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La amenaza de un estado fallido por Isaías A. Márquez Díaz

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Cuan trogloditas  prehistóricos, ni siquiera como agrupación tribal,  se está considerando a la sociedad venezolana  actual, además de conformar un “ESTADO FALLIDO” por su debilidad económica y hasta político-militar, que, además, difícilmente  puede  lograr satisfacer sus necesidades  más apremiantes: alimentación, vestido, vivienda, servixios básicos, seguridad, educación, salud, y sobre todo la esperanza de un futuro mejor.

Tal inviabilidad de los Estados, la estudia unaa ONG denominada  “Fund for Peace”;

Anteriormente, “Índice de Estados Fallidos”, cuya connotación negativa denota un fracaso casi insuperable, por lo que el estudio pasó a llamarse “Índice de Estados Frágiles”; denominación más positiva/asertiva, puesto que lo frágil podría romperse, pero también podría fortalecerse y/o reforzarse.

De hecho, Venezuela es un  “Estado Fallido” por las características siguientes:   1. Incapacidad para proteger el derecho a la vida y la propiedad; 2. Pérdida de legitimidad de las instituciones; 3. Incapacidad para mantener los servicios básicos; y 4. Incapacidad para interactuar con Otros Estados miembros de la comunidad internacional.

Por tales condiciones, la cantidad de inmigrantes venezolanos en Latinoamérica se incrementa, según ONU, de 8900 a 900000 personas entre 2015-2017, equivalente a un incremento del 900%, según  la Ogsmización Internacional para las Migraciones (OIM).

A escala mundial, la inmigración venezolana crece, en el mismo lapso, cerca de un 110 % al pasar de 700000 personas a un millón y medio. Una de las mayores crisis migratorias en tan solo un lustro.

Es por estas razones tan palpables y demostradas que, seg’un la ONU, ya unas dos millones de personas han huido del país a causa de la violencia, el hambre y la pobreza. Aunque es uno de los países más ricos del mundo por sus reservas petroleras, se halla en ruina económica absoluta.

 A diario, miles de venezolanos hambrientos y golpeados por la pobreza huyen a través de las fronteras hacia Colombia y brasil, ya que sus ahorros no tienen valor alguno. La inflación ha hecho que el bolívar se deslía. Los refugiados, hambrientos y deseperados, duermen en campos de portivos o en  las intersecciones de carreteras.

Es tan así la criticidad de nuestra situación que la expresidenta Bachelet, Alta Comisionada para los DDHH de la ONU, se ha referido a la desnutrición y violación reiterada de la libertad de expresión en Venezuela durante su primer discurso.





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