual presidente Ronald Ruíz Collazo, con sus diferentes miembros en la Junta directiva, han hecho posible que se promueva y se mantenga en el tiempo tan sentida tradición religiosa y cultural de nuestra Mérida.


Uno de los papeles centrales que marcan la obra es el personaje de Cristo, con sus gestos y palabras transmite un mensaje que toca los corazones y conciencias de los espectadores, aun cuando en sus inicios se usaba la imagen yacente del Cristo articulado del templo parroquial, se pasó luego a la representación del papel por hombres inolvidables como Carlos Collazo, Martiniano Uzcátegui, Luis Juárez, Kike Calderón, Ángel Cerrada, Alberto Rangel, Fernando Rivas (padre) y desde hace 19 años Fernando Antonio Rivas López (hijo), quienes han dejado honda huella al encarnar a Jesús y su agonía con gran dramatismo al pasar por las calles de este pueblo con su mensaje de esperanza y salvación. También dos párrocos han hecho el papel del Apóstol Santiago “El Mayor”, en 2006 el Padre Leonardo Mendoza y en 2019 y 2021 el actual párroco Edduar Molina.


Entre las escenas más importantes representadas por los judíos, desde 1926, se encontraban “Jesús ante los Doctores de la Ley”, el domingo de Ramos. El jueves Santo, además de la escenificación de la Ultima Cena, se inician los diálogos de Jesús con los Sumos Sacerdotes y Pilatos. El Viernes Santo cada una de las estaciones del Viacrucis, hasta llegar al Calvario frente al templo parroquial, con las Siete Palabras en pequeños sermones, como los predicados con tanta hondura por el Padre Ugo Anzil.


Las inolvidables noches del Viernes Santo en la Parroquia, con la procesión del silencio del Santo Sepulcro, desde las puertas del templo hasta la capilla San Expedito, bajo el golpe triste de la “Marcha Regula”, compuesta como propia para este paso, constituye el verdadero centro de toda la Pasión Viviente.


Para su presidente Ronald Ruíz, pertenecer a la “Pasión Viviente” es el sueño de todo niño de esta comunidad sentirse miembro de su banda, de su tropa, de su cuerpo de apóstoles o pueblo judío, es vivir a plenitud la cultura, la tradición y la familia parroquiana.

 


El azote de la pandemia ha golpeado la concentración y la realización de esta maravillosa obra en su totalidad, pero no ha menguado el reinventarnos llevarla el año 2020 a la “radio novela”, en las emisoras de la ciudad y este año 2021 por vez primera grabarla para hacerla presente en las pantallas de la Televisora Andina de Mérida y en la plataforma de la Arquidiócesis, gracias al esfuerzo y creatividad de nuestros muchachos y parroquianos de gran devoción por esta manifestación de honda cultura y espiritualidad.


Ya nos lo diría el Papa Francisco la piedad popular es “el sistema inmunológico de la Iglesia, pues nos salva de muchas cosas”.


 Mérida, 28 de marzo de 2021


 






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