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“El reto de la educación virtual” por Padre Edduar Molina Escalona

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Padre Edduar Molina Escalona


La realidad mundial de la pandemia ha traído al mundo un “extraordinario” sufrimiento caracterizado por el aislamiento obligado y la exclusión, la angustia, sumado a la crisis económica mundial, parálisis laboral, deterioro de calidad de vida sin olvidar las tantas muertes. Pero una de sus peores consecuencias “una crisis educativa sin precedentes”.

El coronavirus nos ha hecho cambiar el salón de clases por las aulas virtuales de aplicaciones escolares o grupos de WhatsApp, encuentros a distancia con sus luces y sombras, donde no es tan importante dar lecciones magistrales, sino planificar actividades que motiven la creatividad y el aprendizaje compartido, descubriendo las posibilidades de la interacción digital o en línea. Dentro de las nuevas luces para mejorar la calidad de la educación nos encontramos con un cambio, en cierto modo forzado, no voluntario, pero que nos ha dejado la ventaja de nuevas formas de adaptarse con el acceso a todos los recursos de la red, el ahorro en tiempo, movilidad, papel, etc.

En estas nuevas realidades han surgido nuevos paradigmas educativos como la del pedagogo Daniel Cassany, investigador en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona (España), quien nos habla del reto a las actividades asincrónicas, es decir aquellas acciones que no necesariamente deban coincidir al mismo tiempo, como la lectura de documentos, participación es espacios de debate, entre otras. De esta manera, el estudiante tiene la posibilidad de flexibilizar sus tareas de acuerdo a las condiciones que permitan su contexto particular. También están los encuentros sincrónicos (que se realizan en un horario definido) con recursos como Zoom y Meet, por ejemplo, tendrían que ser opcionales y destinados fundamentalmente como medios para acompañar y ofrecer espacios para expresar sus sentimientos y encontrar soluciones a sus problemas más apremiantes.

Hemos escuchado varias veces lo de “esto ha llegado para quedarse”, de allí la importancia de las actividades grupales, colaborativas y cooperativas de los estudiantes a distancia, para proporcionar un verdadero acompañamiento afectivo desde la distancia que impone la educación remota. 

Nuestra realidad está lejos de este ideal, en un país donde cientos de niños y jóvenes han enfrentado interrupciones en su educación sin ninguna posibilidad de acceso a las clases virtuales por falta de equipamiento, problemas de conectividad, ni adecuados espacios físicos para realizar las actividades, muchas veces sin motivación alguna, lo que está provocando una alta deserción escolar.

Para nadie es un secreto que en Venezuela los problemas en el sector educativo y las clases virtuales comenzaron a agudizarse con las fallas de energía eléctrica y el acceso a Internet. Además de esto no sólo un número importante de estudiantes en situación de pobreza extrema, sino incluso hasta algunos profesores, carecen de computadoras, tabletas o teléfonos llamados “inteligentes”. Todo esto se suma a la incertidumbre sobre cuándo la vida volverá a ser "normal" oscurecen la realidad.

El momento que vivimos nos permite reflexionar sobre lo crítico de la situación y nos recuerda cuán crucial es la educación pública en la sociedad para luchar contra las diferencias y la construcción democrática de un futuro común. El Papa Francisco nos pide mirar la educación como “un acto de esperanza”. “Afirma el Papa que no existe una “educación estática”, se hace urgente promover un nuevo tipo de educación, que permita superar la actual globalización de la indiferencia y la cultura del descarte.

Finalmente, y a modo de conclusión, la pandemia de Covid-19 ha puesto de manifiesto las carencias y necesidades de las instituciones educativas en Venezuela en materia de infraestructura y de formación del personal académico para llevar a cabo de manera satisfactoria la educación en línea. Además de exhibir las enormes desigualdades que existen entre la población estudiantil, frente a la gigantesca emergencia sanitaria que no se ve terminar.

Es hora de impulsar y ejecutar políticas educativas que fortalezcan el derecho a la educación virtual. Es tiempo de enfocar la continuidad educativa desde los derechos individuales, como un servicio de protección, bienestar, educación y aprendizaje formal, que tiende a promover, fortalecer y facilitar el sistema educativo, de modo que toda persona alcance su desarrollo integral y aprendizaje equitativo, inclusivo y de calidad para todos, en espacios que sean seguros y saludables cuando las escuelas y otras instituciones de educación estén cerradas.

Como bien nos lo enseña el Papa Francisco “Creemos que la educación es una de las formas más efectivas de humanizar el mundo y la historia. La educación es ante todo una cuestión de amor y responsabilidad que se transmite en el tiempo de generación en generación”



Mérida, 11 de julio de 2021






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