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Recurrentes peligros inminentes(1)

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Alirio Pérez Lo Presti



ALIRIO PÉREZ LO PRESTI 


@perezlopresti


Un tanto despeinada, o con el cabello agitado, es lo mismo, algunos hilos de plata resaltaban en el abultado mar de hebras color azabache. Ojos de mirada profunda, o forzando la mirada por no cargar lentes, es lo mismo, cada parte de ella era una invitación a sumergirse en el aspecto de profundidad abismal que la caracterizaba. Como quien mira y no está mirando, traté de calcular cuál podía ser su edad y me encontré en una dicotomía perfecta. Era tan joven que su expresión de seriedad no tenía cabida en su rostro o era tan vieja que actuaba de manera excesivamente sonriente para ser tan temprano.

En las mañanas el metro colapsa en la línea 4 de Santiago, así que la tenía muy cerca, tanto que no me percaté que llevábamos ya rato conversando. Del mismo origen que cada generación de la cual provengo, todas las razas se cruzaban en ella. Era de todos los mundos posibles. Regia, altiva, aplomada y elegante, por decir lo menos, estaba frente a una de esas rarezas de la creación que de vez en cuanto aparece en nuestras vidas bajo el manto de la casualidad. Sabía que era imposible ese encuentro e improbable un reencuentro, así que éramos solo dos desconocidos íntimos conversando sobre las banalidades de la existencia y sus infinitos alcances. Las frutas, las verduras, el tiempo, la lluvia, los colores, los gustos personales, las buenas comidas y las mejores bebidas eran los temas de conversación de esa mañana tan lejana en mi vida y tan cercana en mi memoria. ¿Qué pasaría si de golpe y porrazo mi existencia se hiciera cuadriculada al punto de que la muerte de la libertad personal fuese lo que se impusiera? ¿Qué pasaría si la tragedia me arropase al punto de asfixiarme, como esas escenas de culebras gigantes que estrangulan a sus presas, tantas veces repetidas en cuentos y consejas?

Cada día que vivo, doy gracias porque me he salvado del peor de los venenos: No abrigo odios, porque por una extraña razón no lo siento, pero lo más importante, porque quien odia literalmente se envenena en vida. Ajeno a los rencores, soy un cazador de sorpresas, de momentos infinitos y de instantes inmortales, que hacen de la vida una especie de cinta de cine, en la cual cada minúsculo cuadrito del film cuenta y vale su peso en una suerte de eterna apuesta a la felicidad.

El más grande de todos los peligros inminentes por los cuales puede atravesar alguien es por el peligro de perder la capacidad de deleitarse de los días, de los antiguos y nuevos amigos, de las sonrisas generosas y de los cálidos apretones de mano. El peligro inminente de ser serio acecha en cada esquina a quienes intentamos vivir la vida para disfrutarla, pero por encima de todo, de disfrutarla precisamente porque es la única demostración de que se está realmente vivo.





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