Mérida, Octubre Sábado 16, 2021, 11:15 pm

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El centro de Mérida por Jim Morantes

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JIM MORANTES



Continúan los recorridos, caminatas y recuerdos de un adolescente inquieto por el centro de la encantadora ciudad de Mérida, al principio de la década de los noventa, era vinculante como lo es ahora, disfrutar de la Plaza las Heroínas, un lugar de ensueño con fuerte sentido de arraigo histórico, es la antesala al sistema teleférico de Mérida con hermosos caminos y fuentes de aguas, la escultura central, se erigió en honor a las 5 heroínas merideñas y a uno de sus hijos que lucharon por la causa patriota en la época de independencia.


Con amplia variedad de establecimientos para comer, beber, conversar y descansar, es el lugar ideal para disfrutar; diagonal al seminario Arquidiocesano funcionaba Cheo´s Pizzería, su comida salía del horno de barro con olor a leña y muchos negocios más donde podías disfrutar de la buena gastronomía.


Lateral a la plaza, está el mercado artesanal dedicado a la venta de artesanía, adornos, manualidades, tallas, collares, pulseras, anillos y pinturas.


El tramo del parque Albarregas, ubicado por la Cruz Verde, servía para caminar y pasear en bicicleta, su extraordinaria camineria resaltaba, paisajismo de espacios públicos bien acoplado, árboles frutales, esculturas, actividades  recreativas al aire libre, seguridad y buena vibra, lamentablemente esa ruta, funcionó varios años, hoy en día, la desidia y omisión gubernamental sepultó tan maravilloso proyecto, no es ni la sombra remota de lo que fue, con Dios primero a la espera que a mediano plazo, se convierta en mejor alternativa para la ciudad.


En una oportunidad, fui a montar bicicleta, tenía una montañera color roja, marca Cross, creo que rin 16 o 20 con mi amigo de infancia William Alizo, quien me supervisaba porque escasamente yo tendría 13 o 14 años, él es mayor 4 o 5 años, en el camino una camioneta de tolva Ford, color blanca con pasajeros maracuchos, preguntaron la dirección de la plaza las Heroínas, le indicamos pero no entendieron y ofrecieron llevarnos en la tolva para saber como llegar, en esa época como en todas, había alarma con el robo de los niños, mis padres me tenían prohibido hablar con gente extraña y mucho menos montarme en vehículo ajeno.


Los turistas le ofrecieron a William 10 Bs. por ser mayor tomo la decisión de montarnos en la camioneta, yo estaba sumamente asustado, ya se me salía el corazón pero al llegar a la plaza, bajamos la bicicleta y  a cada uno nos tocó 5 Bs. nos fuimos felices a comer helados y nos quedó vuelto suficiente para merendar toda la semana.


En la esquina de la calle 29 con la Av. 2 Obispo Lora, estaba la bodega del famoso Salinas  (buen amigo que en paz descanse), típica tienda andina con su techo de caña pisada y latas de zinc donde se había caído el techo original, gruesas paredes de bahareque con puertas de madera maciza, pintadas en color azul con fuertes arandelas metálicas para tocar o colocar el candado (s) de seguridad, allí se podía comer pasteles, empanadas, arepas de maíz, rellenas con carne mechada y de trigo con queso blanco y aguacate, además de los sándwiches improvisados.


En mi caso, cuando estaba aburrido del menú que ofrecía el mostrador, compraba el pan de piquito pasos arriba en la panadería Lamus y Salinas, se encargaba de rellenarlos con Jamón y Queso, también vendía el refresco de mi preferencia para la época era la Pepsi Cola por la gran cantidad de gases que traía, no era tan dulce como en la actualidad y entre más fría mejor, por el efecto de efervescencia que producía en la cabeza, cuando no pedía gaseosa, compraba ½ litro de leche, chicha pasteurizada o  jugo natural de naranja, recién elaborado en el típico exprimidor metálico; ese lugar servía de encuentro para amenas tertulias, excelentes conversas, chistes, anécdotas… no solo con el dueño de la bodega, sino con los comensales y clientes que llegaban de manera continua.


 Si de almuerzos se trataba, el restaurant Pekín, ubicado en la Av. 3 Independencia, pasos arriba de la calle 28, ofrecía rica comida asiática con el esmero de mi querida amiga de toda la vida Esperanza Alizo (+), su cocinera, el señor Ramón el propietario y Carmen su esposa, hacían del ambiente algo especial, la atención era agradable, razón por la cual frecuentaba mucho ese lugar.


Cruzaba la vía y subía tan sólo media cuadra por la misma Av. 3, justo al lado de Uzcátegui Yanez, había un pequeño restaurant de comida vegetariana, la entrada era por un pasillo con variedad de platos y precio acorde al producto.


Caminabas media cuadra y cruzabas de nuevo la calle, allí estaba Pollos en Brasas Tercera Avenida (lamentablemente cerró sus puertas hace aproximadamente un año) y justo al lado se encontraba la pizzería O´sole mío, entre calles 27 y 26, lugar de encuentro estudiantil, caracterizado para la época de comida abundante y de calidad.


 En las noches las ventas de hamburguesas y perros calientes, a lo largo de viaducto Campo Elías, eran la antesala para el paseo nocturno cotidiano. Espera la próxima parte de amigos y sígueme en Twitter, Instagram y YouTube   @JIMMORANTES






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