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“José Gregorio es nuestro” por Padre Edduar Molina Escalona

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“José Gregorio es nuestro” por Padre Edduar Molina Escalona


Después de tras 72 años de iniciada su causa de beatificación en 1949, ha llegado el día tan soñado: José Gregorio es Beato. Su nombre entró a formar parte en la lista de los bienaventurados del cielo que interceden por nosotros y, a su vez, son ejemplo y estimulo en nuestro propio camino de santificación.


 Este largo camino se inicia gracias a una sentida biografía del Doctor Hernández, escrita por su sobrino Ernesto Hernández Briceño, en ella se constatan sus virtudes y se muestra su testimonio de santidad, todo con el apoyo del entonces Arzobispo de Caracas Lucas Guillermo Castillo, corría el año 1948. Continúan los esfuerzos sus postuladores, de gran dedicación, como el Padre Antonio de Vegamián, custodio de los padres capuchinos, Fr. Rodolfo Meoli, hasta el mismo Cardenal Jorge Urosa, sin dejar de mencionar a destacados laicos, formados en esta materia, como la jurista argentina Silvia Correale que de la mano de nuestro Cardenal Baltazar Porras, centraron todos los esfuerzos e iniciativas para que hoy lo veamos en los altares. A todos ellos nuestra eterna gratitud.


 La Eucaristía de beatificación fue presidida por Monseñor Aldo Giordano, Nuncio Apostólico en Venezuela, como Legado Pontificio, teniendo como sede la iglesia San Juan Bautista del colegio La Salle en Caracas. Tantos en las palabras de inicio a la celebración por parte de nuestro Arzobispo Metropolitano, como por el Nuncio, sin dejar de mencionar las palabras del Papa Francisco, enviadas el día anterior como un mensaje a todos los venezolanos, se nos lanza el gran reto de “reconciliación nacional”, “reconstrucción del país”, junto al gran desafío eclesial de un beato que nos invita a vivir como “Iglesia samaritana en salida, discípulos y misioneros de la esperanza”. 


 “Esta beatificación es una bendición especial de Dios para Venezuela” nos dijo el Papa. En medio de una golpeante crisis nacional, agravada por la terrible pandemia que un médico sea beatificado, representa un verdadero signo de presencia misericordiosa del Señor que nos acompaña en medio de esta dolorosa realidad nacional. Es la alegría que nadie nos puede arrebatar, tal como lo expresó nuestro Cardenal Porras: “Hoy repican las campanas del corazón, antes que las de los templos y capillas, porque la fe se lleva primero en el alma”.


 La beatificación es también un llamado a la conversión, nos señala el Pontífice, la vida del “médico de los pobres” fue de renovación interior, de cambios profundos que marcaron su camino de santidad. En momentos tan inhumanos este acontecimiento de fe, nos debe mover a “una mayor solidaridad”, que no es otra cosa que el compromiso común por generar respuestas a tanta necesidad que vivimos en Venezuela, se requiere “mano tendida, espíritu de reconciliación, perdonarnos los unos a los otros y permitir que nos perdonen, sentirnos perdonados”, aseguró el Papa. La vida de José Gregorio nos habla de un Jesús vivo, que nos llama a obrar con sus mismos gestos y palabras, con su coherencia y humildad de corazón, atentos al otro y a toda la obra maravillosa del Creador, en una palabra, hacerlo nuestro en toda su humanidad.


 La beatificación es un “volver a reconocer el rostro de Dios en el prójimo”, como puntualizó Monseñor Aldo Giordano en su homilía “el Doctor José Gregorio reconoció la imagen más pura de Dios en el rostro de los demás, pero en particular, en el de los pobres, los necesitados, los migrantes, los privados de libertado, con quienes Jesús se identificó”. El Papa también nos traía a la mente la imagen evangélica del “lavatorio de los pies”, en la que nos anima como pueblo venezolano a “acogerse”, “recibirse los unos a los otros”, “ver al otro como un igual, como alguien como yo, sin menospreciar a nadie”. Pero también invita a “servirse los unos a los otros, a estar dispuestos a servir y dejar que los otros nos sirvan”. Al igual que el beato trujillano, luchemos por devolver dignidad a tantos que hoy se les excluye y se les separa de esta casa de todos llamada Venezuela, en la que tenemos cabida y somos necesarios.


 Por último, la beatificación es camino de unidad nacional. Durante mucho tiempo esperamos un líder que nos ayudara a dar luces sobre el caminar juntos en la misma dirección; la unidad, la paz, la justicia social, en el testigo luminoso de Cristo de Isnotú, tenemos una referencia de saber dialogar y tomar iniciativas de bien común, por encima de los intereses y las ideologías personalistas. Su autoridad, al igual que la de Jesús, es de quien habla con el ejemplo que nos mueve a todos a vivir con una fe que transforma todos los ambientes, una ciencia que se pone al servicio de todos, una renuncia al camino de la arrogancia y una dedicación exclusiva a los pobres, presencia de Cristo vivo en nuestro tiempo.


 Al igual que este cristiano cabal no dejemos de alimentarnos del Agua Viva del Evangelio, con las armas de la oración, la comunión y el amor por la Madre Santísima. Que cada uno de nosotros seamos otro “José Gregorio” comprometidos con una nueva Venezuela justa, fraterna, solidaria y que tiene a Jesucristo como el centro de nuestras vidas.


 Mérida, 2 de mayo de 2021






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