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A tambor batiente por Eleazar Ontiveros Paolini

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Eleazar Ontiveros Paolini


En una columna escrita en el 2005 asegurábamos que todas las acciones y procederes del gobierno chavista estaban orientadas, bien orientadas, a lograr  el poder férreo del Estado para asir con  sus manos exclusivamente  la propiedad y administración de los medios de producción, distribución y cambio, así como tener  la potestad de ejercer una estricta regulación mediante la definición y aplicación de leyes  que le permitieran orientar las actividades económicas y sociales, al igual que la distribución de bienes en función de una administración absolutamente centralizada  y de un control estricto de todos los venezolanos.

La respuesta de la oposición fue la de insistir en que todas las acciones tomada eran producto de una mente alocada, de un ignorante populista. Teniendo como paradigma tan equívoca apreciación,  demostrada en estos 19 años de  gobierno, esperaban un debacle que sin ningún esfuerzo se produciría de un momento a otro. No hubo ningún debacle y el proceso de adecuación comunista siguió dando pasos significativos en la búsqueda de sus propósitos.

Ahora, Maduro da más zancadas significativos en la búsqueda de su objetivo ideológico. Ha logrado que la población sea indiferente en cuanto a lo que esta pasando, que se resigne sin reacción contestataría alguna, que normalice  aún situaciones que atentan contra la dignidad: colas, reparto de dádivas, deterioro de ciudades y carreteras, malos servicios públicos, sujeción a  formas de control estricto como sucede con al carnet de la patria. Ha logrado que  lo preponderante del comportamiento sea lograr la supervivencia del día a día, neutralizado la posibilidad de que la gente analice con  sindéresis la situación  y  en función de ello reaccione,  de un amanera u otra, con acciones  masivas de reclamo.

En la situación actual, aprovechando la confusión que crean los problemas económicos, buscando demagógicamente la quimérica igualdad que pregona el comunismo, elimina en cuanto a los salarios la diferencia  que razonablemente debe producirse por la meritocracia, con lo que se desestimula el esfuerzo del asalariado por ascender  de categoría, sea cual sea su trabajo. Con tal decisión da un golpe de gracia a las universidades cuando nos percatamos de que el irrespeto a la meritocracia, traducido en escalas salariales injustas,  hace que profesores de todas las categorías, incluyendo a muchos con Maestría y Doctorado, renuncien a sus cargos y dejen desolada a una institución que los requiera para el logro de sus objetivos. La pretensión es neutralizar las universidades autónomos, las cuales, dada su imprescindible obligación de analizar todas las proposiciones, siempre asumirán la critica a los poderes establecido que en ningún caso son absolutamente eficientes. Pero hay una excepción, las doblegas Fuerzas Armadas. En ellas si hay meritocracia y las escalas están bien diferenciadas. Esto no es gratuito. Es la forma de lograr que las armas sostengan al gobierno, sea cuales sean las arbitrariedades que este cometa.

Para completar, se está pretendiendo, y las manifestaciones son objetivamente apreciadas, eliminar ese gran logro de la democracia que son los sindicatos y gremios, en esencia autónomos y sin sujeción gubernamental alguna. Se empezó hace años por impedir que los sindicatos y gremios convocaran  autónomamente a sus procesos electorales, teniendo la obligación, para poderlos llevar cabo los mismos, de la autorización de CNE, cuando este no tiene nada que ver con tales organizaciones. Y es que gobierno de tal calaña no puede permitir que existan organizaciones de tal tipo, pues los no conformados políticamente por el propio gobierno, hacen los reclamos con sujeción a las leyes del trabajo y la constitución, cuando sus derechos  laborales son conculcados, tal como sucede con la progresividad e intangibilidad de los mismos. La pretensión definitiva es que sólo  existan las organizaciones comunales que como tales, Cuba es ejemplo, son organizaciones políticas sin ninguna autonomía, sujetas a las órdenes gubernamentales y dispuestas a neutralizar en los niveles locales cualquier tipo de reacción.

 





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