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Mi bosquejo no es imaginario

Aporofobia: instrumento del capitalismo contra los pobres por Esmeralda García Ramírez

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Esmeralda García


Existe actualmente una borrasca social muy peligrosa, destructiva, que ha ido creciendo de manera desproporcional, peor que la xenofobia, se trata de la Aporofobia, del griego á-poros, sin recursos, indigente, pobre y fobos, miedo; se refiere al miedo hacia la pobreza y hacia las personas pobres. Se diferencia de la xenofobia, ya que socialmente no se discrimina ni margina a personas inmigrantes o a miembros de otras etnias cuando estas personas tienen recursos económicos. Esta discriminación en realidad no es reciente, la venimos arrastrando desde hace más de dos mil años, cuando la imprudencia de la cultura de las famosas conquistas y los entrometidos que nos impusieron la cruz hizo que un sector de la llamada clase alta y autodenominados elegidos, sometieran a otra que denominaron humildes, que hoy se ha proliferado por todo el planeta para el control del ser humano por ser pobre. A este sector social le duele ser pobre y despreciado, la forma como son tratados, la mirada de frialdad, por estar inserta a un status que etiquetaron como lo más malo de un colectivo y que nos banalizó el capitalismo. La aporofobia se ha convertido en el nuevo instrumento del capitalismo contra los pobres, suena duro, pero es la cruel realidad. Este fenómeno social que se ha radicalizado más en nuestros tiempos es provocado desde el imperio. Las aberrantes declaraciones del presidente Donald Trump contra los inmigrantes latinos, especialmente hacia mexicanos; o las agresiones contra los venezolanos especialmente por parte de los países latinos vienen alimentadas por las políticas imperiales contra el gobierno venezolano, a los fines de desequilibrar y tumbar el gobierno bolivariano. El propósito es culpar a Maduro de la crisis migratoria, lograr ver a los países que ofrecen “ayuda” de manera hipócrita a nuestros hermanos como la oportunidad de vida y no como una explotación de mano de obra, pero en realidad no son bien recibidos por su condición social, por su poca capacidad económica que perciben, situaciones éstas a las cuales la OEA no se pronuncia. El verdadero apetito que tienen los pobres ahora es porque se les reivindique a plenitud su dignidad, sentirse como un Ser útil a la sociedad, que se les trate por lo que son: como HUMANOS y no por lo que no tienen, porque ellos solo tienen como todos los pobres que trabajan, que aspiran, que sueñan, deseos de liberarse de este yugo al que han sido esclavizados, como tú, como yo, como todos. No podemos permitir, como revolucionarios, que se siga invisibilizando, ignorando, o despreciando a los pobres, porque la lucha sería vacía. El primer desafío es asumirlo como un problema colectivo y devolver a plenitud su dignidad humana.

 

esmeraldagarcia2309@yahoo.com





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