Mérida, Octubre Lunes 18, 2021, 10:07 am

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La guerra de los semiconductores por Alberto José Hurtado B.

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Alberto José Hurtado B.


La escasez mundial de chips durante la pandemia del COVID-19 ha puesto de manifiesto las debilidades de la industria, expresadas principalmente en la baja capacidad de fabricación de chips de los Estados Unidos, los países de Europa y del Asia Pacífico. Es de tal preponderancia esta situación que el gobierno estadounidense reconoce que, si bien Estados Unidos es líder en el diseño de chips, carece de fundiciones para impulsar su producción a gran escala que permita mitigar el riesgo de una futura escasez de este producto esencial en la elaboración de bienes de última tecnología.

En el mismo sentido, países como Corea del Sur y Taiwán, aunque son actores principales del mercado mundial de chips, reconocen que su capacidad instalada para la producción de semiconductores es sólo una fracción de esta industria, por lo tanto, están muy lejos de responder a la demanda mundial. Por lo tanto, surge la necesidad de evaluar todo el ecosistema de producción de chips, desde la investigación hasta el diseño y la fabricación.

Del sector de los semiconductores, que asciende a 1,5 billones de dólares, los Estados Unidos domina los sectores de fabricantes de dispositivos integrados (15%), sin fábricas (25%) y de microprocesadores (17%). Mientras tanto, Corea del Sur y Taiwán lideran en menor medida los sectores de fundición (13%) y chips de memoria (7%). Los Estados Unidos mantiene el liderazgo en el sector de los microchips gracias a la innovación, mientras que prioriza el liderazgo en los mercados de sistemas y chips de memoria. Además, el país norteamericano pretende aumentar su capacidad de producción mediante la adquisición de fundiciones para consolidar cadenas de suministro completas a nivel nacional, a pesar de la contraproducente política industrial dirigida por su gobierno.

Ahora, esta industria de semiconductores enfrenta un contexto incierto debido a las incesantes disputas entre los Estados Unidos y China, y Japón y Corea del Sur. La primera consecuencia de las fricciones políticas y comerciales de dos países que se debaten el liderazgo mundial. Y la segunda, una guerra de chips como último espacio de un conflicto histórico entre países vecinos.

Al respecto, las restricciones de Japón a las exportaciones de Corea del Sur de tres materiales fundamentales para la producción de semiconductores —polimidas fluoradas, fluoruro de hidrógeno y fotorresistencia— desde julio de 2019, han abierto el mercado surcoreano de materiales para semiconductores a las empresas estadounidenses. Estas restricciones llevaron a Corea del Sur a crear instalaciones para producir internamente poliamidas fluoradas y diversificar las fuentes de importación de fluoruro de hidrógeno, reduciendo la dependencia de Japón hasta el 10%.

Esta situación ha modificado la cadena de suministro de materias primas necesarias para elaborar chips. Por un lado, Corea del Sur avanza en la autosuficiencia, mientras Japón sigue haciendo esfuerzos por mantener su cuota de mercado de los materiales necesarios para la elaboración de semiconductores. Incluso, varios exportadores japoneses de polimidas fluoradas, fluoruro de hidrógeno y fotorresistencia han disminuido o trasladado su producción a Corea del Sur.

Un contexto así es el propicio para que la guerra de los semiconductores se acreciente, debido, entre otras cosas, a que la economía pospandémica supondrá una expansión importante de este mercado. El uso generalizado de semiconductores para los sistemas de defensa, la optimización de la producción empresarial, la electrificación y la digitalización, hacen de este producto un bien vital para la recuperación de la economía del mundo.

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