Mérida, Octubre Jueves 21, 2021, 04:47 am

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1° de mayo, Día del Trabajador: La Mujer como fuerza de trabajo por Mariangeles Pérez Quijada

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Mariangeles Pérez Quijada


Las mujeres representan más de la mitad de la población mundial. En la ventana laboral, son sustanciales las diferencias de género que restringen las opciones de las mujeres para obtener un empleo. La mujer tiene que hacer frente a tasas de desempleo más elevadas y a salarios más bajos y representan el 60% de los 550 millones de trabajadores pobres, según un nuevo informe de la Oficina Internacional del Trabajo (OIT). Es necesario el empoderamiento femenino en la economía actual, una participación justa e igualitaria en oportunidades, y remuneraciones, contribuirá a la estabilidad de los hogares y al bienestar económico social


 Pero ¿Dónde empieza la desigualdad laboral? Los roles pre asignados socialmente son el principal factor en el comportamiento de los individuos. Los medios, las herramientas y las oportunidades son sesgados. Las mujeres realizan la mayor parte de los trabajos no remunerados, y, cuando tienen un empleo remunerado, están sobre representadas en el sector informal, mayormente en la población pobre. Además de que, ocupando el mismo puesto que un hombre, sus dividendos son significativamente menores. Al combinar el trabajo remunerado y el no remunerado, las mujeres de los países en desarrollo trabajan más que los hombres, destinando menos tiempo a su educación, recreación, la participación política, su bienestar y salud propia.


Mejores oportunidades laborales para las mujeres, significan un mayor desarrollo económico para el crecimiento de los países en desarrollo, pues habrá mayor población activa capacitada para producir por el país.


Podemos sostener que, un aumento de la participación de las mujeres en la fuerza de trabajo disminuyendo la desigualdad entre mujeres y hombres en la fuerza laboral, producirá un crecimiento económico más rápido dentro de la sociedad. Datos procedentes de diversos países muestran que incrementar la proporción de los ingresos del hogar controlados por las mujer, procedentes de sus remuneraciones, modifica los patrones de gasto en formas que benefician las capacidades, talentos y oportunidades de sus hijos.


Por otra parte, el aumento de la educación de las mujeres y las niñas también contribuye a un mayor crecimiento económico. Un estudio que empleó datos de 219 países obtenidos entre 1970 y 2009 encontró que, por cada año adicional de formación intelectual para las mujeres en edad reproductiva, la mortalidad infantil disminuyó en un 9,5%. A su vez la Organización Mundial de la Salud establece la relación directa entre el nivel educativo de la madre y el desarrollo de desnutrición en sus hijos.


Con frecuencia vemos como las mujeres tienen menor acceso a las instituciones financieras y mecanismos de ahorro formales. Mientras el 55% por ciento de los hombres informa tener una cuenta en una institución financiera bancaria, esa proporción es de sólo el 47% en el caso de las mujeres en todo el mundo.


Es bien sabido que las empresas y sus estructuras administrativas se benefician sustancialmente al aumentar las oportunidades en cargos gerenciales para la población femenina, algo que ha demostrado aumentar la eficacia organizacional. Se estima que las compañías donde tres o más mujeres ejercen funciones ejecutivas superiores registran un desempeño más alto en todos los aspectos de la eficacia organizacional.


La mujer como fuerza de trabajo, está más viva que nunca. Es el momento del impulsar, y trascender a oportunidades y garantías laborales para la población femenina a la de sus pares. La visión organizacional, económica, política y social de la Mujer hará una civilización más fuerte, más humana y más solidaria.


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