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Atlético de Madrid le gana al Betis y se encumbra en la tabla

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Atlético de Madrid


Fue un intenso duelo de voluntades y estilos. El fútbol combinativo y de toque del Betis y el brío sin desmayo del Atlético, su fe en el esfuerzo y el juego concreto. Nada estuvo escrito durante muchos minutos en un duelo equilibrado que desnivelaron la tenacidad de los rojiblancos y un gran derechazo de Correa. El Atlético navega con el viento a favor.

Un vistazo a los banquillos ilustraba la naturaleza del partido. En un rincón, la batidora de Simone, brazos, cabeza, pies y manos en agitación permanente, gritos, imprecaciones, plegarias de velocidad a los recogepelotas del Wanda que no dan abasto… En la otra esquina, Quique Setién, las manos en los bolsillos del pantalón oscuro, rictus inmutable, alguna indicación sin alterarse, dilación para levantar el brazo, cachaza incluso para protestar. Si los equipos son un espejo de sus entrenadores, el Atlético y el Betis interpretan el papel a la perfección.

Setién era un futbolista lento de movimientos y rápido de mente, toque sutil y técnica depurada. Simeone era electricidad pura, kilómetros y sudor en el campo, ronchas de piel, presionante hasta aburrir…

El Betis se plantó en el Wanda con las manos en los bolsillos y esperó. Prohibido el pelotazo, obligatoria la combinación aun a costa de asumir todos los riesgos, el control del balón siempre hacia adelante, de cara al enemigo. El Atlético, que conocía la tarde que se venía, empezó echando espuma por la boca, persiguiendo rayas verdes y blancas, metiendo pierna, cargando el hombro.

El partido amaneció como se esperaba y derivó en una lucha equilibrada, pero exasperante para el Atlético, cuyo energía se explaya ante enemigos técnicos y asociativos como el Betis. La calidad de los verdiblancos no parecía tan propicia como plantear un ritmo tan solemne de toque, pero Setién lo lleva por bandera y no hubo balonazos al cielo, salvo los de la zaga atlética.

Loren tuvo el gol en el minuto 4, tres pases intrépidos desde su defensa hasta el hueco entre los centrales rojiblancos, y el tiro descolocado frente a Oblak. Fue la única señal del Betis, que aplicó una suerte de anestesia al encuentro, lo durmió con la pelota y de alguna manera se adueñó de la estancia.

Simeone dio minutos a Kalinic, el delantero croata que llegó del Milán. El primer tiempo lo aprobó con dificultades, lenta su arrancada y su manual de gestos, profesional en la protección del balón, algo carente del colmillo que se exige a un delantero del Cholo. Dejó un gran detalle de eficacia en el movimiento: un potente zurdazo girando a media vuelta con el zaguero a su espalda que repelió el poste. Luego tuvo otra, en una llegada hilvanada que detuvo Pau López. Un 5’5 en una escala de 10.

El Betis pretendió usar el cloroformo durante noventa minutos, pero el Atlético se negó a recibir esa cicuta. Frente a la posesión sin profundidad, replicó Simeone con una rosca más de presión. Atornilló a su contrincante cerca de su portero y exprimió el físico de su equipo con tres sustituciones para el análisis. Thomas, Correa y Arias entraron por Lemar, Kalinic y Juafran.

El Atlético tuvo entonces más nervio, otra marcha frente al fútbol sociedad del Betis, que en por momentos ofreció síntomas de agotamiento de modelo. Si el gol no llega ni se le espera, el personal empieza a desconfiar.

En el gol atlético sucedió algo de esto. Correa robó el balón en una disputa, tocó rápido sin la hermosura del Betis, le devolvió de tacón Thomas más veloz aún, y el argentino se hizo hueco para aplicar uno de sus mejores disparos en años. Raso, fuerte y pegado al palo derecho. Un gran gol.

El Betis sintió el vértigo del reloj. Su ritual de pases requería otro impulso y en esa desesperación encontró un casi gol de Mandi (remató de pena) y varios zarpazos rojiblancos (Godín la falló a puerta vacía y más tarde Pau López metió una mano prodigiosa).

Con Simeone desbocado, brazos al aire, el Wanda terminó la tarde en una contagiosa sintonía con su equipo. Todo el mundo había entendido la dificultad del triunfo.


EP





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